¿qué Podría Fallar?

14| Primera cita y la última

—Permiso —murmuré, pero nadie se movió—, disculpa —gruñí mientras empujaba a las personas que estorbaban el pasillo

Le pagué al chofer y bajé rápidamente, el autobús venía lleno, se había atrasado y para rematar, me quedé dormida y no escuché la decima alarma. Iba media hora tarde a clases, Marcela no paraba de llamarme y mi cabeza dolía un montón.

—Ánimo —me dije a mi misma, necesitaba apoyo moral

Miré las escaleras con una mueca, esto va a ser horrible. Subí un escalón a la vez, el sudor frio recorría mi espalda, miré el reloj de mi muñeca, apresuré el paso. ya en el segundo piso di una sonrisa de victoria que fue arruinada por un estornudo. Rápidamente volteé a ver a los lados, esperando que nadie me haya visto.

—Salud —escuché a mi espalda

—Gracias —murmuré

—No sabía que podías estornudar como un gatito —no lo podía ver, pero me imaginaba que estaba sonriendo

—Nil, por favor no molestes. Voy tarde y no me siento bien —dije mientras me giraba y lo miraba a la cara

—Te ves horrible —se burló

Negué, murmuré un "eres un idiota" y me alejé de ahí. Debía llegar al salón cueste lo que cueste.

Abrí la puerta cuidadosamente, saludé, me disculpé y me fui a sentar al lado de Marcela, le sonreí forzosamente. Odiaba sentirme así.

—¿Estás loca? —Me preguntó

—¿Por qué? —Fruncí el ceño

—Solo estás usando un chaleco muy delgado, hace mucho frío. Sudas —con el dorso de su mano tocó mi frente—, y estás ardiendo —chilló

—¿Sí? —Pregunté

—Sí. Vamos a la enfermería —ordenó mientras se ponía de pie

—No es necesario —hice una mueca

—¿Cómo se te ocurre venir a la universidad así? —Exclamó enfadada

—¿Con la mente? —Sonreí inocentemente

—Marcela, ¿Tiene algo que decir? —El maestro estaba de brazos cruzados

—Sí, llevaré a Ellie a la enfermería, tiene fiebre —habló fuerte y decidida

—Vayan —dijo y siguió dando su clase

Marcela tomó mi mano, prácticamente arrastrándome hacia la puerta. Estaba molesta, y sabía el por qué. Normalmente en este tiempo suelo enfermarme demasiado, bendito y amado frío.

Con el frio tenemos una clase de relación toxica, lo amo, pero me hace daño.

—Sabes que tus defensas son bajas —regañó entre dientes

—Sí, pero...

—Ni se te ocurra hablar. ¿Cómo puedes ser tan irresponsable?

—En menos de dos semanas es la pasarela, necesito ayudar —murmuré con culpabilidad

—Lo que necesitas es descansar —su tono de reproche me hizo encogerme en mi lugar

Bufé, es irritante.

Llegamos a la enfermería, en donde me dejó caer en la silla y se puso a hablar con la enfermera. Sí, tal como cuando tu mamá te lleva al medico y ella le explica todo al doctor y tu estás como un el perrito del meme unos pedillos.

—No se mueva —murmuró la enfermera mientras sacaba un termómetro, lo dejó en mi axila y quedé en modo tieso por un buen rato

Marcela seguía hablando con la enfermera, yo miraba cada esquina del lugar. Paredes celestes, techo blanco, muebles, diplomas, cuadros y un frasco con paletas.

—Quiero una paleta —murmuré en voz baja

Ambas me miraron con extrañeza, y volvieron a ignorarme. Mi mente empezó a divagar, el recordatorio que algo me faltaba apareció y al instante quise matarme.

—Mierda —chillé asustada, Marcela me miró preocupada—, no he elegido los modelos

—¿Cómo que no tienes a tus modelos? ¿Y así estás empezando con tus diseños? —Me regañó nuevamente

—Sí —susurré

—Ellie, ¿Qué haré contigo? —Sus manos estaban en sus caderas

—¿No abandonarme?

—Veamos —nos interrumpió la enfermera sacando cuidadosamente el termómetro de mi chaleco

—Treinta y ocho. Vuelva a casa, tome un paracetamol cada ocho horas, póngase paños tibios en la frente y manténgase hidratada —indicó rápidamente—. ¿Tiene paracetamol o necesita que le de un sobre? —Preguntó

—Tengo. No se preocupe, muchas gracias —murmuré

—Llamaré a tu papá para que te venga a buscar, no confío en los taxis —gruñó para sí misma

Salimos de la enfermería, estaba de brazos cruzados porque no me dieron una paleta y porque Marcela ya estaba hablando con mi papá quien me estaba regañando por salir en este estado. No pasaron ni diez minutos cuando ya estaba aquí, me subí al auto y me siguió regañando, los peores quince minutos de mi vida.

En el momento en que estacionó fuera de nuestra casa me miró con el ceño fruncido.

—¿Necesitas algo?

—No —respondí

—¿Quieres cenar algo en especial?

—Lasaña —sonreí

—Llámame cualquier cosa —murmuró mientras me bajaba del auto

Caminé hasta la puerta y recién cuando entré, se fue.

Sí, mi papá tiene el premio al padre mas sobreprotector, tengo muchas pruebas y cero dudas.

Fui hasta mi habitación, me cambié a un pijama y con una mantita me dirigí al sillón, decidí poner una película que no puse atención, mis ojos se cerraban.

Unos golpes en la puerta llamaron mi atención, pausé la película y fui a abrir, debería estar trabajando en mis diseños, pero marcela me obligó a no hacer nada de esfuerzo y que solo me dedicara a descansar. Había despertado hace unos minutos, tomé un paracetamol y mucha agua, pero seguía sin sentir aquella sensación de haber descansado.

Abrí la puerta y alcé una ceja al verlo.

—¿Qué haces aquí? —Pregunté

—Vine a ver a la enferma —se encogió de hombros

—Ya me viste, puedes irte —cerré la puerta y volví al sillón

Los golpes en la puerta volvieron, esta vez mas insistentes y mas fuertes. De un momento a otro se detuvieron, mi teléfono empezó a vibrar. Me estaba llamando.

—Ya ándate —contesté

—¿Y si no quiero? —Podía sentir su sonrisa

—Por favor, necesito descansar

—Yo puedo cuidarte hasta que llegue tu papá

—No

Se mantuvo en silencio por unos segundos, pero seguía ahí, podía escuchar su respiración. Se aclaró la garganta y soltó una pequeña carcajada.




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