Iba a ser mediodía y yo seguía en cama, no había ido a las actividades de hoy. Solo necesitaba descansar y ver películas.
Seguí cambiando hasta que sonreí al encontrar mi película favorita, no importa cuantos años pasen, seguiré amando Enredados hasta el día que muera.
A medida que avanzaba la película algo se apretaba en mi pecho, las emociones eran diferentes y lo entendí cuando llegó la parte en donde Rapunzel baila con Flynn. El flashback de Nil y yo bailando en casa de Marcela llegó rápidamente, pero nunca se fue, quedó ahí y ocupó todos mis pensamientos. Negué y tomé mi teléfono para escribirle a Marcela, peor me detuve antes de escribir el mensaje, debe estar ocupada.
Dejé el teléfono de lado, a los segundos se encendió la pantalla dejando ver un mensaje nuevo, pero de la persona que menos esperaba.
Vanessa: ¿Estás bien?
Yo: sí, ¿Por?
Vanessa: Faltaste, te pudo haber pasado algo
Vanessa: Por cierto, soy Nil. Te hablo desde otro teléfono porque el mío se quedó sin batería :(
Yo: vale
Vanessa: Pasaré a verte, ¿Necesitas algo?
Yo: lo que necesito es estar sola
Yo: voy a dormir todo el día, no vengas
Vanessa: oh, vale
Tiré el teléfono a los pies de la cama y gruñí, quise gritar y patalear, pero seria una actitud muy infantil. Aun así, llevé una almohada a mi rostro y grité, saqué la almohada y me quedé mirando el techo, no sabía que tanto había avanzado la película, pero ya estaban cantando veo en ti la luz.
Inmediatamente pensé en Nil, las veces que compartíamos audífonos, que caminábamos juntos, los abrazos y todos los momentos juntos, cambió mi vida de alguna manera y todo se ha vuelto muy confuso. Me tapé hasta la cabeza con el cobertor y cerré los ojos con toda la fuerza que tenía. Necesitaba dormir, debía pensar en otras cosas.
Mi teléfono estaba vibrando en alguna parte, abrí los ojos con pesadez, a medio ver bajé de la cama y contesté el teléfono que estaba en el piso, ¿En qué momento calló?
—Mh —murmuré
—Estoy afuera, abre por favor —pidió
—¿Quién es? —Pregunté mientras salía de la habitación
—Soy Nil —respondió
Me detuve a mitad de camino, no. El pequeño recuerdo de hace un rato hizo que mi cabeza doliera, le dije que no viniera.
—No, estoy ocupada —me negué ante su petición
—Por favor. Te traje helado
—Te lo acepto, pero te vas de inmediato —pedí y terminé la llamada
Sabía que mi aspecto no era el mejor, no quise ni mirarme en el espejo, solo me dirigí a la puerta, solté un suspiro pesado y abrí un poco, lo suficiente para sacar mi mano y que me entregara el helado.
—Dame mi helado —gruñí
—Solo si me dejas verte —pidió. Había algo en su voz que se escuchaba raro
—¿Estás bien? —Pregunté, aún separados por una puerta
—Estoy preocupado por ti, ¿Tienes fiebre? ¿Necesitas que vaya a la farmacia? —Su preocupación era notoria en su voz
Mi garganta se apretó, ¿Cómo le explico que me hace mal que esté aquí teniendo a otra chica que lo puede estar esperando?
—Tranquilo, estoy bien —respondí
—Déjame verte para comprobarlo —rogó
Sentí algo tibio correr por mi mejilla izquierda, pasé mi mano por ahí y miré, había empezado a llorar. Dios, por qué me odias tanto.
—Ten cuidado, voy a cerrar —murmuré
—¿Y el helado? —Preguntó
—Ya no quiero, perdón
—Avísame cualquier cosa —murmuró
Cerré la puerta y me dejé caer en esta, abracé mis piernas y dejé que las lágrimas siguieran cayendo, ¿Por qué lloraba en primer lugar? No lo entendía, el no era nadie importante realmente, solo es mi amigo. No me siento estresada y no ha pasado algo que me llegue a afectar. Estaba bien, no debería de estar llorando.
No sé cuanto estuve ahí, pero en algún momento la fuerza en mis piernas volvió a aparecer y pude volver a mi habitación, tomé mi teléfono y le escribí a Marcela, quien no demoró en llegar a mi casa, no tuvo que tocar la puerta, solo entró y se acomodó a mi lado en la cama.
—¿Qué pasó? —Pregunté, le había pedido que viniera, necesitaba sus consejos y su apoyo, necesitaba su compañía porque si estaba sola por dos horas más, terminaría loca por sobre pensar tanto
—Ni yo lo sé, solo me siento mal y confundida —respondí
—¿Confundida por? —El tono de la pregunta me dijo que no entendía nada
—Verás, ayer me topé a Pedro y me dijo que Vanessa era su prima y que yo estaba celosa, que podía ver en mis ojitos que Nil me gustaba y yo le gustaba a él, pero Vanessa no merece eso y yo no estoy segura de mis sentimientos y tengo miedo de que en verdad me guste —ni yo pude procesar lo que dije, no tenía mucho sentido luego de analizarlo
Marcela se mantuvo en silencio por un momento, me miró y me dio una pequeña sonrisa para luego tomar mis manos y frotar sus pulgares en el dorso de estas.
—Ellie, Nil me habló cuando le cerraste la puerta. Te escuchó llorar y se asustó, quería entrar, pero sabía que necesitabas tu espacio, el helado está en el refrigerador listo para ser devorado
—¿Me escuchó llorar? Qué vergüenza —tapé mi rostro con mis manos
—Ellie, eso es lo de menos. Estaba muy preocupado por ti
—Lo sé, se escuchaba raro
—Entonces, ¿Qué sientes por él?
—No lo sé. Me gusta estar con él, su compañía es cálida y es lindo conmigo, poco tiempo, pero muchas aventuras juntos, es raro, siento como una jauría de perros en mi estómago cuando lo veo —murmuré en respuesta
—Mi querida Ellie, esa jauría que sientes es el amor, te gusta y lo sabes muy al fondo, solo que no lo quieres admitir porque Vanessa saldrá lastimada — murmuró