Que esto termine

Sí, nunca fuimos nosotros

Hay algo que duele más que perder a alguien…

darte cuenta de que nunca lo tuviste.

Y yo tardé demasiado en entenderlo.

Porque en mi cabeza,
en mi forma de sentir,
en todo lo que construí contigo…

sí éramos un “nosotros”.

Uno imperfecto,
uno complicado,
uno que no siempre sabía cómo funcionar…
pero un “nosotros” al fin.

O eso creí.

Porque yo sí me quedé.
Yo sí aposté.
Yo sí hablé en plural
cuando pensaba en el futuro.

“Nosotros podemos.”
“Nosotros vamos a estar bien.”
“Nosotros…”

Qué fácil es inventarse un nosotros
cuando el otro nunca lo dijo.

Tú nunca prometiste.
Nunca aseguraste.
Nunca hablaste de más allá.

Y aun así…
yo llené los silencios con esperanza.

Te di palabras que no dijiste.
Te di intenciones que nunca confirmaste.
Te di un lugar en mi vida…
que tú nunca pediste.

No fue tu culpa.

Eso es lo más difícil de aceptar.

No mentiste.
No fingiste.
No hiciste planes que no pensabas cumplir.

Solo… no estabas en el mismo lugar que yo.

Y yo decidí no verlo.

Porque era más fácil creer
que estábamos construyendo algo
a aceptar
que solo estaba construyendo sola.

Me aferré a momentos.

A risas.
A miradas.
A pequeños gestos
que para mí significaban todo…
y para ti, tal vez, solo eran eso: momentos.

Nunca hubo un inicio claro.

Nunca hubo un “esto somos”.
Nunca hubo un compromiso real.

Solo dos personas
coincidiendo…
sin entender que no iban hacia el mismo lugar.

Y aun así… dolió como si lo hubiéramos perdido todo.

Pero, ¿cómo pierdes algo
que nunca existió?

Esa es la pregunta
que más me rompió.

Porque no hay cierre.
No hay explicación.
No hay final digno.

Solo queda esa sensación incómoda
de haber sentido demasiado
por algo que nunca fue suficiente.

A veces pienso…

¿y si hubiera preguntado?
¿y si hubiera sido más clara?
¿y si hubiera exigido algo real?

Pero la verdad es que no habría cambiado nada.

Porque el problema nunca fue la falta de palabras.

Fue la falta de coincidencia.

Yo estaba lista para un “nosotros”.
Tú… solo estabas.

Y eso…
eso no es lo mismo.

Hoy ya no te culpo.

Pero tampoco me engaño.

No éramos una historia incompleta.
No éramos un “casi”.

Éramos algo más simple…
y más doloroso.

Éramos dos personas
que nunca fueron
al mismo tiempo
lo que el otro necesitaba.

Así que no…

no nos faltó tiempo.
no nos faltó amor.

nos faltó ser lo mismo
en el mismo momento.

Y eso…

eso no se arregla.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.