¿que se supone que somos?

Capitulo 3. Por algún lado se empieza

"A veces el primer paso no es saber a dónde vamos, sino animarnos a empezar"

[*]

Lourdes ~

Tomé una decisión importante esa mañana.

Iba a organizar mi vida.

Una decisión excelente.

Lástima que había tomado exactamente la misma decisión unas cuarenta y siete veces antes.

Pero esta vez sería distinta.

¿Por qué?

No había un porqué.

Simplemente tenía esa clase de optimismo irracional que aparece apenas uno se despierta y desaparece después del desayuno.

Me levanté de la cama con una energía sospechosamente alta, abrí las cortinas y la luz inundó toda la habitación.

La ciudad ya estaba despierta.

Desde mi ventana podía ver gente caminando con paso apurado, bicicletas pasando por la calle empedrada y el tranvía cruzando lentamente la avenida. Había personas que, a esa hora, ya llevaban varias horas siendo adultos responsables.

Yo todavía estaba intentando decidir si desayunar primero o volver a acostarme otros diez minutos.

Opté por desayunar.

Porque acostarme diez minutos más significaba despertarme dos horas después.

La experiencia hablaba por mí.

[*]

Con una taza de café en la mano recorrí mi habitación.

Bueno...

Intenté recorrerla.

Había demasiadas cosas.

La cámara descansaba sobre el escritorio.

Al lado tenía un cuaderno lleno de ideas para videos.

Un poco más allá estaban los pinceles que había comprado convencida de que la pintura iba a convertirse en mi pasión definitiva.

Duró cinco días.

También encontré el aro de bordado.

Las lanas.

Una libreta donde había intentado aprender italiano, de lo cual no recordaba absolutamente nada.

Solo sabía decir "ciao".

Muy útil si algún día necesitaba saludar elegantemente antes de fracasar en una conversación.

Levanté una caja pequeña.

Adentro estaba la famosa papa taza.

La observé unos segundos.

Seguía pareciendo una papa.

Suspiré.

—Qué decepción me das.

La papa, como de costumbre, decidió ignorarme.

Me até el pelo en un moño improvisado y me paré frente al espejo.

—Hoy sí.

Me señalé con un dedo.

—Hoy empezás a comportarte como una adulta funcional.

La chica del reflejo parecía tener serias dudas al respecto.

No la culpaba, por qué yo tenía exactamente las mismas dudas que ella.

Agarré una libreta y escribí en letras enormes:

PLAN PARA CONVERTIRME EN UNA ADULTA FUNCIONAL

Lo miré orgullosa.

Sonaba importante.

Serio.

Casi profesional.

Empecé a escribir.

"PLAN PARA CONVERTIRME EN UNA ADULTA FUNCIONAL"

  1. Buscar trabajo.
  2. Ordenar mi habitación.
  3. Grabar contenido.
  4. Hacer ejercicio.
  5. Organizar mis horarios.
  6. Descubrir mi propósito en la vida.

Me quedé mirando el último punto.

—Bueno...

Agarré el lápiz y lo taché.

Había que ser un poco realista.

—Capaz es un objetivo un poquito ambicioso para antes del almuerzo.

Mucho mejor.

Ahora parecía una lista de una persona con expectativas un poco más realistas.

Aunque tampoco tantas.

Apoyé el lápiz sobre el escritorio y observé todo otra vez.

La lista.

La habitación.

La lista.

La habitación.

Después de unos minutos llegué a una conclusión.

No tenía una lista de tareas.

Tenía una lista de problemas.

Y ninguno parecía tener instrucciones.

Me dejé caer sobre la silla.

—Gran comienzo para cambiar tu vida, Lourdes.

Quizá mamá tenía un poco de razón, aunque solo un poco.

Jamás iba a admitir que tenía toda la razón, no le iba a dar semejante satisfacción.

Pero sí entendía una cosa.

No podía seguir esperando que mi vida se acomodara sola.

Porque, aparentemente, las vidas no funcionaban así.

Qué mal diseñado estaba el sistema.

[*]

Abrí la computadora.

Entré a una página de empleos.

Respiré hondo.

—Bueno... Aquí vamos.

Escribí "currículum".

Apareció un documento completamente en blanco.

Sentí que él me juzgaba.

Yo también me habría juzgado.

Escribí:

Lourdes Fernández

Listo.

Una línea completa.

Estaba rompiendo récords de productividad.

Bajé un poco más.

Experiencia laboral.

Silencio.

Volví a leer.

Seguía vacía.

—Maleducada.

La computadora decidió no responder.

Muy sabia de su parte.

Pensé.

Una vez había cuidado el perro de una vecina.

Aunque...

Se había escapado dos horas.

No era un buen antecedente.

También sabía editar videos.

Hacer fotos.

Hablar frente a una cámara.

¿Eso servía?

¿"Sobrepensar profesionalmente" podía considerarse una habilidad? Yo quería creer que si, pero lamentablemente, sospechaba que no.

Después de borrar la misma oración seis veces entendí que había llegado el momento de aceptar una verdad muy dura.

Necesitaba ayuda. Mucha ayuda.

[*]

Lourdes: Necesito ayuda.

Vale: ¿Legal o emocional?

Lourdes: Laboral.

Vale: Entonces también emocional. ¿Qué pasó ahora?

Lourdes: Estoy haciendo un CV.

Vale: ¿Y?

Lourdes: Descubrí que no hice absolutamente nada con mi vida.

Vale: Excelente descubrimiento.

Lourdes: Perra.

Vale: Siempre tan tierna.

No pude evitar reírme.

Vale tenía un talento especial para burlarse de mí exactamente lo suficiente como para hacerme sentir mejor.

Lo curioso era que ni siquiera nos conocíamos desde hacía tantos años.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.