La lluvia golpeaba fuertemente las ventanas, el viento movía los arboles y yo miraba a la nada. Sentía que hoy era un día importante, pero no recordaba el por qué. La hora acabó, y aunque me gustaría volver a casa temprano, debía avanzar en un informe para la tesis.
Salí del salón con Marcela a mi lado, dirigiéndonos a la biblioteca. Aunque normalmente trabajamos en la cafetería para así tener comida a nuestra disposición sin que nos regañen, la biblioteca tiene el silencio que necesito.
Ocupamos la mesa de una esquina, nuestra favorita, así la bibliotecaria no se da cuenta de que tenemos café ni bebidas energizantes.
—¿Y bien? —Quise saber
—¿Qué? —Preguntó Marcela con el ceño fruncido
—¿Qué nos falta? —Cambié la pregunta
—Veamos, ya tuvimos la tesis de vinculación laboral y un proyecto de herramientas para el emprendimiento, para portugués 3 fue la entrevista. Nos faltaría el examen final de habilidades de comunicación, el examen de ética, tesis de formación complementaria y el proceso de portafolio, pero este ultimo es algo que están haciendo los maestros para el otro semestre
—¿Me acompañas?
—¿A dónde? —Preguntó curiosa
—A tirarnos de un puente, hay uno cerca de aquí —sonreí inocentemente
—Ánimo, solo quedan unas cuantas semanas —me intentó de animar
—Dicen eso como si quedaran muy pocas, pero prácticamente nos quedan dos meses —negué mientras me pasaba las manos por el cabello
—Seis semanas —corrigió Nil
Fruncí el ceño al verlo a mi lado. ¿En qué momento llegó?
—¿Cómo mierda logras ser tan sigiloso? —Gruñí
—No sé —respondió
—En fin, Nil por favor guarda silencio. Necesito estudiar —pedí mientras sacaba el cuaderno de habilidades de comunicación
Empecé a leer todo lo que había escrito, incluyendo las clases del semestre pasado. Anotaba en mi agenda palabras claves y detalles que no tenía que olvidar. Los minutos se convirtieron en horas, Marcela ya estaba estudiando para su tesis de marketing y Nil seguía a mi lado jugando plantas versus zombies en su teléfono.
Sentía mi garganta seca y áspera al no haber hablado por mucho tiempo, suspiré resignada y miré fijamente a Nil.
—¿Te debo algo? —Preguntó sin despegar su vista de su teléfono
—De hecho —sonreí y dejé el resto de la oración en el aire
—Déjame jugar tranquilo —murmuró y siguió recogiendo los soles que le daba la seta solar
Rodé los ojos ante su actitud y me aclaré la garganta.
—Nil, podrías ir por una bebida energizante a la cafetería por favor —pedí dulcemente
—No —respondió sin dudar
—Te pago —dos simples palabras que él también usó conmigo
—Bueno —aceptó sin dudar
Saqué un billete y se lo pasé—. Quédate con el vuelto
—Me parece —sonrió
—Tráeme un café normal, una cucharada de azúcar. Gracias —Marcela volvió la vista a sus apuntes apenas terminó de hablar, ignorándonos nuevamente
Rodé los ojos y le pasé otro billete. Nil se puso de pie con una gran sonrisa, yéndose de nuestro lado dando pequeños saltitos, lo que me hizo sonreír.
Volví mi vista a mi cuaderno y seguí con el mapa conceptual que estaba haciendo. Mi concentración no demoró en desaparecer minutos después, Nil venía hacia nosotras con una cara de espanto.
—Siento que la señora sospecha de mí, su mirada da miedo, pero aquí tienes tu café —se lo entregó a mi amiga—, y tu bebida energizante —lo dejó al lado de mi cuaderno
—Gracias —murmuró Marcela
—No te va a matar, confía en mi —intenté sonreír para tranquilizarlo
—¿Me vas a defender? —Abrió los ojos, claramente sorprendido
—No, lo que pasa es que yo te quiero matar. No dejaré que nadie más lo haga —me encogí de hombros
—Ay, que linda —murmuró con sarcasmo
Intenté no sonreír, juro que lo intenté, pero fallé.
Volví a mis apuntes, seguí leyendo lo que tenía escrito una y otra vez, pero mi mente ya no estaba en el lugar que debía, estaba distraída y mi pequeño tic había hecho presencia.
—¿Estás bien? —Me preguntó Nil
—Sí, creo que necesito descansar —dije mientras empezaba a guardar todo
—¿Te acompaño a tu casa?
—No es necesario
—Claro que lo es
—Está lloviendo
—No me importa
Negué y me rendí. —Vale, pero no molestes demasiado
—Lo prometo —murmuró mientras su mano formaba un puño y se lo llevaba al pecho, hacía el saludo igual que en Shingeki No Kyojin
—No me digas que eres otaku —murmuré, sabiendo lo que se aproximaba
—Yo no —respondió
—Qué bueno —el alivio hizo presencia en mi cuerpo
—Pero mi mamá sí
Alcé las cejas sorprendida.
—¿Puedo casarme con tu mamá? —Marcela se unió a la conversación
Sabía que iba a decir algo así, se juntó con la persona que tiene mil personalidades diferentes y pronto lo sabrá a la perfección.
—¡NO! —Nil gritó, lo que me hizo reírme—. Te lo pido por favor, aléjate de mi mamá
—Pero si es hermosa
—No le gustan menores
—Está bien, está bien —se rindió muy fácilmente, algo más va a decir—. ¿Cuándo puedo ir a tu casa? —Sonrió inocentemente
—Nunca —respondió
—Okey, yo me voy. Adiós, cuídate y no te estreses tanto, debes descansar —indiqué mientras me paraba
—Cuídate, adiós —se despidió—. Adiós Nil
Nil no respondió, solo caminó rápidamente.
Caminamos en silencio por un buen rato, el silencio no era cómodo ni incomodo, solo era silencio. La lluvia había disminuido, solo eran unas gotas finas que caían en mi sombrilla.
Faltaban unas cuadras cuando la lluvia aumentó de un segundo para otro.
—Se viene una tormenta
—Sí
—El viento está fuerte
—Sí
— Tengo frío
—¿Y qué quieres que haga? —Pregunté
—No sé, quizás prestarme tu abrigo o dejarme un poco de espacio bajo tu sombrilla —se encogió de hombros
—Nil, por razones lógicas debes de andar con una sombrilla. Y no me vuelvas a pedir mi abrigo, se supone que la chica siempre le pide el abrigo al chico, escríbetelo en la frente