«Creo que ya han sido varios días. Más de los necesarios.» Héctor fue directo porque quizás me notó demasiado distraído otra vez. «Marina me dijo que ayer ustedes tuvieron una conversación sobre rumores.» Él me miró, no de manera habitual. Sentí aquello como un pedido que él no podía verbalizar del todo: confía en mí.
«Sí, pero no hablamos sobre nada que sea malo. Fue solo una conversación sobre la historia que de cierta forma compartimos por venir del mismo lugar.» Él asintió. «Te creo, Álvaro. En verdad que creerte ya no es ningún problema para mí.»
Héctor agitó su cigarrillo con un movimiento rápido de la punta de su dedo pulgar sobre la base del filtro. La ceniza fue arrastrada por el viento fuera de la ventana del camión. «¿Y entonces? ¿Por qué no puedo evitar sentir que hay alguna clase de problema?» Lo observé de reojo y lo vi sonreír. Quizás él solo estaba tratando de acercarse. De entender si es que yo era capaz de leer sus intenciones.
«Álvaro, tú sabes que no tienes ninguna clase de deuda con nosotros, ¿no?» Tragué saliva. Sus palabras me hicieron entender que podía seguir dando vueltas si así lo quería, pero que ya no dependía de mi elección. Se había vuelto cristalino que las conclusiones podían tomar todo el tiempo que quisieran, pero nunca llegarían a ninguna conclusión diferente.
«No me gusta esto, Álvaro. No quiero ser yo quien te arranque una confusión a la fuerza.» Mis manos se apretaron sobre el volante. «Entonces no lo hagas. Nadie hijo que tuvieras que hacerlo, ¿cierto?» Héctor asintió y sacó la agenda de la guantera. Era hora de señalar el próximo destino como si eso fuera a dejar esto atrás.
Ese medio día, después de dos trabajos hechos, volvimos a parar en un restaurante de paso para almorzar. «¿Marina ya sabe que hoy tampoco llegaremos a almorzar en la casa?» Héctor tomó la carta del lugar y la ojeó un poco. Luego la bajó para taparla en parte con su mano derecha y me miró. «Yo me pregunto lo mismo, Álvaro. ¿Marina ya lo sabe?» No diré que no me molestó, pero quizás era correcto ceder un poco.
«¿Es eso de lo que hablan cuando no estoy con ustedes, el misterio que están teniendo a mi espalda?» Héctor bajó su mirada, levantó la carta y la puso de lado para golpearla apenas y un par de veces el fino borde sobre la mesa. «Perdón, Álvaro, no puedo evitarlo. Tengo claro que no debería estar preguntándote nada de esto. ¿Quién soy yo para hacerlo? Mírate, eres un adulto, pero aquí estamos. Jugando al gato y al ratón sin ningún ratón presente. Absurdo aunque solo yo parezco verlo así.»
Sentí culpa por no poder ser honesto con él. Al menos le debía eso, pero mi mente se rehusó a ayudarme. «Será mejor comer para volver al trabajo. Todavía tenemos bastante pendientes para la tarde.» Fue todo lo que pude decirle cuando tomaba mi propia carta y elegía mi plato. Héctor asintió para imitar mis acciones un segundo después.
De vuelta al camión, Héctor pareció recuperar su ánimo. Encendió un cigarrillo, puso su talón derecho sobre su rodilla izquierda y se inclinó un poco para fumar mientras miraba afuera. «A ver cómo llegas sin indicaciones.» Fue lo único que dijo cuando volvió la cabeza a su izquierda. Él había mirado la agenda encima del asiento, pero solo la empujó hacia mí. No dije nada. Tampoco le pedí ayuda. Tomé el objeto y lo leí como pude mientras seguía manejando.
Él solo me observó cuando debí hacer repetidas paradas para preguntarle a los peatones por ciertas calles. Héctor se limitó a cruzarse de brazos y verme resolver aquello. Él no me ofreció nada más que una sonrisa, carcajada o una provocación ocasional. «¿En serio creías que aprender a manejar era la parte más difícil?»
Todo me llegaba como una conclusión obvia, pero necesaria: hay cosas que necesitan ser vividas para ser entendidas. Estar en medio del tráfico y de bocinazos si el camión bloquea de más el paso mientras se piden direcciones, es una de esas. «Puedo manejar si te está costando demasiado.» Y más difícil aún cuando alguien está dispuesto a provocarte. «¿Me escuchaste quejarme?» Héctor alzó sus manos. «Solo estaba siendo amable contigo. ¿Dónde tenías escondido ese carácter?» Algo que podría ser creíble de no ser por su risa al terminar de hablar.
Diría que, después de las disculpas repetidas que debí ofrecerle a los clientes por ser la causa de nuestra tardanza, todo terminó saliendo bien. El sol caía cuando Héctor estaba recibiendo el último pago y yo lo esperaba en el camión. Lo vi venir así que puse el vehículo en marcha, pero él se acercó a la puerta del acompañante y se detuvo un momento allí. No entendí que sucedía, en especial cuando después lo vi rodear el camión por enfrente hasta llegar a abrir mi puerta. «Hazte un lado. Yo manejaré de vuelta.» Él me empujó casi a la altura de mi hombro y no me quedó más que obedecer.
Mi mente me pidió tranquilidad. Quizás era algo tan simple como no tener que darle todas las batallas, que también estuviera bien saber cuándo aceptar un poco de su cortesía.
Por alguna razón, Héctor estaba feliz en la vuelta a casa. Fumó, como siempre lo hacía, pero esa fue la primera vez que él encendió la radio e hizo el tonto cantando mientras manejaba. No voy a decir que no me incomodó un poco de principio, pero después me permití mirar por la ventana, observar el regreso como hacía tiempo no podía. Sin presión.
Quizás no necesitábamos decir eso ni nada más; aún con los errores y las tardanzas de las cuales él dejó la responsabilidad de solucionar en mis manos, había sido una buena jornada. Y si Héctor, siendo como era no había dicho nada, podía creer que él también lo reconocía.
Sí, la vida también tiene una extraña fascinación por demostrarte que te equivocas en el momento y de la manera más inesperados.
Cuando llegamos a la casa me dispuse a bajar creyendo que Héctor antes llevaría a cabo su ritual de limpiar las cenizas de la cabina. Aunque yo no entendía muy bien por qué el lo hacía; ya que no recordaba una sola vez en que hubiese visto a Marina cerca del camión, igual lo respetaba. Supongo que entendía, él la conocía mucho más que yo. «Álvaro.» Héctor me retuvo del brazo apenas abrí la puerta para bajar. «¿Sí?»