¿qué Podría Fallar?

15| No te emociones

Nueve días, la cuenta regresiva había comenzado. Los días pasaron muy rápido y ya teníamos todo encima, añadiendo que yo me atrasé por los días que estuve enferma.

Aquellos nueve días estaba presente en cada una, con los nervios a flor de piel al no saber si los de fotografía nos ayudarán, intentando pensar en cómo haremos la pasarela y quienes nos podrían ayudar en eso.

Todas están hablando de quienes son sus modelos, y yo solo quiero golpearme la cabeza contra la mesa porque todas las personas que conozco ya están siendo modelos de mis compañeras.

—¿Qué harás? —Marcela me miró preocupada

—No sé —murmuré

—Veamos, tienes nueve días. Es obvio que podrás encontrar a alguien —me regaló una sonrisa tranquilizante, spoiler: no funcionó

—No es obvio, no es seguro que encuentre modelos. Añadiendo que hay que enseñarles a caminar —me quejé nuevamente

—Eso es mentira

—Van a evaluar maquillaje y caminata de los modelos —hice una mueca

Todo el salón se quedó en silencio, sentía sus miradas, fruncí el ceño, ¿Acaso dije algo mal?

—¿Qué pasó? —Preguntó Marcela

—¿Van a evaluar la caminata? —Valeria me miró preocupada

—Al parecer —respondió Marcela

—¿Qué haremos? —Preguntó Emma

—¿Cuándo empezamos a crear la pasarela? —La misma pregunta se repitió de tres compañeras

—¿Quiénes nos ayudarán? —Otra compañera habló

Marcela me miró con pánico, eran muchas preguntas y no sabía cómo responderlas, solté un suspiro y me aclaré la garganta.

—Silencio por favor —pedí—. Ese mismo día la maestra dijo que se iba a evaluar el maquillaje y la caminata, quizás se les olvidó, es entendible. ¿Cómo haremos para que los modelos caminen bien? Enseñarles, es una solución sencilla, no hagan tanto problema por ello. —Rodé los ojos

Se supone que están aquí porque saben manejar todo bajo presión, ahora mismo no lo demuestran.

—Este viernes empezamos a organizar la pasarela, pediremos autorización para trabajar el fin de semana en la construcción y en la semana tendríamos que terminarla y decorarla —terminé de hablar y todas asintieron

—Esa es la actitud de una líder —se burló Marcela

—Cállate —gruñí

—Tienes una hermana, quizás puedas usarla de modelo —habló de la nada

—¿Qué dices? —Le pregunté a mi amiga

—Ester, te podría ayudar

—No creo que le guste la idea —hice una mueca

Mi hermana y yo somos muy diferentes, aunque no se note a simple vista.

—Háblale, podría aceptar —me guiñó un ojo, a lo que negué. La conozco perfectamente

Mi teléfono vibró en la mesa y la pantalla se encendió, sonreí al ver de quien se trataba.

—Hablando de la reina de roma —me burlé

Ester: Papá me dijo que estabas enferma

Ester: ¿Sigues viva?

Yo: por desgracia

Ester: Me conformo con eso, iré a cenar con ustedes

No le respondí, solo bloqueé el teléfono para empezar a ordenar mis cosas, solo faltaban unos segundos para irnos y podría llegar a mi casa a dormir.

Las voces y risitas de mis compañeras hicieron presencia, luego su voz y finalmente llegó a mi lado.

—¿Tienes algo que hacer? —Preguntó

—Dormir y ver películas toda la tarde —respondí

—Me parece perfecto, pero lamento que ya tienes otro plan —dijo mientras se sentaba en la mesa

—Ah, ¿sí? —Alcé una ceja—. Según yo, ese era mi único plan

—Te invito a pasar una tarde maravillosa conmigo, lo único que tienes que hacer es ayudarme a elegir una guitarra —su sonrisa era gigante

—¿Por qué una guitarra? —Fruncí el ceño

—Me quitaron la que ocupaba, es parte del inventario de la universidad así que se las prestaron a los de segundo año —hizo un puchero

—¿Cuántas horas estaremos ahí? —Pregunté

—Una o dos, también quiero comprar otras cosas —murmuró

—Vale, te acompaño —acepté

(...)

—¿Te gusta el color negro? —Me burlé

—Por si no te has dado cuenta, es algo muy obvio según yo —gruñó

Habíamos elegido la guitarra, la compró y ahora estábamos recorriendo una tienda de ropa porque quería comprarse una camiseta. Y sí, la guitarra también es de color negro.

—Compra algo que tenga color —murmuré mientras miraba las camisetas

—Una morada, que me recuerde al color de tu cabello —sonrió

—Una verde, combina con tus ojos —me encogí de hombros

—Me llevo las tres —decidió

Rodé los ojos.

—¿En serio? —Alcé una ceja

—Sí. La negra porque me gustó, la morada porque me recuerda a ti y la verde porque dijiste que combinaba con mis ojos —respondió

—Nunca más vuelvo a salir contigo de compras —dije mientras negaba

Mientras Nil pagaba, yo decidí recorrer la tienda buscando algo que me gustara, pero nada era de mi agrado. Divisé a Nil, quien venía en mi dirección con una bolsa de papel en su mano y una sonrisa de niño pequeño en su rostro.

Mi teléfono vibró en el bolsillo trasero de mi pantalón, lo tomé para ver quien era. Rodé los ojos al leer el mensaje.

Ester: Dile a Nil que vaya a cenar con nosotros, tengo algo para el

Miré al chico que me sonreía inocentemente y quise golpearlo.

—¿Te gustaría cenar en mi casa? —Pregunté

—¿Lo dices en serio? No lo creo, esperé tanto por este momento. Siempre era tu papá o tu hermana, pero esta vez lo dices tu —rodé los ojos ante su frenesí

—No te emociones. Ester quiere que vayas a cenar porque tiene algo para ti —aclaré

—Ay, como duele —se llevó la mano al pecho en modo dramático, pero se enderezó rápidamente—. Pero me conformo con eso, debe ser el libro que le pedí

—¿Le pediste un libro? —Fruncí el ceño

—Sí —sonrió inocentemente—. ¿Llevaré vino?

—Lleva helado como postre, a mi papá le va a encantar —sonreí

Nos mantuvimos en silencio mientras apreciábamos el atardecer, se veía muy bonito. Un fugaz recordatorio pasó por mi mente.




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