Las semanas pasaron en un extraño vacío. Después de aquel último encuentro con Dylan, las cosas no volvieron a ser las mismas. No solo por lo que ocurrió entre nosotros, sino porque había algo que se había roto dentro de mí, algo que no sabía cómo arreglar. La vida continuaba, sí, pero yo me sentía diferente, vacía, como si un pedazo de mi alma se hubiera quedado atrás, en algún lugar entre lo que fue y lo que podría haber sido.
El trabajo, que antes me consumía, ahora era solo una rutina más, algo que hacía por inercia. No pensaba en ello, solo en lo que vendría después, en lo que podría estar haciendo si no estuviera atrapada en estos pensamientos. Estaba intentando ser una mejor versión de mí misma, o al menos intentarlo. Había empezado a salir más con mis amigos, a disfrutar de cosas simples como ver películas y caminar por la ciudad sin destino. Aunque la mayor parte del tiempo, mi mente se desbordaba en recuerdos de Dylan, en la historia que había vivido con él y que ahora parecía un sueño, algo irreparable.
Un día, cuando sentí que ya comenzaba a encontrar algo de paz, el teléfono vibró en mi bolsillo. Un mensaje de número desconocido.
"No me olvides tan fácilmente, Ester."
El mensaje era corto, pero lo suficiente para que mi corazón diera un vuelco en el pecho. Mi respiración se volvió pesada, el aire que antes me parecía fresco ahora se sentía denso. El nombre de Dylan seguía persiguiéndome, aunque lo hubiera intentado rechazar. Todo lo que había hecho hasta ahora para seguir adelante, para dejarlo atrás, se desmoronó con esa simple frase.
¿Quién más sabía de mí? ¿Quién más sabía lo que había ocurrido entre nosotros? No me lo podía sacar de la cabeza. La sensación de estar siendo observada, de que había algo más detrás de su desaparición, no me dejaba descansar.
Decidí que era el momento de enfrentarlo, finalmente, de buscar respuestas y no quedarme en la incertidumbre. Pero esta vez, no pensaba ser la misma Ester de antes, la que había cedido, la que había estado a merced de sus palabras dulces y promesas vacías. No, esta vez iba a luchar por la verdad, aunque me costara lo que fuera.
Me levanté del sofá, agarré mi abrigo y salí de casa sin decirle nada a nadie. Mi destino era claro: encontrarlo, enfrentarme a él una vez más, pero esta vez en mis propios términos.
El viento de la noche soplaba con fuerza cuando llegué al café donde me había encontrado con él por primera vez, aquel verano. Estaba vacío, y la ciudad, que en otras noches solía vibrar de vida, parecía en silencio, como si todo estuviera esperándome.
El reloj marcaba las diez. Mis pasos resonaban en las calles vacías. Y justo cuando pensé que nada sucedería, allí estaba. Dylan.
No estaba solo, esta vez. A su lado, una figura que no reconocí, una mujer de cabello oscuro y mirada fría. Estaba de pie, justo frente a la entrada del café, como si me hubiera estado esperando.
Él me vio antes que yo a él. Sus ojos se encontraron con los míos, pero esta vez no había dulzura en su mirada. Había algo más oscuro, algo que me heló la sangre. La mujer a su lado sonrió, como si disfrutara de mi desconcierto.
"Pensé que me habías olvidado, Ester," dijo Dylan, su voz vacía, casi mecánica.
"No lo he hecho," respondí, el rencor y la tristeza marcando cada palabra.
Pero no fue solo tristeza lo que sentí, también ira. Ira por cada mentira, por cada palabra vacía, por cada promesa rota. Estaba harta, cansada de jugar a ser la víctima. Estaba lista para enfrentarlo.
"¿Quién es ella?" le pregunté, señalando a la mujer. Mi corazón latía con fuerza, anticipando la respuesta.
Dylan la miró por un momento, luego volvió a mí. "No todo es lo que parece, Ester," murmuró. "No todo ha sido un juego. No sabes la verdad completa."
La mujer a su lado dio un paso adelante, y su voz, suave pero llena de una autoridad inquebrantable, dijo: "Lo que él intenta decir es que hay cosas que no puedes entender, Ester. Cosas que no te fueron contadas."
Mi cabeza daba vueltas. No entendía nada. ¿Por qué había esperado tanto para encontrarme con él si ahora todo se sentía como una mentira aún mayor?
"Dylan, ¿qué es todo esto? ¿Qué está pasando? ¿Por qué me sigues persiguiendo?" grité, mis palabras desbordándose de emoción.
Él me miró, y por un segundo, vi algo en sus ojos. No sé si era dolor o remordimiento, pero fue fugaz. "Porque tú eres la clave, Ester. Tú siempre lo has sido."
Y con esas palabras, algo dentro de mí despertó. La pieza que había estado perdida encajó, y entendí. Tal vez no todo lo que había vivido con Dylan era lo que parecía. Tal vez todo esto no era un simple romance de verano. Tal vez, solo tal vez, había algo mucho más grande detrás de nuestra historia.
La mujer se acercó aún más, casi sin dejarme respirar. "Te lo explicaremos todo, Ester. Pero no será fácil."
Un escalofrío recorrió mi columna vertebral. Estaba a punto de descubrir algo mucho más profundo de lo que jamás imaginé.
"Estoy lista," respondí, aunque mi voz temblaba.
Dylan asintió lentamente, y la mujer hizo un gesto con la mano, invitándome a seguirlos.
Aquel encuentro, que había comenzado como una simple confrontación, ahora se convertía en una carrera hacia la verdad. Y, por primera vez, sentí que realmente estaba a punto de conocer el verdadero Dylan. O tal vez, la verdadera historia que lo había rodeado todo este tiempo