Luego de cantar el cumpleaños feliz y de comer pastel que había hecho papá (sí, es un amante de la cocina y Nil aprovechó eso para intentar crear un hilo de conversación, spoiler: no le funcionó), lo fui a dejar a su casa, me había invitado a pasar, pero me negué, tenía que llegar a estudiar.
Aunque ojalá hubiera podido aprovechar esas horas para estudiar, pero solo se basaron en Ester y papá preguntándome si me gustaba, o que pestañara cuatro veces seguidas si me estaba obligando a salir con él, obviamente esta última fue idea de mi padre.
Por fin era viernes, las últimas cuarenta y ocho horas me la había pasado de mis salones a la biblioteca, y de la biblioteca a mis salones. Mi vida social no existía en momentos como estos. Apenas llegué me bañé y me cambié a mi único pijama limpio y el que más odiaba-amaba.
Papá iba a llegar tarde, tenía un buen rato para echar una siesta en el sillón mientras intentaba ver alguna película de triunfos robados.
El sonido de unos golpes en la puerta llamó la atención, papá y Ester tienen llaves, podrían llegar y entrar. Fruncí el ceño, tomé una cuchara de madera y me dirigí al lugar, escondí la cuchara atrás de mí y abrí la puerta de un golpe.
Me sorprendió verlo ahí, se supone que me habría librado de su presencia por dos días, añadiendo que no lo vi las ultimas cuarenta y ocho horas, vale, lo sé, me sumerjo en mis cuadernos cuando se trata de exámenes e ignoro a todo el mundo.
—¿Qué haces aquí? —Pregunté
—Lindo pijama. Me encanta Levi adicto a la limpieza, me recuerda a mamá —su mirada se dirigió a mis pantalones—. Vaya, pantalón rosa con estampados de kuromi, no me lo esperaba de ti
—¿Qué haces aquí? —Repetí
—Marcela me pidió que pasara por ti, dijo que te iba a avisar —se rascó el cuello mientras sonreía
Mi teléfono empezó a vibrar en mi mano. Sí, siempre lo mantengo a mi lado, aunque no lo vaya a necesitar. Tomé en cuenta que aún tenía la cuchara en mano, pero lo ignoré al recordar que Marcela estaba llamando.
—Dime —contesté luego de ponerlo en altavoz
—Nil te va a buscar, nos vemos en unas horas en mi casa. Es noche de películas y cervezas, añadiendo que Chris está aquí —soltó todo muy rápido
—Se supone que le dirías antes, literalmente su rostro dice "si no corres te estrangularé con la manguera del patio" —habló Nil, dejándome con la palabra en la boca
—Ella es inofensiva —murmuró Marcela
—Si me dieran un dólar por cada vez que me dice "te voy a matar" o algo parecido, estaría visitando Egipto en estos momentos, incluso no tendría necesidad de seguir estudiando —me sonrió, logrando que rodara los ojos.
—Debiste haber avisado antes —regañé a mi amiga
—A ver si así hubiera elegido otro pijama que no grite "No me baño" —Nil se burló
—Le voy a decir a tu mamá —gruñí
—¿Qué pijama estás usando? —Preguntó Marcela
—Adivina —murmuré
—No me digas que está insultando a mi gran Levi —la indignación era muy notoria en su tono de voz
—Acertaste
—Nil Sterling Johnson Taylor, cuando llegues vamos a hablar —usó su tono de madre, y realmente da miedo, sobre todo cuando tira de tu oreja
—¿Sterling? Me gusta, podría tener un hijo y llamarlo así —sonrió egocéntricamente
Diez palabras en una sola oración fueron necesarias para darme cuenta que Nil puede ser tímido ante muchos, pero cuando toma confianza en sí mismo tanto como en la persona con la que está hablando, llega a ser una persona muy diferente.
—Dense prisa —Marcela bufó—. Ah, se me olvidaba decirte que debes traer una muda de ropa, mañana o el domingo te devuelvo a tu papá
No pude decirle nada, ya había terminado la llamada. Miré a Nil y me encogí de hombros, tendrá que aguantar el torbellino en el que me convierto cuando arreglo mis cosas.
—Vale, ¿Quieres pasar? —Pregunté
—Claro, pero primero te traje algo —murmuró mientras recogía algo del suelo—. Pasé a ver si la habían arreglado y así fue, Aydee está de vuelta —tenía una gran sonrisa en su rostro, una sonrisa que lo hacía ver brillante
Si no fuera por sus palabras yo ni enterada de que Aydee nos separaba. Estuvo ahí todo el tiempo y no me fijé.
No pude contener mi sonrisa, quería abrazarlo, pero sentía que no era momento. Me limité a hacerme un lado y dejar que entrara, apenas cerré la puerta lo guie hacia mi habitación, miró cada esquina y sonrió.
—Incienso de canela, me gusta —hizo una pausa mientras fruncía el ceño—. Pero el de lavanda es mejor
—El de lavanda es muy básico —hice una mueca
—Lo dice la chica que tiene las mejores calificaciones y que conoce a todo el mundo, pero aun así es introvertida —¿Siempre tuvo esa estúpida sonrisa burlona en su rostro? Porque quiero desfigurársela
—Para tu información, soy extrovertida, mi tipo de personalidad lo confirma —me crucé de brazos
—INFP —lo dijo como si estuviera cien por ciento seguro
—ENFP —corregí
—¿Activista? No puede ser —soltó una risa ronca—. Yo soy protagonista
—Créeme que muy protagonista no eres —le regalé una sonrisa burlona, tal como las de el
—Ni tu activista —su sonrisa torcida
Su mirada era desafiante, quería seguir discutiendo con bromas, quería que le siguiera el juego, pero me negué. No iba a caer en su infantil juego.
—Bueno espíritu libre, ordena tus cosas. Nos vamos en quince minutos —murmuró luego de unos segundos en silencio
—¿Vamos en auto? —Pregunté mientras le daba la espalda
—Sí —respondió, mi mirada viajó a sus manos y recordé que tenía a Aydee en sus manos, señalé un rincón para que la dejara allí
—Mejor —murmuré
Mientras Nil dejaba a Aydee en mi esquina de trabajo tiré una toalla en la sesta de ropa sucia, logrando tapar mi sujetador, una vergüenza menos.
Mi vista viajó a mi mochila, guardé un poco de ropa al azar, mi cepillo de dientes y un desodorante. No necesitaría demasiado, no pienso salir de su casa.