Nunca supe en qué momento acepté tan poco.
Tal vez fue desde el inicio…
o tal vez fue algo que fui permitiendo
cada vez que decidí quedarme
aunque algo dentro de mí
sabía que no era suficiente.
Tú no eras indiferente.
Y eso lo hacía peor.
Porque no era que no me quisieras…
era que me querías a medias.
A ratos.
A tu manera.
Cuando te nacía.
Y yo…
yo aprendí a adaptarme a eso.
Aprendí a no esperar demasiado.
A emocionarme con lo mínimo.
A sentirme afortunada
por cosas que en realidad
deberían haber sido básicas.
Un mensaje.
Un poco de atención.
Un momento donde parecías realmente presente.
Y en esos instantes…
yo volvía a creer.
Creía que ahora sí.
Que esta vez era diferente.
Que tal vez solo necesitabas tiempo.
Pero el tiempo no arregla lo que nunca está completo.
Solo lo desgasta más.
Había días en los que eras todo.
Cercano.
Atento.
Casi perfecto.
Y yo me quedaba ahí…
guardando esos momentos
como pruebas de que sí me querías.
Como si eso fuera suficiente
para justificar todo lo demás.
Porque luego venían los otros días.
Los silencios.
La distancia.
La indiferencia disfrazada de “estar ocupado”.
Y yo volvía a dudar.
Pero no de ti…
de mí.
Me preguntaba si estaba exagerando.
Si estaba pidiendo demasiado.
Si tal vez el problema era que yo sentía más.
Nunca me detuve a pensar
que el problema no era cuánto sentía…
sino cuánto estaba aceptando.
Querer a medias
es una forma lenta de romper a alguien.
Porque no te deja ir…
pero tampoco se queda.
Te mantiene ahí,
en ese punto exacto
donde todavía hay esperanza…
pero ya no hay paz.
Y eso cansa.
Cansa no saber en qué lugar estás.
Cansa tener que adivinar.
Cansa amar sin sentirte correspondida
de la misma manera.
Pero lo más doloroso…
no fue lo que tú hiciste.
Fue lo que yo permití.
Porque cada vez que acepté menos,
me alejé más de lo que merecía.
Cada vez que me quedé
cuando sentía que algo estaba mal…
me traicioné un poco.
Y aun así…
seguí.
Hasta que un día entendí algo
que me dolió más que todo lo anterior:
No puedes construir algo completo
con alguien que solo está dispuesto
a dar la mitad.
No importa cuánto pongas tú.
No importa cuánto intentes.
No importa cuánto ames.
Si el otro no está en el mismo nivel…
siempre va a faltar algo.
Y ese “algo”
termina siendo todo.
Hoy ya no te odio.
Pero tampoco romantizo lo que fuimos.
Porque ahora sé que no era amor suficiente.
Era un querer incompleto…
disfrazado de algo que parecía real
solo porque yo lo sentía demasiado.
Y eso…
eso ya no me alcanza.
#1757 en Otros
#348 en Relatos cortos
#35 en No ficción
drama sacrificio amor ilusion, amor dolor desilusion, poesía depresión y ansiedad
Editado: 19.03.2026