Qué esperar cuando no esperas nada

Capítulo 5: Claridad

En la mañana, me vestí y bajé al comedor, luego crucé a la cocina, Marina no estaba allí. Escuché risas en la escalera, la suya y la de un hombre desconocido, pero no me asomé, no me pareció correcto. Después de que la puerta principal se cerró, la escuché venir en mi dirección.

Ella se paró en el umbral y sin perder tiempo, se subió el bretel en su camisón que cayó cuando ella se apoyó allí. Me observó de arriba a abajo y sonrió, divertida. Intenté ver dónde estaba el chiste en mí, pero no hallé nada. «¿Sabes cocinar?» Asentí. «Se me hizo un poco tarde así que hoy es tarea tuya hacer el desayuno para los dos.» Seguí su mano señalando diferentes muebles en la cocina. «Allí encontrarás todo lo que necesites, desde utensilios hasta ingredientes.» Ella dio un pequeño golpe en el umbral de la puerta con su mano antes de salir. «Pero, ¿qué quieres de-desayunar?» grité. «Insistes en que no debo tratarte como al niño que conocí, así que deberías saber cómo agradarle a una mujer. ¡Tú puedes sorprenderme!»

20 minutos después, yo ya tenía el desayuno listo en la mesa e incluso había abierto las cortinas, como a Marina le gusta dejarlas durante el día. Ella se paró en la entrada del comedor con sus manos en la parte trasera de su cabeza, agitando su larga cabellera ondulada y oscura. Tenía puesto un vestido veraniego que le cubría apenas arriba de la rodilla y arriba, el escote tal vez revelaba demasiado. Marina era una mujer hermosa y nadie puede tener tanta seguridad si no sabe eso, es lo que pienso.

Ella observó la mesa y sonrió complacida para luego tomar su lugar. «Supongo que hoy será otro día para deambular por el barrio.» Dijo cuando tomaba una tostada y le untaba manteca. «Es mi tercer día, aún me quedan cuatro más pagos.» Ella detuvo su acción en seco, y bajó al tiempo que separó sus manos a los lados de su plato con huevos revueltos y un vaso de jugo de naranja natural, más una taza de café en frente. Lo pensó unos segundos y entonces lo dijo. «¿Crees que te estoy recordando eso, que los $100 dólares por la habitación pagan también la comida que te he dado?» Intenté hablar, pero ella me lo impidió. Era claro que estaba molesta conmigo. Marina solo se levantó de su asiento y fue escaleras arriba sin tocar la comida. Escuché la manera en que ella azotó la puerta de su cuarto y subí detrás para tratar de arreglarlo.

Miles de palabras y oraciones se formaron en mi mente mientras llegaba a su puerta, pero no llamé. La escuché hablando con alguien. No sobre mí, pero me pareció incorrecto quedarme a escuchar así que me retiré. Asumí que ella, a diferencia de mí, tenía teléfono en su cuarto.

«Es la tercera vez que te veo y recién puedo notar de dónde sales, chico.» El señor de la tienda de abarrotes llamó mi atención. Aunque también me hizo darme cuenta de que estaba caminando en piloto automático. «Así que vienes de Nagleté.» Él me sorprendió, ¿cómo sabía el nombre de mi pueblo? «Ah, vamos, estoy seguro de que la señora Marina ya te lo dijo. Todos los de ese pueblo llegan a su casa, como si la estuvieran persiguiendo.» Asentí. «Sí, ella me dijo eso, pero, ¿qué tanto la conoce usted?» Él me sonrió y negó con su cabeza. «Cuando yo abrí mi negocio aquí, ella ya estaba ahí y ya era viuda. Es una clienta frecuente.» Creo que no fui capaz de disimular mi curiosidad porque él solo se volvió a reír y a ahogarse por su mal hábito de fumar en exceso. «¿Qué sabe de eso y del hombre que murió ahí?» Él abrió sus ojos, sorprendido. «¿Estás allí, en la habitación que da a la calle?» Volví a asentir. «Mmm... Fue un accidente, eso es lo que sabemos todos por aquí. Ya sabes, muchacho. No corresponde hablar sobre la intimidad de otros.» ¿La intimidad de otros, qué significaba eso? «Pero dime, muchacho, ¿cómo va todo, ya tienes alguna propuesta de trabajo?»

Negué, no podía mentirle, aun si entendía que con eso podía poner más presión sobre él cuando insistía en mantener su oferta en pie.

«Supongo que tú sufres del mismo mal que ellos.» Insistió, pero su rostro se había vuelto serio. No parecía el mismo hombre amable de antes. «Ella me lo ha contado varias veces cuando hablamos un minuto apartados en la acera, justo como nosotros ahora.» Tragué saliva. «Q-qué le ha dicho la señora Ma-Marina?» Él abrió sus ojos demasiado otra vez. «Perdona, muchacho, no era mi intención ponerte nervioso, relájate. Ella me ha contado cómo vienen de aquel pueblo y se instalan en su casa, quizás intentando emparejar las opiniones con lo que ella es.»

Él miró al interior de su negocio cuando la voz de una mujer entrada en años sonó severa. «¡Diego, deja de perder tiempo fumando, necesitamos ayuda aquí!» Él suspiró agitado y me guiñó un ojo antes de subir el escalón de la entrada. «Ten cuidado, muchacho, ellas se muestran como un indefenso animal herido hasta que te das cuenta que tienen miles de ataduras sobre ti. No cometas ese error.» Él se sacudió agachando su cabeza. «¡Diego!»

Esta ciudad parecía dispuesta a agotarme, a confundir mi mente, a no darme ni un pedazo de suelo seguro. Tampoco entendía de qué me estaba quejando; fui yo el que había decidido abandonar todo lo que conocía.

Esa noche decidí volver a la casa con algunos víveres, quizás no podía solucionar mi error de la mañana, pero sí demostrar de algún modo, que mi intención no era abusar de la hospitalidad de la señora Marina. «Ya llegué.» Dije tras cruzar la puerta, pero nadie me respondió. Entré a la cocina y solo comencé a guardar todo dentro de los estantes correspondientes. Quizás mañana, cuando la señora Marina fuera a prepararse el desayuno y pudiera ver todo aquí, existía la posibilidad de que ella entendiera mi mensaje.

«¿Qué son esas cosas y de dónde salieron?» Sonó su voz dentro de mi cabeza. No estaba muy seguro de qué le diría. Las cosas aquí no son baratas y otros $100 dólares se habían ido de mis manos hoy. «Muy inteligente, Álvaro, después de esta noche solo te quedan 3 días más, no tienes trabajo, y todo tu capital actual son solo $50 dólares.» Mi mente nunca había tenido medias tintas a la hora de castigar ni yo la posibilidad de engañarme cuando tenía razón.



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En el texto hay: comprension, elecciones

Editado: 05.07.2026

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