¡¿qué es esto en mi barriga?!

6. ¿Crees qué voy a engordar por comerme todo el pastel?

Sigo llorando como magdalena en el hombro de mi amiga.

Estoy embarazada.

Ya estabamos en su departamento y seguía llorando. Mi vida va cambiar, ya no fiestas, ya no escuela, tendré que buscar un trabajo. Conseguir dinero, un departamento, porque está claro que no voy a vivir toda la vida con Lisa.

—Necesito helado. —Susurro entre sollozos.

—A sus órdenes mi general. —Lisa se lleva la mano a su frente y hace una señal como la de los soldados. Se levanta del sofá para ir directo a la cocina.

Dirijo mi mirada a mi estómago plano, solo tengo dos semanas está claro que no se va notar nada todavía. Yo tenía pensado terminar mis estudios y ser alguien en la vida. ¡Vaya que lo he logrado! Solo con el mínimo pensamiento que me dice que seré mala madre me pongo peor.

—Ya no llores Kaily. —susurra mientras se deja caer en el sofá a un lado de mí con un bote de helado de chocolate.

Dios, helado. Doble Dios, chocolate.

—Dame para acá. —le arrebató el bote lleno de helado de chocolate. Lisa se me queda viendo mientras yo me atraganto con helado.

—Gracias eh.

—De nada. —contesto con la boca llena y la cuchara dentro de ella.

—Kaily no te vas a quedar toda la vida en el sofá comiendo helado de chocolate mientras te lamentas de algo que ya paso y no puedes hacer nada.

—¡Sí puedo! Mira como lo hago. —seguí comiendo mi helado con mayor rapidez.

Tal vez puedo parecer muy infantil, ¿Pero qué puedo hacer? Eso soy, soy una niña que el día de la fiesta se comportaba como una adulta al hacer eso. Pero en mi defensa, ¡Estaba borracha! Está bien... no tengo defensa contra nada de lo que hice esa noche, aunque no sé ni que hice.

El helado me estaba poniendo sentimental.

—Kai —empezó a acariciar mi cabello—, Vamos a salir adelante, aunque tus padres no te apoyen, yo lo haré. Ellos se lo pierden al no ver crecerle la panza como sandia a su hija —reí—. Al no ver crecer a su nieto, ellos se lo van a perder todo. Y yo te voy a ayudar, te vas a quedar en el departamento, y no acepto un no por respuesta-levantó su dedo cuando vio que iba protestar. Las lágrimas se acumulaban en mis ojos y los de mi amiga —. Porque más que mi mejor amiga, eres como mi hermana. Ya quiero ver crecer a ese diablillo o diablilla. Verlo correr por todo el departamento desnudo porque no se quiere bañar.-suelto una carcajada con lágrimas en los ojos.

—Tú sí que sabes animarme. —deje el bote de helado en la mesa de centro y la abrace lo más fuerte que pude.

═══●♥●═══

Hace dos horas salí a buscar empleo, y me ha ido como la mierda. Que no tengo la edad. Qué estoy muy chica. La primera se burló de mi estatura, me dijo Minion. Eso es discriminación. Ahora ya está oscureciendo, muero de hambre y sed.

Paso por enfrente de una tienda de pasteles y no puedo resistir fijarme por la ventana y verlos. Se ven tan ricos, Dios quiero uno. Empujo la puerta de la tienda y está hace un ruido de campanas al momento de entrar que suena en toda la tienda, también hay mesas donde se pueden sentar las personas. Antes de dar un paso más, mis ojos se fijan en una mesa... siento una presión en mi pecho y no sé porque, trato de desviar la mirada a otra parte pero no puedo, algo o mejor dicho alguien no me hace dejar de ver esa mesa, mi estómago se revuelve y parece que el antojo a pastel se ha ido. No tendría por qué actuar así, ni siquiera lo conozco. Por un segundo su mirada se topa con la mía y la aparta pero después vuelve a verme con sorpresa.

Aparto la mirada inmediatamente y me obligo a mí misma a no volver a voltear hacia allá. Camino hacia la zona de pasteles y agarro uno de chocolate, si no me sintiera tan incómoda me pondría a verlos todos uno por uno, hasta que los ojos se me cansaran y estuviera babeando, pero no, creo que eso lo haré cuando vuelva a venir. Después de escoger el pastel con más chocolate me dirijo hacia la cajera que está detrás como de una barra, esta me sonríe amablemente. Le devuelvo el gesto.

—Buenas noches señorita —Coloco el pastel en el mostrador para que pueda meterlo a una bolsa.

—Buenas noches. —siento la mirada del chico en mí.

No voltees, no voltees Kaily, por el amor al helado no voltees.

Maldita sea, ¡te dije que no voltearas, Kaily!

Y en efecto, me está mirando, cuando su acompañante mira hacia donde está mirando, se me queda viendo mal y me fulmina con la mirada, no logro reconocerla bien, trae unos grandes lentes negros, además, el problema de ser medio ciega.

—Son cincuenta pesos, señorita. —dirijo la mirada hacia la chica frente de mí y pago.

Antes de salir de ahí lo volteo a ver por última vez, me sigue mirando con esos ojos azules. Después baja su mirada hacia mi estómago, ¿Qué?, ¿Cree que voy a engordar por comerme el pastel? Pues aunque no me lo coma voy a engordar y no de gusto.

¡Maldito chico de lachaqueta!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.