El timbre ya había echo su llamado de entrar a los salones, mi salón se llenó en pocos segundos. Ya todos llegaban a tiempo e incluso venían chicos de otras carreras a hacer hora ya que tenían tiempo libre antes de que siguieran sus demás clases. Mi compañera de puesto aún no llegaba, y aunque eso no me preocupaba demasiado, tengo la necesidad de mandarle un mensaje para saber si está bien.
—Qué bueno que llegaste —murmuré apenas sentí la presencia de alguien a mi lado, lo miré y fruncí el ceño—. ¿Quién eres?
Claramente, él no era Marcela, de hecho, nunca lo había visto en este salón y eso que son muchos los chicos que pasan por aquí, aun así, nunca olvido un rostro.
—Nil, estudiante de música —se presentó
—Soy Ell—
—Elena —me interrumpió
—Ellie —corregí
—Lo sé, pero no es algo muy relevante para mí
Alcé las cejas claramente ofendida. Primera impresión y ya no me agrada, se presenta y no le interesa como prefiero que me llamen, red flag caminante.
—¿Te puedo ayudar en algo? Mi compañera va a llegar y se va a sentar ahí —señalé la silla en la cual estaba sentado
—De hecho, sí —respondió
Alcé una ceja. Nil tenía una media sonrisa, debo de verme chistosa o debe darle gracia la situación.
—Te tengo una propuesta muy interesante —mencionó
Alcé ambas cejas, atenta a lo que estaba por decir.
—¿Conoces a Vanessa Smith? —Asentí, es conocida por toda la universidad, tendría que ser una total ermitaña como para no saber quién es—. Ella es mi Crush desde hace un tiempo
—¿Y eso por qué me tendría que interesar? —Bufé
Puede que haya sonado desagradable, pero no es mi intención ser así, los comentarios sarcásticos y bruscos salen como si nada. Juro que soy simpática, pero ser desagradable es parte de mí, sobre todo con mi cara de odiar a todo el mundo.
—Necesito que me ayudes a conquistarla —finalizó
—¿Por qué yo? Está bien que mi vida sea aburrida, pero eso no significa que estaré ayudando al primer desconocido que me pida ayuda en alguna estupidez —fruncí el ceño
—Eres la persona más sociable que conozco —argumentó
—Eso no es verdad —me crucé de brazos
Mi circulo de amigos no existe, sí, me junto y hablo con mis compañeras, pero no tengo una persona a la que llamar amiga. Aunque creo que Marcela si podría llegar a ser esa persona.
—Te pago
Esas dos palabras llamaron mi atención.
—¿De cuánto estamos hablando? —Puede que haya sonado interesada, pero es dinero
—Diez dólares
—¿Tan poco? Eso no me ayuda en nada —lo miré feo
—Veinte y es mi última oferta
—Cincuenta, tendremos que hacer un plan —sonreí
—Cuarenta
—Setenta, hay que investigar —mordí mi labio inferior emocionada
—Cincuenta
—Que sean cien dólares y cierro el trato —le sonreí inocentemente mientras estiraba mi mano que al instante estrechó
—No eres tan tímida como decían
—Negocios son negocios —no dejé de sonreír
—¿Creamos un plan o qué? —Propuso
—Te recuerdo que estás interrumpiendo mi clase —hice una mueca
Aunque la profesora aun no haya llegado, necesito hablar con Marcela sobre esta clase, estoy segura de que se me está olvidando algo, pero no sé qué es. Puede que sea importante o no, de todas formas, me causa inquietud.
—¿Quieres que te de mi número? —Preguntó
—No, gracias. Estoy muy segura de que estarás por aquí —le sonreí
Abrió la boca para hablar, pero fue interrumpido por Marcela, quien se había aclarado la garganta.
—Disculpa, pero ese es mi asiento —habló mi compañera
Nil se puso de pie y la miró con una sonrisa de disculpa, volvió su vista hacia mí y no dejó de sonreír.
—Lo sé, disculpa. Estaremos en contacto, Elena —murmuró
—Es Ellie —corregí por segunda vez
—Lo sé
—Entonces no me llames Elena —me crucé de brazos
—Está bien, Elena —su sonrisa cambió a una burlista y se alejó, saliendo del salón
—¿Quién era? —Preguntó Marcela
—Estudiante de música —respondí
—¿No tendrá clases?
—Quería hablar conmigo, es un idiota —hice una mueca
Si, es algo estúpida la razón por la cual me habló, es decir, ¿Qué tengo que ver yo? Ni siquiera he hablado con esa chica, sé que le gusta el arte, ama a Van Gogh, Picasso, Frida Kahlo y muchos más, fue mi vecina por tres años, de vez en cuando almorzamos juntas y bueno, sí hablo con ella. Pero no es mi amiga.
—Se ve simpático —comentó más para sí misma
—No lo es —hice una mueca
La maestra de portugués entró al salón, hizo una mueca al ver a los demás estudiantes de otras carreras y dejó caer su carpeta sobre la mesa logrando que muchos nos asustáramos. Se aclaró la garganta y empezó su clase, sí, era una bruja. Una bruja que me agradaba.
—¿Empezaste el desafío? —Preguntó
—¿Cuál desafío? —Fruncí el ceño
Sabía que había algún trabajo, pero es de otra clase y según yo, es lo único importante.
—El de la entrevista
Abrí los ojos asustada
—Mierda —susurré
—Se te olvidó —afirmó
Marcela ya estaba acostumbrada a mi memoria a corto plazo, sabía que mi memoria es fotográfica y que podía retener demasiada información, pero siempre se me olvidaban algunos detalles.
—Damas y caballeros, para la otra semana deben de traer listo el video de la entrevista. Recuerden que debe ser completamente en portugués, fluido y con el tono profesional que deben tener —explicó, lo que me hizo tener un pequeño flashback
—Esto es en parejas, ¿Verdad? —Pregunté en un susurro a Marcela
—Algo así—hizo un mohín—. No recuerdo por que no fuimos pareja, pero quedaste sola
—...No es necesario que la entrevista sea con un compañero, también pueden elegir a personas externas de la carrera —habló la maestra—. Recuerden además que la entrevista no solo se basa en su nivel del manejo del idioma, sino que también en cómo se logran comunicar con una persona extraña