¿qué Podría Fallar? Borrador

7| Van Gogh es un pianista, ¿Verdad?

—Extraño a Aydee —me quejé por milésima vez

Marcela estaba a mi lado en un mal intento de consolarme,

—¿Por qué no usas las máquinas del taller? —Preguntó como si fuera lo más simple del mundo

—Porque son muy complicadas, no son igual que Aydee —hice un puchero

Sé que es malo trabajar con solo una máquina y no probar con otras, pero fue el regalo de papá cuando se enteró de que logré entrar a la universidad y a la carrera que quería.

—¿Nil aún no te paga? —Frunció el ceño

—Creo que lo va a hacer cuando finalice el plan

—¿Y si le pides un adelanto? —Propuso

Una parte de mi cerebro se iluminó, ¿Por qué no se me había ocurrido antes? Pero analizando la situación, me hizo volver a fruncir el ceño.

Es definitivo, me voy a tirar de un puente.

—No sé, quizás lo hable con él después —respondí

—Deberías. Te vas a atrasar demasiado sin Aydee —murmuró como si no lo supiera

Nos mantuvimos en silencio por un momento, sentíamos que faltaba algo, y aquel algo llegó segundos después con una cara de desesperación, su mirada pedía ayuda a gritos.

—¿Estás bien? —Le preguntó Marcela

—No —chilló, suspiró e intentó calmarse—. Necesito ayuda

—Habla —murmuré

—Van Gogh es un pianista, ¿Verdad? —Su pregunta iba tan en serio que no pude reírme

—Cuando siento que no puedes ser más idiota, llegas y te superas —negué mientras me cruzaba de brazos

—¿Por qué? —Preguntó mientras se sentaba a mi lado

—¿Lo reconoces? —Le preguntó Marcela mientras le mostraba una foto

—Ese es el maniático que se cortó la oreja —soltó una pequeña carcajada, lo que me hizo soltar un suspiro, es igual que un niño pequeño

—Nil —llamé su atención—. Te presento a Vicent Willem Van Gogh, el famoso pintor neerlandés

—¿Famoso? Yo ni sabia cuál era su nombre —frunció el ceño

Un like y le doy un golpe en la nuca.

—Pintó la noche estrellada, su obra mas famosa. Seguido de su autorretrato, terraza de café por la noche, los girasoles y muchos más —explicó Marcela

—Nop, no sé quién es —negó

—¿Y así esperas que ella se enamore de ti? Eres un idiota —me burlé

—Deja de insultarme —pisó el suelo, tal como un niño haciendo un berrinche

—No lo haré, eres pendejo y planeo restregártelo por la cara todos los días de tu misera vida —lo miré seriamente, demostrando que iba a cumplir mi palabra y nada me haría retractarme

—Vaya, realmente no me lo esperaba —sonrió

Me encogí de hombros y le sonreí inocentemente. Vale, sí, es genial tener a alguien a quien puedo molestar y sé que no se enojará ni me tratará mal.

—Ya, pero en serio. ¿Cómo no conocías a Van Gogh? ¡Es cultura general! —exclamé

Está estudiando composición musical, le gusta una chica que estudia arte, debió de investigar o mínimo haber escuchado algo sobre Van Gogh en algún punto de su vida.

—Vale, quizás nunca me llamó la atención hasta el día de hoy —confesó

—¿Y por qué necesitas saber? —Alcé una ceja

—Porque Vanessa mencionó a este caballero sin oreja y obviamente debía saber quién es para seguir la conversación en otro momento —explicó

—Es entendible, pero sigo creyendo que eres un idiota. Además, debiste de haber investigado sobre pintores famosos —dije

—Lo sé, gracias —me regaló una sonrisa muy fingida

—¿Y qué planeas hacer? —Marcela intervino

—Con que lea un poco sobre él será suficiente —Nil se encogió de hombros

—Me parece bien, suerte —me puse de pie mientras tomaba mi mochila

—¿A dónde vas? —Preguntó el chico de cabello casi dorado

—Tengo clases —respondí, siendo lo más obvio del mundo

—¿Después puedo acompañarte a tu casa? Necesito pedirte un favor —pidió con una mueca de suplica

—Bueno, de todas formas, debo hablar algo contigo —me encogí de hombros y me empecé a alejar. Marcela iba a demorar y yo debía traspasar unos apuntes que no había logrado ordenar

(...)

Cinco minutos exactos y ya estaba a punto de darle una patada a Nil, aun quedaban mas de tres cuadras para llegar a mi casa ya que al gran estúpido ser que va a mi lado se le ocurrió la gran idea de caminar para hacer actividad física.

—Y por eso tengo esta cicatriz en mi frente —terminó de narrar

—En serio, eres demasiado estúpido para existir —me burlé

—¿Entonces que me querías decir? —Me miró

—Eh, es algo difícil —hice una mueca

—¿Quieres decir que me amas, que estás loca por mi y no soportas verme enamorado de alguien más? —Me regaló una sonrisa divertida

—No, lo que quiero decir es que te odio, que quiero ahorcarte hasta dejarte inconsciente porque ya no soporto aguantarte ni un segundo más —le sonreí

—Supongo que anduve muy cerca del sentimiento —volvió a mirar al frente

—Sí, claro —murmuré

—Ya, dime que sucede. Me preocupas

—Lo que pasa, eh, esto no es fácil —hice una mueca

—¿Necesitas dinero? —Preguntó

—Sí, no... es decir, necesito a Aydee y últimamente no he podido trabajar porque estamos en las últimas semanas y debía concentrarme en los exámenes, no la llevé a mantención y se descompuso

—Ya, tranquila —me interrumpió—. ¿Cuánto necesitas?

—No sé —fruncí los labios

—¿Puedo acompañarte a dejarla al servicio de reparación? Ahí vemos cuanto necesitas y si es mucho puedo prestarte dinero y cuando puedas podrás devolvérmelo, no hay apuro ni nada —habló relajadamente

—¿Lo harías? —Lo miré ilusionada

—Claro —me sonrió

—Entonces date prisa —tomé su mano y empecé a apresurar el paso

—Que intensa —se burló

—Cállate y camina —ordené

Al ir más rápido llegamos pocos minutos después a mi casa, sigo sin creer que estoy confiando plenamente en un desconocido al punto de llevarlo a mi casa.

—Tendré que pedirle el auto a mi padre, ¿Sabes manejar? —Pregunté mientras abría la puerta de la casa—. Ven, entra

—De hecho, tengo la licencia de conducir —respondió en voz baja




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.