Qué esperar cuando no esperas nada

Capítulo 24: Habilidad

Ese domingo, diría que Héctor fue más considerado esperando hasta las 8 de la mañana para llamar a mi puerta. Desayunamos los 3 y después me pidió que saliera rumbo a la camioneta porque él tenía que hablar de algo privado con Marina. Entonces yo no lo sabía, pero más tarde ese día él me dejaría saber sobre qué habían hablado en mi ausencia.

Fuimos hasta su depósito de camiones y nos llevamos el que usábamos siempre. Él estaba contento. «Lo primero es no ponerte nervioso.» Ambos nos miramos y él comenzó a reír. Manejamos por unos 40 minutos hasta un camino rural en las afueras de la ciudad y entonces él abandonó la cabina para cederme el lugar. «Muévete al volante, no pierdas tiempo.» Héctor abrió mi puerta y me empujó al lado contrario, luego subió y se acomodó como acompañante. «Ahora sí.» Anunció cuando terminó de ponerse el cinturón de seguridad. Creo que eso fue suficiente para dejarme claro que no confiaba mucho en mí al volante.

«El primer pedal es el embrague, el segundo el freno y el tercero es el acelerador, pero los más importantes son el primero y el tercero.» Él me señaló todo y después me explicó las marchas.

No voy a mentir, los primeros minutos de manejo fueron bastante estresantes porque el camión se apagaba una y otra vez cuando intentaba arrancar. Parecía que mi cerebro se negaba a entender que debía regular los dos pedales al mismo tiempo. Héctor trató de mantener la calma, pero cada vez lo veía más impaciente, lo que aumentaba mi nerviosismo. «Perdón, nunca había hecho algo así» Le confesé al mirarlo, pero él tenía su mirada al frente y nada más que un gesto dubitativo en el rostro.

No fue hasta una hora después que los fallos se redujeron bastante y pude manejar por tramos enteros sin ese problema del inicio. Claro, era mi primera vez en esa actividad así que resultó lógico que otra cosa fallara de la nada en ocasiones. «Está bien, ya estás manejando mejor. Ahora por lo menos puedes avanzar unos metros sin que se detenga el camión. Eso ya es progreso.» Debo decir que su paciencia me sorprendió. Casi como si no fuera propia de él. Sentía que su estrategia había cambiado, tal vez pendiente de que siendo severo conmigo solo iba a conseguir empeorar la situación.

Hacía el mediodía, ya habíamos recorrido gran parte de la ciudad por la periferia y cuando él me ordenó detener el vehículo, lo hice por impulso, sin preguntar ni cuestionar. También abrí la puerta y me bajé para ceder el volante, pero él no lo tomó. En su lugar se estiró para girar la llave apagando el motor y luego, acomodándose de nuevo en su sitio, habló. «Ahora vamos a comer algo, Álvaro.» Héctor señaló un pequeño restaurante a las orillas del camino; razón por la que me había ordenado detenerme. «Le dije a Marina que hoy no volveríamos a almorzar. De eso hablé más temprano. Es importante que aprendas tan rápido como sea posible.»

Lo observé cuando todavía sostenía la puerta del conductor abierta. «Pero ¿para qué me pediste hablar en privado con ella?» Héctor me miró y me sonrió. «Quiero decir, eso no parece algo que yo no debiera escuchar.» Él asintió mirando al frente. «Mujeres, Álvaro. Pueden llegar a ser sobreprotectoras en ocasiones y eso no es bueno para alguien que intenta aprender algo como esto. No me quise arriesgar a que salieras de la casa contaminado de sus dudas. Ahora eso ya no importa, ya manejaste y lo seguirás haciendo. Ya sabes que puedes hacerlo así que enterarte de nuestra conversación no va a afectarte. ¿Me explico?»

Cerré la puerta del acompañante y caminé por delante del camión para luego cruzar la calle rumbo al restaurante. En verdad no sabía cómo sentirme. Él confiaba en mí para ponerme frente al volante, pero ¿no lo suficiente para creer que podría con una opinión contraria? No tenía sentido.

«Álvaro.» Sentí su mirada siguiendo mis pasos y luego lo escuché llamarme. Me detuve para girar y verlo. «Dijiste que hay que comer y después supongo que el entrenamiento debe continuar. No deberíamos perder tiempo, ¿no?» Héctor me sonrió, parecía divertirse con mi molestia.

Entramos al lugar y nos sentamos en una mesa junto a una ventana. «Yo voy a tomar una cerveza, para él algo sin alcohol; es el conductor designado.» La mujer que nos tomaba la orden se rió ante su comentario. «Y para comer, queremos la especialidad de la casa.» Ella puso punto final en el papel y se retiró a la cocina. «Muy bien, en unos minutos se los traigo.» Ambos le agradecimos.

«Creo que tienes futuro manejando, Álvaro.» Creo que mi expresión fue demasiado clara. ¿Me estaba tomando el pelo? «Lo digo en serio, hay que pulir detalles, pero ya estás manejando un camión sin experiencia previa, eso es todo un hallazgo. Creo que si no lo hubiera visto, ni yo lo habría creído posible.» Ambos volvimos a reír. «Tienes seguro, ¿no?» Él me sonrió. Héctor entendió mi broma y supongo que también entendió que yo pretendía dejar el tema. Mi mente no se había detenido hasta convencerme de valorar más lo que él estaba haciendo por mí que simples detalles capaces de herir mi orgullo.

Todo volvía se sentirse bien, pero yo no podía dejar de pensar que había algo debajo, si bien él me había dicho que su conversación con Marina fue para avisarle que no volveríamos a almorzar, todavía permanecía una sensación diciendo que esa confesión estaba ocultando una parte. Para mí no era extraño recibir verdades a medias y creo que eso mismo me había vuelto bueno para reconocerlas. En verdad quería preguntarle sin rodeos, pero tal vez no era el mejor momento. Estábamos a punto de almorzar y si mi pregunta podía llegar a afectar su ánimo, era mejor esperar. Después de todo, aún quedaba un resto del día que íbamos a pasar juntos. No podía ser que no existiera una mejor oportunidad para cuestionar.

Minutos después, cuando volvimos al camión, casi por acto reflejo caminé a la puerta del acompañante. «¿Dónde vas? Todavía no termina la clase.» Héctor venía detrás de mí y luego de asentir para él crucé por delante del camión para tomar el volante otra vez. Él ya había subido y estaba cómodo en su asiento con el cinturón de seguridad puesto otra vez.



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En el texto hay: comprension, elecciones

Editado: 16.08.2026

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