Qué esperar cuando no esperas nada

Capítulo 1: Tic Tóc

«Marina es la pesadilla de cualquier persona que se sepa de buenas intenciones.» Había escuchado más de una vez en mi entorno anterior. Decían que yo no debería estar aquí: «Jugando a ser el que rompe las reglas de lo supuesto.» ¿Rompiendo las reglas de lo supuesto? Yo solo quería una vida diferente.

Mi padre era un tanto irracional, pero solo cuando no estaba interpretando al hombre de mayor confianza para la comunidad. Un especialista en salud mental se habría puesto una servilleta alrededor del cuello al verlo atravesar la puerta de su consulta.

En fin, no permitas que me vaya por las ramas ni tampoco lo castigues. Fue ese mismo divague el que me llevó a pensar en otra posibilidad. Cambiar las ruedas de carretas que avanzaban sobre tierra por las ruedas que giraban sobre asfalto y no, no fue fácil, fue necesario.

Muchos en mi pueblo habían pasado por la experiencia a la que yo me estaba enfrentando. «Ella fue una de nosotros, Marina caminó por estas mismas calles de tierra, pero enamoró a un militar importante y él le construyó la casa de la ciudad en la que ahora ella alquila cuartos. Él no lo entendió, pero tú sí debes hacerlo. No confíes en ella.»

La gente en el pueblo tenía la idea de que Marina era una víbora que se enroscaba sobre sí misma, fingiendo estar herida hasta que alguien estaba demasiado cerca. No lo sé, nunca la conocí del todo. Yo era solo un niño cuando ella se fue del pueblo con su futuro esposo militar.

En el pueblo decían que ella se había mostrado amorosa y servicial mientras duró la construcción del hogar y que después fingió cansancio. Cada vez más crónico, al punto de no levantarse de la cama en casi todo el día. Que le dijo: «Necesito ayuda, debes traer una muchacha para colaborar en la limpieza de nuestra casa. Es enorme y a ti dinero no te falta.» Que ella insistió tanto hasta que convenció a su esposo.

Se cuenta que bajo el radar de su esposo, ella habló con la criada, que le prometió una vida próspera si lo seducía. La muchacha cumplió y cuando ella los encontró en la cama juntos, despertó a los vecinos con el sonido de dos escopetazos. Las leyes eran claras en aquel momento, no había culpa ante la ley si se trataba de infidelidad y la muchacha..., digamos que solo pagó el precio de confiar en la mujer equivocada.

Marina chasqueó sus dedos justo frente a mi cara, sin el mínimo respeto ni consideración, pero eso no fue lo peor. «¿Eres estúpido, chico? Te pregunté si te gusta el cuarto.» Ella me hizo salir de mis pensamientos en un segundo. Estábamos frente a la puerta del cuarto que yo pretendía alquilar. «Serán $100 dólares todos los viernes de cada semana que pases aquí si lo quieres. Si no será así, hay 3 personas más intentando escapar de ese pueblo de mala muerte en mi lista de espera.» Sus palabras eran siempre así, seguras y amenazantes.

«S-sí, señora.» No pude evitar sentirme intimidado y ella no pudo evitar ser irrespetuosa una vez más. Se rió en mi cara y agregó: «Ya hubo un tartamudo aquí, no terminó bien. La hija del comisario le resultó demasiado bonita, irresistible. Lo encontraron 3 días después de anunciada su desaparición, flotando en el río, envuelto en una manta que estaba atada alrededor de su cuello, su cintura y sus pies».

Yo solo la miré para verla sonreír. «¿Sabes, chico? No lo entiendo muy bien todavía. Esto no es un pueblo, esto es la ciudad y está lleno de lugares donde hospedarse, incluso más baratos que aquí, pero ellos, así como tú, siguen llegando a mi puerta. Tengo el presentimiento de lo que buscas aquí, no soy tonta.» Dijo con la misma seguridad que antes y sus ojos revisando cada parte de mi cuerpo de manera descendente y de vuelta a mi cara. «Tengo 24 años.» Dije con la esperanza de ganar algo de respeto. Ella llevó su cabeza un poco hacia atrás y abrió su boca fingiendo sorpresa. «¿Así que solo eres tartamudo ocasional?»

Me lo habían advertido. «Ella disfruta de poner a los demás contra las cuerdas. No te dejes empujar a la esquina donde te quiera.» ¿Qué no me deje empujar, qué significa eso? Voy a confesarlo, yo creía la mitad de lo dicho por ellos como puros cuentos de gente con demasiado tiempo libre e imaginación para crear una narrativa sobre vidas ajenas. Ya no estoy tan seguro. «Sí quiero la habitación, señora Marina.» Ella asintió y levantó las cejas cuando miraba mi mano derecha. No quise hacerlo, pero cuando lo noté, mi mano estaba estirada, justo como su mirada me lo había indicado, y la suya se deslizaba por encima para dejar la llave de la habitación en mi palma. «Las puerta principal de esta casa se cierra a las 12 de la noche, si no estás aquí para entonces, espero que te guste dormir sobre los escalones de la entrada.»

El cuarto no era la gran cosa, sí, estuve ahí, frente a la puerta con ella parada a mi lado, pero apenas noté el interior. Fue recién cuando entré y cerré la puerta que me permití mirar con más detenimiento. Frente a mí había una cama simple, para una sola persona, dos apretadas. A su lado, una mesa de noche, en la pared de la derecha, un ropero y una puerta más allá, agradecí que el lugar tuviera un baño privado. Frente a la cama y junto a la puerta, nada más que un espejo de pared y en la pared de la izquierda, una ventana que daba a la calle, con una silla vacía acomodada contra el rincón.

No era mucho, pero era más de lo que tenía desde donde vengo. Me acerqué a la cama y puse mi bolso encima. Tenía que acomodar mis 3 camisas y mis 3 pantalones entre otras cosas que tenía. Eso y los $250 dólares que conseguí ahorrar antes de irme y me quedaron después del costo del pasaje. Esto no era un juego, tenía una semana para conseguir trabajo si no quería terminar en la calle, o de vuelta al lugar del que quizás escapé.

No fue un escape fugitivo, nadie tiene nada negativo para decir de mí. Incluso antes de volverme hombre ya era alguien muy trabajador, pero mis expectativas dejaron de caber en ese entorno. «¿Para qué tomar un riesgo así si aquí tienes todo?» preguntó mi madre cuando le comuniqué la noticia. No la juzgo, su generación era así, se recibía lo que se tenía y se construía a partir de eso mientras fuese en el mismo lugar. «No te voy a desear suerte porque crea en eso, te la voy a desear porque la vas a necesitar. Si fallas, no iré a buscarte.» Fue todo lo que tuvo para decirme mi padre.



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En el texto hay: comprension, elecciones

Editado: 05.07.2026

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