Qué esperar cuando no esperas nada

Capítulo 14: Suficiente

En la mañana, Marina recuperó su aura alegre y, como no podía ser de otra manera, me recibió con el desayuno listo en el comedor. Ella leía el periódico con notable atención cuando entré ahí, pensé en no molestarla y solo me senté a comer. «¿Dormimos juntos?» Ella río al hacerme ahogar con la comida. Bebí agua después de toser. «No tienes que ponerte nervioso. Yo no propongo cosas así, te enteras cuando ya estoy encima.» Volvió a reír, complacida y bajó un poco el periódico dejándome ver solo sus ojos. «Salúdame, Álvaro. Es lo correcto.» Ella volvió a su lectura sin ver que el movimiento de mi cabeza estuvo de acuerdo.

Marina pasó página. «Buenos días, gracias por el desayuno.» Ella se aclaró la garganta. «A veces no sé cómo tomar tu torpeza ni esa tendencia a la obviedad. En ocasiones algo adorable y en circunstancias diferentes, una maldición.» Solo seguí comiendo. «No creas que lo olvidé.» Me detuve a observarla y ella dobló el periódico para después dejarlo a un lado, encima de la mesa. «Hablé con Diego y con Maribel, hoy te espero a almorzar porque solo trabajarás medio día. Necesitamos dejar el jardín en condiciones.» Era claro que ya no había nada más que decir.

A veces Marina podía recordarme a mi padre, no por su forma de ser en sí. Más por detalles puntuales. Él no era ese hombre que iba a educarte como a un animal a punta de golpes con un palo, pero las expresiones de su cara alcanzaban para hacerte temblar de pies a cabeza y de vuelta. Él siempre fue alguien que nunca necesitó pedirlo porque cualquiera sabía que él ya estaba esperando lo mejor. Trabaja más duro, entiende mejor, reacciona rápido. Viéndolo así, quizás mi partida de Nagleté solo alcanzó para completar la imagen de su decepción para conmigo. Resulta cruel que ser suficiente siempre esté lejos de ti, no porque lo quieras, no porque lo elijas, solo porque eso no está hecho para ti.

Diego se puso feliz de verme, dándome un abrazo y llevándome dentro del negocio, bueno, más bien yo tuve que llevarlo cuando lo ayudé a subir el escalón. Maribel también pareció contenta aunque su demostración fue mucho más escueta. Una sonrisa en mueca y un movimiento descendente en su cabeza antes de volver a sus números.

Diego levantó su mano a la altura de su rostro y la sacudió como quien intenta espantar una mosca. Lo entendí. «Ignora eso.»

Él me entregó mi delantal negro y observó que me lo pusiera, como si estuviera cazando algún detalle que corregir. «¿Cómo te fue, Álvaro? Supe que volviste a tu pueblo el fin de semana.» Sonreí, algo me decía que él estaba esperando el momento para esa pregunta desde que me vio venir por la acera. «Bien, allí el tiempo parece haberse detenido.» Su expresión se volvió reflexiva. «¿Y no será más bien que tú estás moviendo a una velocidad diferente?» Él tosió después de reír y Maribel, detrás del mostrador también hizo lo suyo. Ella parecía ser dura a simple vista, pero la manera en que miraba a Diego cuando él no lo notaba, decía algo muy distinto.

Rápido me puse a la tarea, pero la mañana estuvo bastante floja. Los clientes que llegaban lo hacían por cuentagotas. No dije nada, pero casi podía descifrar la preocupación en el rostro de Maribel. Fue entonces que algo más llamó mi atención. César, ¿por qué no estaba aquí, era su día libre?

«Álvaro, ven.» Eran alrededor de las 11:30 A.M. cuando Diego me llamó fuera. «Tu delantal.» Él estiró sus manos esperando que se lo diera y yo accedí aún si todavía no entendía la razón. «Ve a casa, sé que te espera trabajo esta tarde. Mañana a la mañana te espero por aquí.» Asentí y él volvió dentro. Miré a través del vidrio del escaparate cuando me retiraba, Maribel lo notó, pero no hubo despedida de su parte, solo una mirada breve y labios apretados. Lejos de molestia, creo que entendí algo más.

Marina estaba en la cocina cuando regresé. Ella parecía confundida mirando dentro del refrigerador abierto. «Le dije a Diego que a las 12:30 P.M. estaría bien.» Entendí que se refería a mi retorno. «¿Sucede algo?» Ella cerró el aparato sin tomar nada del interior. «No sé qué podría cocinar hoy.» Suspiró y se quedó mirando el piso. «¿Tú qué opinas, qué se te antoja?» No supe qué decir. Ella me incluía desde antes, pero nunca de una manera tan directa. ¿Yo debía decidir?

«Ahhh... Déjalo, ya decidiré después. ¿Cómo te fue?» A veces es bueno no tener que explicarlo todo y Marina lo entendía muy bien. «Bien, solo que no hubo mucho movimiento.» Ella me observó. «¿Pocos clientes? Parece que la crisis está empezando a salirse de las páginas del periódico para empezar a tomar las calles.» Ella salió de la cocina y me llevó tomado de la muñeca hasta el final del pasillo a un lado de la escalera, la puerta que daba al patio trasero. «Ya sabes dónde encontrarás las herramientas necesarias.» Marina me acomodó la camisa en el área de los hombros.

Mientras buscaba la cortadora de césped bajo la escalera, no pude evitar mirar allí de nuevo. La escopeta seguía tirada, como si no fuera nada. Me asomé a la puerta, ella no estaba cerca. Me agaché y cubriendo mis manos con trapos allí tirados para no dejar ninguna huella, tomé el arma. Es curioso, antes sostener un arma podía causarme pánico, pero ahora lo sentía casi natural. Forcé el mecanismo dejando a la vista el inicio de los cañones, no había municiones dentro.

Escuché que ella venía en mi dirección, quizás alertada por el ruido de la apertura, así que me agaché y la dejé detrás de unas cajas, sin cerrarla. Para cuando Marina se asomó a la puerta, yo estaba fingiendo que luchaba con el cable de la máquina enganchado entre cosas para poder sacarla de allí. «¿Necesitas ayuda?» Negué. «Ya está solucionado.» Ella se hizo a un lado para dejarme salir. «Fuera hay un tomacorriente cubierto con una tapa plástica. Es de color amarillo. Si abres los ojos bien, vas a encontrarla.» Ella me abrió la puerta y me invitó a salir, luego la cerró a mi espalda y pude escuchar que también cerraba la puerta del cuarto de herramientas. Tal vez después de un pequeño vistazo dentro, porque su acción no fue inmediata.



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En el texto hay: comprension, elecciones

Editado: 26.07.2026

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