Qué esperar cuando no esperas nada

Capítulo 22: Sombra (3/3).

No pude evitarlo, mi mente se saturó de pensamientos y especulaciones. ¡No, Marina no me haría esto! Me negué a creerlo, pero un recuerdo volvió a mí. «Ya hubo un tartamudo aquí, no terminó bien. La hija del comisario le resultó demasiado bonita, irresistible. Lo encontraron 3 días después de anunciada su desaparición, flotando en el río, envuelto en una manta que estaba atada alrededor de su cuello, su cintura y sus pies».

Héctor seguía mirándome fijo, ¿estaba él esperando que yo entendiera lo que estaba sucediendo, leyendo mis posibles reacciones? Tragué saliva y su sonrisa me dijo que mi nerviosismo estaba siendo obvio para él.

Pensé en hablar, hacerlo entender que yo no era una amenaza, pero en cuanto recordé algo más y noté el detalle, eso se volvió inútil. Héctor era quien había estado remando para llevarnos al centro del lago, esos estaban cerca de él. Lo que pudo ser una opción de defensa para mí, se había deshecho frente a mis ojos.

«¿Estás bien?» Su tono sonó serio y contenido. «Te estás poniendo pálido, Álvaro.» Señaló sin quitarme los ojos de encima, revisando mi postura y después volviendo a la expresión de mi rostro. Casi pude escucharlo en su voz: «Si no puedo hacer que ella te saque de la casa, todavía puedo sacarte de en medio a mi manera.»

«¿Sabes, Álvaro? Eso que hizo mi padre con Sombra no fue lo peor. Después de que ocurrió, resignado y destruido por dentro, intenté bajar a Sombra, darle sepultura, pero él me lo impidió. Dijo que no debía tocarlo porque él era el recordatorio de lo que podía suceder cuando se pasaba el límite.» Yo no podía creerlo, lo que él decía y la situación en la que me había puesto. «Puedes hacer un hueco debajo de él, para que todo caiga allí a su momento dijo, y así lo hice. Día tras día viendo a mi perro colgado a través de la ventana.»

Él se movió hacia adelante para alcanzar la hielera y tomar otra cerveza. El ruido del hielo agitándose y su mirada a media sonrisa mientras tomaba otra lata, me hicieron pensar en algo más. Él había preparado esa hielera y había administrado el contenido. Incluso él mismo me dio la cerveza sin terminar que estaba a un lado de mi pie, ¿qué más podía estar oculto bajo el hielo?
Cuando abrió su lata, aquello se escuchó justo como si él lo hubiera hecho al lado de mis oídos. Sentía como mis sentidos estresados se estaban agudizando a un nivel casi paranoico. «Si no te tomas tu cerveza, va a calentarse.» Héctor señaló la lata a mis pies con la suya en su mano derecha y después bebió un sorbo. «Sí.» Acepté, tratando de verme normal, pero no tomé mi lata. Él levantó las cejas, como si no entendiera lo que estaba sucediendo.

Héctor lanzó un suspiro de satisfacción después de haberse inclinado hacia atrás en lo que bebía sin quitarme los ojos de encima. Luego, su espalda volvió a estar encorvada en dirección a mí y su mano a estar apoyada en su pierna, para dejar la lata colgando entre sus rodillas.
«¿Qué piensas del karma, Álvaro, crees en eso?» Él dejó escapar una sonrisa aireada, algo que percibí casi involuntario y comenzó a jugar con la lata entre sus rodillas mientras la miraba, moviendo esa de izquierda a derecha, como si se tratara de un reloj de péndulo. «Yo no creía en nada de eso hasta que aquello sucedió.»

Él asintió. «Lo entiendo, no hay mucho que decir con lo que te estoy contando, pero no esperaba otra cosa. Valoro que me estés escuchando con tanta atención.» Imité su gesto dando por válida su conjetura, más allá de que esa no pudiera estar más equivocada. Me pareció mejor no delatar mi expectativa, mi estado de alerta, aunque tenía mis dudas respecto a que Héctor ya no tuviera eso claro. Que él no hubiera visto cómo yo estaba evaluando opciones dentro de mi mente.

«3 años después, casi todo lo que quedaba de Sombra había caído en el hueco que hice debajo, pero no lo tapé de inmediato, no sé por qué. En ese momento no lo sabía.» Héctor miró la lata de cerveza luego de acercar la otra mano a su boca y me enseñó la leyenda que había notado allí. ‘Sin alcohol’. «¿Puedes creerlo? Estaba tan emocionado por venir aquí que compré cervezas sin alcohol ja, ja, ja.»

Respiré aliviado sin que fuera evidente, pero él prosiguió haciéndome difícil escapar de aquel estado. «Una semana después, mi padre volvía a casa del trabajo, manejando detrás de una camioneta que llevaba láminas de zinc, de esas que se usan para techos más que nada. Nos dijeron que alguien detrás de su coche se había distraído, que todo sucedió en un semáforo en rojo. Mi padre estaba esperando cuando otro vehículo lo impactó desde atrás a alta velocidad, su propio auto hizo lo mismo con la camioneta que tenía delante y las láminas metálicas salieron despedidas en su dirección. Varias lograron atravesar el parabrisas y una se apoyó en el volante para ir directo a su cuello y decapitar a mi padre.»

Héctor arrojó su lata al lago, quizás aún por la mitad ya que golpeó fuerte el espejo de agua y se hundió en un segundo. Solo unas burbujas explotaban en la superficie cuando devolví mi atención a él. «Con mi madre estuvimos de acuerdo, decidimos cremar el cuerpo. Recuerdo que cuando volvimos a casa, yo traía sus cenizas y entonces, dentro de mi mente cobró sentido no haber cubierto los restos de Sombra antes. Ni siquiera se lo consulté y mi madre tampoco hizo nada por evitarlo. Ella solo me observó desde la puerta al jardín cuando yo puse la urna dentro del pozo y se retiró dentro de la casa cuando tomé la pala para empezar a cubrir todo con tierra.»

«Eso es horrible.» Las palabras escaparon de mi boca, sin filtro mental posible. Él me sonrió. «Tienes razón, pero si me lo preguntas, no me arrepiento. Creo que mi madre tampoco. Tiempo después de que sucedió aquello ella vendió la casa y nos mudamos.»
«No digo que no pueda entenderte, es solo que quizás fue demasiado para asimilar de repente.» Héctor soltó varias carcajadas y se levantó para acercarse a mí y darme un par de palmadas en el hombro. Después él solo volvió a su lugar. «Sabes, Álvaro. Dicen que los ojos son las puertas del alma y tomando eso en cuenta, presiento que si te lo hubiese contado en casa, no estarías tan asustado como ahora.» Héctor volvió a reír, era claro que no solo quería contarme la historia, sino también manejar mis emociones frente a lo oído en todo momento.



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En el texto hay: comprension, elecciones

Editado: 16.08.2026

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