Que esto termine

Recuerdo del inicio

A veces no duele el final.

Duele el inicio.

Porque ahí es donde todo parecía más real.
Más sencillo.
Más sincero.

Y cuando lo recuerdo… me pregunto en qué momento se rompió.

El inicio fue tranquilo.
Sin promesas grandes.
Sin planes a futuro.
Sin palabras que obligaran a algo.

Solo dos personas hablando.

Sin presión.
Sin expectativas.

Recuerdo la primera conversación.
No fue profunda.
No fue intensa.

Fue normal.

De esas que empiezan sin importancia
y terminan quedándose.

Hablamos de cosas simples.
De gustos.
De rutinas.
De detalles que ahora parecen insignificantes…
pero que en ese momento importaban.

No intenté impresionarte.
No intentaste impresionarme.

Todo fluía.

Eso fue lo que me atrapó.

No había tensión.
No había miedo.
No había esa sensación de estar caminando sobre algo frágil.

Solo era fácil.

Después vinieron los mensajes.

Al principio cortos.
Después más largos.
Después constantes.

Sin darnos cuenta…
empezamos a formar parte del día del otro.

Un “buenos días”.
Un “¿ya comiste?”
Un “cuéntame cómo te fue”.

Cosas pequeñas.

Pero constantes.

Y la constancia… crea costumbre.

La costumbre… crea apego.

Y el apego… crea todo lo demás.

Recuerdo la primera vez que pensé en ti sin motivo.
Solo apareció tu nombre en mi mente.
Sin razón.

Ahí supe que algo estaba cambiando.

No me asustó.
No lo cuestioné.
Solo lo dejé pasar.

Porque se sentía bien.

No había dudas todavía.
No había silencios incómodos.
No había distancia.

Todo estaba empezando.

Y los inicios siempre son limpios.
No tienen historia.
No tienen heridas.
No tienen miedo.

Solo tienen posibilidad.

Recuerdo cómo esperaba tus mensajes.
Cómo sonreía sin darme cuenta.
Cómo todo parecía más ligero cuando hablabas.

No era amor aún.

Pero iba camino a serlo.

Y eso bastaba.

Lo más difícil de recordar el inicio
es saber cómo terminó.

Porque comparas.

Comparas la facilidad con la distancia.
La atención con el silencio.
La emoción con la costumbre.

Y no entiendes.

No entiendes cómo algo que empezó tan natural…
terminó siendo tan complicado.

No hubo un momento exacto donde cambió.

Fue lento.

Imperceptible.

Como cuando algo se enfría sin que lo notes.

Y cuando lo tocas…
ya no está igual.

Pero el inicio…
el inicio sigue intacto en mi memoria.

Sin discusiones.
Sin dudas.
Sin miedo.

Solo tú y yo…
conociéndonos sin saber
que un día ese recuerdo
iba a doler más que el final.

Porque el final lo aceptas.
El final lo entiendes.

Pero el inicio…

el inicio te hace preguntarte
si en algún momento
todo fue real.




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