Lourdes ~
-¿Ya pensaste qué vas a estudiar?
Abrí un ojo, después el otro y, sorpresa, sorpresa, ahí estaba. Mi mamá. Parada en la puerta de mi habitación a las ocho de la mañana.
Hay algunas mamás que preguntan: "¿Qué querés desayunar?", "¿Dormiste bien?" o incluso algunas empiezan con un simple "Buen día, amor". Pero no, no mi mamá. Ella se despierta cada mañana con una única misión... averiguar qué voy a hacer con el resto de mi vida.
Misión la cual todavía no tiene probabilidades de ser cumplida.
A veces pienso que es como una especie de alien; una que vino a la Tierra con un único propósito: conseguir que una simple terrícola, alias su hija, tenga un futuro estable.
-Buen día para vos también, ma -murmuré enterrándome de nuevo bajo las mantas.
Nadie debería ser capaz de responder una pregunta tan complicada a las ocho de la mañana.
-No cambies de tema.
-Ni siquiera estoy despierta.
-Tenés veinte años, Lourdes.
-Y vos cuarenta y seis. Es divertido esto de decir las edades, ¿verdad? No puedo evitar ser sarcástica y gruñona tan temprano. A la Lourdes amigable la encuentran después de las diez, muchas gracias.
-Lourdes...
Ese tono...
EL tono.
Todas las madres tienen un tono especial, uno que le hace saber a una que ella se está quedando sin algo muy importante...
Paciencia.
Suspiré y me senté en la cama.
-No, mamá. Todavía no lo sé.
-No podés seguir así para siempre.
-Lo sé.
-¿Entonces?
-Si supiera la respuesta a esa pregunta, no estaríamos teniendo esta conversación todas las mañanas.
Dulce sarcasmo. ¿Qué sería de mi vida sin él?
Ella negó con la cabeza y desapareció por el pasillo. Yo me dejé caer nuevamente sobre la cama.
La conversación había durado menos de tres minutos y ya estaba agotada.
No era que no quisiera estudiar, trabajar o tener un futuro. Me encantaría poder un día levantarme y decir:
"Listo, lo encontré. Esto voy a hacer por el resto de mi vida porque sé que es lo mío."
Pero no.
Algunas personas nacen sabiendo qué quieren ser desde el vamos.
Médicos, arquitectos, profesores, veterinarios, lo que fuera. Ellos ya sabían exactamente para qué vinieron a este mundo.
¿Mi problema?
Yo quería ser todo... pero solo durante cinco minutos.
Un lunes me podía levantar y querer aprender cerámica. El miércoles podía estar segura de que mi destino era ser profesora de natación y el viernes podía querer abrir mi propio taller.
Era como si mi cerebro fuera una televisión que estuviera cambiando de canal constantemente, pero al final no terminaba viendo ninguno completo.
Mi mamá decía que necesitaba concentrarme; yo decía que estaba explorando mis posibilidades.
Probablemente las dos teníamos razón.
Vivíamos solas desde hacía años. Éramos un equipo bastante funcional la mayoría de las veces, pero cuando surgía LA pregunta...
Digamos que ese equipo dejaba de ser tan funcional.
Mi futuro siempre era la piedra en el zapato.
Una piedra que, por mucho que te molestara, no podías sacar.
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Después de desayunar, me encerré nuevamente en mi habitación.
Mi rincón favorito de la casa.
Mi lugar.
Tenía una cámara apoyada sobre el escritorio, materiales de un intento fallido de hacer pulseras, una libreta llena de ideas y ropa que tendría que haber guardado desde hacía una semana.
En simples palabras, un caos.
Mi especialidad.
No podía seguir viendo ese caos y no hacer nada, así que muy sabiamente decidí abrir mis redes.
Sí, tengo muy claras mis prioridades, gracias.
Me gustaba crear contenido, grabar, editar e interactuar con mi pequeña comunidad, pero seguía estando muy lejos de lograr vivir de esto y, sinceramente, a veces me preguntaba si tenía las habilidades para llegar a alguna parte.
Siempre positiva, Lourdes. Muy bien.
No tenía pensado grabar ningún contenido en especial, pero sí sentía ganas de expresar algo que durante mucho tiempo había estado sintiendo.
Me levanté de la cama de un salto, fui a mi computadora, me puse a editar un poco y, cuando quedé satisfecha, presioné publicar.
Me quedé mirando la pantalla por un momento y, por primera vez en todo el día, sonreí.
Había encontrado las palabras para describir exactamente cómo me sentía todos los días.