¿qué Podría Fallar?

13| Le gustas

Los recuerdos de esa mañana revoloteaban por mi mente a cada nada. Cuando desperté, Nil seguía durmiendo y estaba abrazado a mí. Su rostro solo demostraba paz y tranquilidad, cuando despertó preparé el desayuno para ambos, desayunó en la cama.

Pero esa mañana, cuando estábamos hablando de lo que había sucedido en la madrugada me dijo algo que no he podido olvidar.

—¿Qué pasó anoche? —Pregunté luego de estar en silencio por varios minutos

—No quiero hablar de eso —murmuró

—Vale, no te voy a presionar, pero respóndeme algo —me acomodé en la cama

—Suéltalo

—¿Por qué viniste a mí?

—No te espantes —pidió rápidamente

—¿Por qué lo haría? —Fruncí el ceño

—Ni yo sé —soltó una pequeña carcajada, su risa se estaba convirtiendo en mi sonido favorito

Me gustaba escucharlo reír o simplemente verlo sonreír.

—Responde mi pregunta —insistí

—Ellie, puede que suene raro e intenso —soltó una pequeña risita—, pero tú me traes paz

—¿Cómo así?

—Es raro y me cuesta explicarlo, pero es como si mi yo de nueve años pudiera descansar cuando estoy a tu lado. Me siento seguro y en paz

—Realmente no lo entiendo muy bien —confesé

—Tranquila, no es importante después de todo —se encogió de hombros y siguió tomando café

Ahora mismo estaba con un grupo de sus compañeros, ¿Y así dice ser tímido siendo que nunca lo demuestra?

—¿Por qué lo miras tanto? Pareciera que lo estás examinando para destrozar cada parte de su ser —la voz de Marcela me sacó de mis pensamientos

—¿De quién hablas? —Fruncí el ceño

—Nil. Llevas mirándolo unos cinco minutos, es increíble como aún no se da cuenta que lo estás asesinando —se burló

Rodé los ojos ante sus palabras, un insulto pasó por mi mente, pero me negué. Era mejor no decir nada.

—¿Qué pasó? ¿Te comió la lengua el ratón?

—Marcela, no hables —bufé

—¿Acaso toqué un punto débil? —Se burló, su rostro tenía la expresión de póker que tanto conocía y odiaba

Marcela era un misterio por así decirlo, era de esas personas que pueden tener muchos tipos de personalidades, que le gusta todo, desde anime hasta la rosa de Guadalupe, pero su cara de póker era lo que más destacaba de ella. Su manera de estudiar a las personas y lograr que no se dieran cuenta de que podía saber cualquier cosa solo con observar y elegir bien sus palabras.

La conozco bien, fui su conejillo de indias.

—No —respondí a su pregunta

—¿Entonces por qué no han hablado en todo el día?

—No sé —me encogí de hombros

Estábamos en receso, en la próxima hora estaría libre y planeaba ir a la biblioteca, pero la ganas de querer saber si Nil tenía clases las próximas horas picaba en mi piel. Su presencia se ha estado volviendo costumbre, y el solo hecho de no hablar con él ya es algo raro en mi día.

—Bueno, no te preocupes. Ahí viene —Marcela rompió el silencio

Miré en la dirección de hace un momento, Nil venía con una gran sonrisa en su rostro y a su lado estaba Vanessa. Tragué saliva en el instante en que llegaron a nuestro lado.

—¿Podemos sentarnos? —Preguntó Nil

Me limité a asentir.

Nil se sentó frente a mí, y Vanessa a su lado.

Abrí mi agenda para hacer unos bosquejos que había estado imaginando hace unas horas, pero no había tenido oportunidad de pasar a mi libreta.

—¿Cómo va la pasarela? —Preguntó

No era capaz de mirarlo a los ojos, no entendía el por qué, pero sabía que no podía.

—Bien, después iré a comprar unas telas que necesito —murmuré sin despegar la vista de mi libreta

—Nil me contó lo de su proyecto, es genial —Vanessa se escuchaba emocionada

—Sí, aunque está siendo mucho trabajo —respondió Marcela

Siguieron hablando entre ellos, yo estaba en mi mundo. Estaba dibujando, pero no sabía qué. De un momento a otro, Vanessa se había parado y estaba en la cafetera, Marcela se burlaba de Nil y yo no entendía el por qué.

—¿Qué sucede? —Pregunté

—Me estoy burlando de el porque es muy cobarde como para invitarla a salir

—Has llegado a este punto, deberías de hacerlo —murmuré

—¿Debería? —La inseguridad en su voz era notoria

Alcé la mirada, encontrándome con los ojos de Nil. Buscaba algo en mi rostro, sus ojos recorrían cada detalle en mí, pero no encontró nada, lo sé por la forma en la que desvió su mirada.

—Sí, se nota que le gustas. Aprovecha la oportunidad —le sonreí

Nos mantuvimos en silencio, sin hacer esfuerzo alguno de intentar llenarlo. El querer seguir dibujando estaba ahí, pero mi mente estaba bloqueada, solo recordaba ese "tú me traes paz". Quería gruñir de frustración, necesitaba hacer algo para pensar en otra cosa que no fuera esa mañana.

Vanessa hizo presencia al volver a sentarse al lado de Nil, tenía un vaso de café en su mano derecha y una gaseosa en su mano izquierda. La gaseosa se la entregó al chico que estaba frente a mí, había dejado de mirarme.

Sabia que no debía hacerlo, pero necesitaba salir de ahí.

—Debo irme, necesito comprar las telas lo mas pronto posible —me excusé mientras me ponía de pie

—Vale, cuídate. Pregúntale a Raquel si llegaron las telas que ocupo —pidió Marcela

—¿Necesitas ayuda? —Preguntó

¡No! Aléjate de mí.

Me hubiera gustado gritarle eso, pero solo me limité a negar.

—Nos vemos —murmuré mientras me alejaba

Podía sentir su mirada, pero no me atrevía a mirar hacia atrás, no quería asegurarme de si era el o solo era una ilusión mía.

Caminé hasta el paradero y esperé el autobús que me llevaría al centro. Ahora a rezar para que la distribuidora tenga todo lo que necesito.

Los minutos de espera se hacían cada vez mas eternos, mi mente iba de un lado a otro, intentando no quedarse parada ante esa mañana, el autobús paró. Algunos estudiantes subieron primero, me sentía mareada, subí y elegí el ultimo asiento. Dejé mi mochila en mis piernas, fruncí el ceño y mi mirada se volvió pesada.




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