—Me voy a pegar un tiro —gruñí
—¿Viniste solo a una clase? —Preguntó Marcela a mi lado mientras escribía algo en su cuaderno
—Sí y no. Necesito buscar a alguien que hablé portugués —dejé caer mi cabeza en la mesa e hice un puchero
—¿Y cómo va la propuesta?
—Quiero que empiece hoy, así termina rápido. Necesito comprar una nueva Aydee o mandar a que la reparen
—No creo que vayas a abandonar a Aydee —Marcela se burló
—Muy chistosa —gruñí
—Tuviste todo el fin de semana para pensar, preguntar o descubrir quién sabe hablar portugués fluido y sea profesional, ¿No hiciste nada de eso?
—Lo intenté, pero siendo que nadie tiene aquella chispa que necesito
—A veces no sé si estudiamos portugués o diseño de moda —sonrió
—Muy cierto —hice una mueca
Nos mantuvimos en silencio por unos segundos. La cafetería estaba vacía, nuestra clase empezaba dentro de dos horas y yo quería ir a dormir a la biblioteca.
—¿Cómo están estas bellas chicas? —La voz de Nil ya era inconfundible
—¿Qué quieres? —Gruñí mientras lo empujaba de mi lado—. ¿Acaso conoces el espacio personal? Idiota
—El plan es sencillo, mira —le mostré mi agenda en donde todo está planeado
Paso uno: acércate, la saludas y le preguntas algo sobre el arte porque te llama la atención
Paso dos: preguntas sobre una pintura o pintor en especifico
Paso tres: la invitas a un café a la cafetería
Paso cuatro: vas con ella y conversan como amigos
Paso cinco: la invitas a salir, pero siempre demostrando respeto
Paso seis: muéstrate tal y como eres
Paso siete: dile como te sientes y reza para que sea mutuo
—¿Y cuando empezamos con la vigilancia? —Frunció el ceño
—Por lo menos ya no dices vigilación —rodé los ojos—. Y respondiendo tu pregunta, nunca. Eso sería raro y queremos que esto inicie con normalidad, que empiecen como amigos
—No me agrada eso
—¿Acaso querías que nos vistiéramos con trajes de camuflaje y anduviéramos con binoculares por toda la universidad observando los movimientos de una chica a la que no te atreves a hablarle?
—Sí, ¿Por?
—Dios, eres insoportable —bufé
—Mira quien habla —atacó
—Te estoy ayudando por dos razones, me diste pena y porque necesito el dinero. Ahora te aguantas
—Yo te tengo que aguantar, no tu a mi
Puse los ojos en blanco, miré la hora en mi teléfono y mordí mi labio.
—Creo que deberíamos empezar —comenté
—Está bien, ¿Qué hago? —Preguntó
—No sé, inventa algo
—Entendido
—Suerte, Marcela —le sonreí y me paré de la mesa
Salí de la cafetería con Nil a mi lado, tendremos que subir hasta el tercer piso para encontrar el salón de artes. Miré de reojo al chico que iba caminando sin pisar las líneas, cabello castaño claro que puede confundirse fácilmente con rubio, ojos verdes mezclados con café y una tez bronceada, me gana por unos cinco centímetros. Vale, es guapo.
—Así que, Ellie. ¿Qué estudias exactamente? —Rompió el silencio
—Pensé que era obvio si conoces mi salón —fruncí el ceño
Nil se posicionó delante mío y siguió caminando, esta vez con su vista en mí y dándole la espalda a todo lo demás. Si se cae lo dejo abandonado.
—Diseño de moda, ¿Puedes confeccionar vestidos? —Preguntó
—Sí, y mucho más —murmuré mientras revisaba mi teléfono
—Quien lo diría, no solo eres una cara bonita —murmuró
Alcé la mirada y abrí los ojos preocupada.
—Ten cuidado —no terminé de decir esas simples palabras porque Nil ya había chocado con Vanessa
—¿Están bien? —Pregunté mientras ayudaba a Vanessa a pararse
—Sí, solo fue un pequeño golpe —murmuró mientras tocaba su cabeza, su mirada pasó rápidamente al cuadro que estaba en el piso, dañado y sucio—. Mierda
—No puede ser, lo siento mucho, de veras lo siento. ¿Hay alguna manera de que pueda compensarlo? —Nil se puso de pie y tomó el cuadro de Vanessa—. La cagué
—Tranquilo, puedo hacer uno nuevo —Vanessa le restó importancia
—Lo siento mucho, insisto, déjame compensarlo —murmuró, su tono de voz era verdaderamente preocupado
Alcé las cejas, es sorprendente este primer encuentro. Ojalá lo hubiera grabado, tendría con que burlarme para toda la vida.
—Bueno, lo siento mucho Vanessa. Debo irme, los dejo. Adiós —hablé rápidamente y tomé camino a la biblioteca que quedaba en el otro edificio
¿Quién tubo la brillante idea de que la universidad tuviera tres pisos en cada edificio? Son tres edificios, basta que horrible.
Miré mi teléfono y me encontré con un mensaje de mi hermana.
Ester: El principito de Antoine de Saint-Exupéry
Rodé los ojos, y sonreí. Aun no se rinde.
—Ten cuidado —susurró un chico mientras me sujetaba de la cintura para no caerme
¿Cómo llegue a esto?
Alcé la vista y me encontré al chico de la biblioteca con una media sonrisa en su rostro. Mis mejillas empezaron a arder. Universo, ¿Esto es lo que me merezco por querer burlarme de Nil?
—Lo siento —murmuré mientras me separaba de él
—¿Estás bien?
—Sí, ¿Y tú?
—Sí. Supongo que por la situación ahora debemos presentarnos
Sonreí y le tendí mi mano. —Soy Ellie
—Pedro —sonrió y me estrechó la mano
—Mucho gusto, seria genial seguir hablando, pero debo de ir a la biblioteca —me excusé
—Te acompaño
—No es necesario, créeme
—De todas formas, debo de ir —me sonrió tal como lo haría un cachorrito
No lo evité y volví a sonreír.
—Entonces vamos —me encogí de hombros
Nos mantuvimos unos segundos en silencio, pero él rompió el silencio.
—¿Qué estudias? —Preguntó
—Diseño de moda, ¿Y tú?
—Pedagogía en educación física