El fin de semana había acabado, ya había vuelto a estudiar y a estar aislada de todo el mundo. La biblioteca había vuelto a ser mi lugar seguro, y aunque realmente quería un café no podía ir por uno, ya que, la bibliotecaria andaba paseándose de un lado a otro.
—¿No crees que estás muy sola aquí?
—Créeme, estoy mejor así —respondí sin levantar la mirada
—¿Quieres que te haga compañía? —Preguntó
—No, gracias
—¿Segura? —Insistió
—Pedro, si quisiera compañía te diría
—Vale, igual me voy a sentar aquí porque no tengo nada mejor que hacer —lo miré y estaba sonriendo
Hace días que no lo había visto, añadiendo que es raro no verlo en la calle si se supone que vivimos cerca por así decirlo.
—¿Exámenes finales? —Preguntó tomando uno de mis apuntes
—Sí, aunque me gustaría decir que estoy estudiando, pero lo único que hago es dibujar —murmuré mientras dejaba mi libreta sobre la mesa
—¿Puedo ver tus dibujos? —Preguntó con una mirada curiosa
—Sí —murmuré restándole importancia
Tomé mi teléfono y le mandé un mensaje a Marcela, ella debería de estar en alguna clase de Marketing y yo aquí sufriendo por no poder comer sin que la bibliotecaria me mate.
Yo: me voy a pegar un tiro
Marcela: por?
Yo: tengo hambre
Marcela: no se diga mas
Yo: ¿eh?
Me dejó en visto y se desconectó, quizás la habrán regañado por estar usando el teléfono y no estar poniendo atención.
Pedro empezó a elogiar mis dibujos, que los vestidos estaban increíbles, las faldas, incluso los trajes que había en unos horribles bocetos que hice hace unas noches, pero al finalizar de ver el último dibujo frunció el ceño y me preguntó:
—¿Por qué no hay hombres?
—Se me dificulta un poco, tengo como un tercer ojo para colecciones delicadas y complicadas, pero siempre me ha costado diseñar algo para los hombres, aunque sean delicadas y complicadas —hice una mueca de disgusto
—Sigo sin entender —murmuró
—Puede diseñar vestidos, faldas, lo que sea, pero para mujeres. Diseñar algo para los hombres es un gran desafío para ella —su irritable voz hizo eco en mis oídos, le estaba dando la espalda, pero no había duda que era el
—Aunque mis colecciones también la pueden usar los hombres, la ropa no tiene género. Recuérdenlo —añadí
Un vaso y un sándwich se posicionaron frente a mis apuntes, miré por sobre mi hombro y Nil estaba sonriendo.
—Toma, aprovecha de comer algo mientras yo distraigo a la bibliotecaria —suspiró exageradamente—. Ella me quiere matar, pero me sacrificaré por ti, esta es la demostración de amor mas grande que he hecho en mi vida
Negué con una sonrisa en mi rostro.
—Nil, eres un idiota
—Y tu dulce —dijo para marcharse
—¿Es tu novio? —Pedro preguntó
—No —fruncí el ceño
—Pues, lo parece
—No, a él le gusta alguien mas —dejé en claro para que no se diera ideas equivocadas
—¿Tono decepcionado? —Alzó las cejas, divertido ante la situación
—¿Qué? No, no seas estúpido —volví a fruncir el ceño y negué rápidamente
—Como digas —hizo una pausa—. Empieza a comer antes de que venga la bibliotecaria, créeme, es posible que lo mate y luego venga por nosotros —soltó una risita
Sí, todo el mundo le tiene miedo a la bibliotecaria y nadie sabe el por qué exactamente, quizás será su mirada o su actitud.
Pedro se mantuvo acompañándome por un rato hasta que se tuvo que ir porque alguien lo estaba llamando, poco después ya había terminado mi sándwich y solo me quedaba menos de la mitad del café. Pude haberme ido a la cafetería, pero aquí todo estaba tranquilo y disfrutaba de la calma.
—¿Ya se fue el deportista? —Pregunto Nil apareciendo de la nada
—Sí —respondí
—Vale, ahora podemos hablar bien —se sentó a mi lado y me sonrió—. He estado hablando con Vanessa, hoy se despidió de mi con un beso en la mejilla. Besó mi mejilla
Estaba emocionado, el brillo en sus ojos era demasiado obvio.
—Me alegra escuchar eso, vas por un buen camino
—Todo gracias a ti
—Y a ti, por arruinar su cuadro —me burlé
—No me lo recuerdes —gruñó
—Créeme, te lo voy a recordar hasta el día de tu muerte —le sonreí—. Gracias
—¿Por qué? —Frunció el ceño confundido
—Por traerme comida, realmente aprecio el gesto
Nil suspiró e hizo una mueca.
—De hecho, Marcela me preguntó si estaba desocupado, estaba con unos compañeros y cuando me dijo que tenias hambre no dudé en venir aquí con algo que engañe el estómago —sonrió mientras se rascaba el cuello con vergüenza
Tenía vergüenza, se estaba rascando el cuello, miraba hacia los lados y se estaba mordiendo el labio.
—Aun así, gracias
Nos quedamos en silencio, tomé mi libreta y empecé a dibujar el cuerpo de un hombre, miré al chico a mi lado y le sonreí inocentemente.
—¿Qué quieres? —Preguntó
Recordé el desafío de hace un año, diseñar una colección para hombres, en el cual la maestra no quedó conforme con mi trabajo porque esperaba más de mí. Una gran decepción, a decir verdad.
—Si tienes que salir a una reunión semiformal, el clima es caluroso, pero a la vez el viento es frío, ¿Qué usarías? —Pregunté
—Eh, veamos. Mi mamá siempre usa una falda o short blanco o negro con unos tacones negros, una blusa celeste y un blazer o chaleco del color del short —murmuró
—Gracias
—¿Vas a crear algo para mí? —Su mirada estaba llena de ilusión
—No, pero necesito algunas ideas —mordí mi lápiz 2B
—A todo esto, mamá me ha preguntado cuando volverás a la casa
—No lo sé, ¿Cuándo quieres que vaya? —Las palabras salieron por si solas
—Mañana —respondió rápidamente
—Mañana será —le sonreí, miré la hora en mi teléfono y empecé a guardar mis cosas—. Iré a mi salón, después hablamos