Que esto termine

Después de todo

Pensé que ya no podía doler más.

De verdad lo creí.

Después de todo lo que sentía por ti,
después de lo que me costó aceptar que ya no estabas,
después de reconstruirme poco a poco…

creí que había tocado fondo.

Pero no.

La vida tenía otra forma de romperme.

Y esta vez…
no hubo señales.
No hubo intuición.
No hubo forma de prepararme.

Solo pasó.

Mi padre murió.

Así.
Sin aviso suficiente.
Sin tiempo para entenderlo.
Sin espacio para procesarlo.

Y de pronto…
todo lo demás perdió sentido.

Tu ausencia.
Tu distancia.
Tu silencio.

Todo eso que antes me consumía…
se volvió pequeño.

No porque dejara de doler,
sino porque apareció un dolor
mucho más grande.

Uno que no se compara.
Uno que no se explica.
Uno que no se supera…
solo se aprende a cargar.

Recuerdo ese momento
como si estuviera congelado.

La noticia.
El vacío inmediato.
El golpe seco en el pecho.

Como si el mundo hubiera hecho pausa…
pero solo para mí.

Porque todo seguía.

La gente seguía hablando.
El tiempo seguía avanzando.
La vida seguía…

menos la suya.

Y menos la mía,
en la forma en que la conocía.

Nunca estás listo para perder a alguien así.

No importa la edad.
No importa la relación.
No importa cuánto lo intentes entender.

Siempre duele como si te arrancaran algo
que formaba parte de ti.

Porque eso era.

Mi padre no era solo una persona.

Era historia.
Era raíz.
Era ese lugar al que siempre crees
que puedes volver.

Y de pronto…
ya no estaba.

Hubo un momento…
entre todo ese dolor
donde pensé en ti.

No porque quisiera.
No porque lo eligiera.

Sino porque en medio de la ruptura…
mi mente buscó refugio en lo que conocía.

Y ahí entendí algo aún más duro.

Tampoco estabas.

No en el amor.
No en la pérdida.
No en el momento donde más necesitaba a alguien.

Y eso…

eso terminó de romper lo que quedaba.

Porque hay ausencias que se perdonan.
Pero hay otras…
que te cambian la forma de ver a alguien para siempre.

Perdí a mi padre…
y contigo perdí otra forma de sostenerme.

No sabía
que el corazón podía romperse
por más de una razón al mismo tiempo.

Lloré por él…
pero también por ti.

Porque en medio del dolor más grande,
entendí
que tampoco estabas cuando más te necesitaba.

Hay pérdidas que no regresan…
y personas
que ya no vuelven a significar lo mismo.

Quise refugiarme en tu recuerdo…
pero ya no era hogar.

Y entonces entendí
que no solo estaba de luto por él…
también por lo que tú y yo nunca fuimos.

Qué cruel es la vida
cuando te quita a alguien que amas…
y al mismo tiempo
te muestra quién realmente no está.

Desde entonces…
todo cambió.

No solo por la ausencia de mi padre,
sino por lo que aprendí en ese dolor.

Aprendí que la vida no espera.
Que el amor tampoco debería doler más de lo necesario.
Que quedarse en algo incompleto…
es perder tiempo que nunca regresa.

Y sobre todo…

aprendí a distinguir.

A distinguir quién está
cuando todo se derrumba.

Y quién…
solo estaba cuando era fácil.

Hoy sigo sanando.

Por él.
Por mí.
Por todo lo que se rompió en ese tiempo.

Pero si algo tengo claro ahora…

es que después de perder algo tan real…
ya no puedo conformarme con algo a medias.

Nunca más.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.