Estaba atrapada en un torbellino de pensamientos. Las palabras de Dylan resonaban en mi cabeza, pero la confusión seguía siendo más fuerte que cualquier revelación. No podía procesar lo que me había dicho. Había pasado todo este tiempo creyendo que lo que compartíamos era real, que nuestro amor, aunque fugaz, era sincero. Pero ahora… ahora todo se sentía como una mentira.
“¿Por qué me lo dijiste ahora?” repetía una y otra vez en mi mente, mientras me dirigía al asiento más alejado en el laboratorio. No sabía qué pensar ni qué hacer.
“Todo fue diseñado…” La frase retumbaba en mi cabeza, y cada vez me parecía más una pesadilla, pero sabía que no podía despertar de ella.
“El vínculo fue artificial,” murmuró la mujer, observando mis reacciones. “El grupo que está detrás de esto manipula los recuerdos, construye conexiones emocionales en las personas, las hace pensar que están enamoradas, aunque no lo estén. Y lo hacen para probar cómo pueden alterar la mente humana.”
Todo lo que me había pasado con Dylan, todo lo que sentí, se desmoronaba en mi interior. Me sentí vacía, como si estuviera viviendo en una burbuja que de repente se hubiera roto.
Dylan se acercó lentamente, su rostro marcado por la tensión. “Ester, lo que tú sentiste fue real, aunque las circunstancias no lo fueran. Yo no elegí esto, nunca quise que te involucraras, pero no sabía cómo alejarme sin destruir todo. El amor, la conexión, todo eso… fue real para mí también.”
Me quedé en silencio, mirando al vacío. “¿Y cómo se supone que siga adelante, Dylan?” Le pregunté, mi voz rasgada por el dolor. “¿Cómo dejo atrás todo esto si no sé en qué fue real y qué no?”
La mujer se acercó, inclinándose hacia mí. “Tienes que tomar una decisión, Ester. O sigues con nosotros y destruyes lo que se ha creado, o te alejas y olvidas todo. Pero si eliges la segunda opción, te garantizo que ellos te encontrarán y te eliminarán de su red.”
Mi mente estalló en una mezcla de rabia y desesperación. No quería seguir siendo parte de esto, pero la otra opción era tan aterradora que ni siquiera me atrevía a considerarla