"Hay esperas que desesperan. Y hay otras, que sin saberlo, cambian el rumbo de tu vida"
[*]
Nunca entendí por qué, después de una entrevista, uno sentía la necesidad de analizar absolutamente todo y por todo me refería a absolutamente todo.
Cada palabra.
Cada gesto.
Cada respiración.
Mientras caminaba de regreso a casa, repasé la conversación una vez más, después otra y otra vez por qué al parecer, repasarla 50 veces no fue suficiente.
—¿Habrá estado mal cuando dije que aprendía rápido?
No.
Eso estaba bien.
—¿Y cuando se me cayó la lapicera?
...
Bueno...
Capaz un poquito.
Hice una mueca.
—Qué vergüenza.
Mi cabeza no ayudaba, era como tener una amiga insoportable sentada en el hombro repasando cada segundo de la entrevista.
"¿Y si cuando te preguntaron por tus fortalezas hablaste demasiado?"
"¿Y si sonreíste poco?"
"¿Y si sonreíste mucho?"
"¿Y si el café que aceptaste era una prueba psicológica?"
—No. - dije soltando un bufido - Eso ya es ridículo.
Aunque después de una entrevista cualquier teoría parecía posible.
Suspiré mientras cruzaba una calle.
La ciudad seguía exactamente igual que unas horas antes, un señor paseaba un perro que parecía tener más ganas de caminar que él, una pareja discutía frente a una heladería sobre qué gusto elegir.
Un músico callejero afinaba su guitarra.
Todo seguía funcionando; todo seguía avanzando. La única que parecía haberse quedado detenida en aquella oficina era yo.
Sin querer, volví a pensar en el chico con el que había chocado.
No porque creyera en el destino.
Ni porque hubiera sido un flechazo.
Simplemente había una frase que seguía dando vueltas en mi cabeza.
"A veces alcanza con presentarse."
Resoplé.
—Qué fácil decirlo cuando uno parece tener la vida resuelta.
Seguí caminando sin saber que, probablemente, él pensaba exactamente lo mismo de mí.
[*]
Los días siguientes pasaron sorprendentemente lentos o mejor dicho, yo conseguí que pasaran lentos.
Cada vez que el celular vibraba, mi corazón decidía entusiasmarse antes que mi cerebro.
Correo nuevo, lo abría.
"50% de descuento en..."
No. Definitivamente no era el trabajo de mis sueños.
Cinco minutos después...
Otra notificación.
"Confirmación de suscripción."
Tampoco.
Llegó un punto en el que desconfiaba hasta del pronóstico del tiempo, si el teléfono vibraba, mi cabeza automáticamente pensaba:
"Capaz es la cafetería."
Y nunca era la cafetería.
Vale incluso empezó a burlarse.
—¿Otra vez mirando el mail?
—Solo estoy comprobando que internet siga funcionando.
—Ajá.
—¿Qué?
—Nada - dijo riendo - Solo que llevás quince veces "comprobándolo" desde ayer.
Le saqué la lengua por videollamada.
Ella soltó una carcajada.
—Relajate. Si te tienen que llamar, te van a llamar.
—¿Y si ya llamaron y no escuché?
—Lourdes - dijo rodeando los ojos - Dormís con el celular abajo de la almohada.
Tenía razón.
No respondí.
[*]
Como no podía vivir actualizando la bandeja de entrada cada treinta segundos...
Bueno.
De poder, podía; pero decidí fingir que era una persona funcional, así que preparé la cámara, corrí la silla y moví el trípode cinco centímetros.
Después otros cinco y solo fue para descubrir que, en realidad, estaba bien desde el principio.
Muy representativo de mi personalidad.
Miré el lente.
Respiré hondo.
—Hola...
No.
Otra vez.
—Hola.
Tampoco.
Parecía estar saludando durante una campaña presidencial.
Me aclaré la garganta.
—Bueno... hoy quería hablar de algo que probablemente nos pasó a todos...
Eso sonó mucho mejor.
Empecé a grabar y a los veinte segundos me trabé, respiré hondo, corté y volví a empezar.
En la segunda toma me olvidé completamente de lo que iba a decir.
En la tercera me dio un ataque de risa sin motivo.
En la cuarta sonó el teléfono fijo.
Y en la quinta, un vecino decidió ponerse a taladrar una pared.
—De verdad... - dije mirando al techo - ¿Hoy?
Esperé.
Cinco minutos.
Diez.
Silencio volví a grabar y cuando por fin conseguí decir todo de corrido y sin errores, se escuchó un portazo.
Cerré los ojos.
—Mamá...
Su cabeza apareció por el pasillo.
—¿Ya terminaste?
—No...
—Uy, perdón, pensé que sí.
No pude evitar reírme.
—No pasa nada.
Ella levantó las manos.
—Prometo hacer menos ruido.
—Imposible - dije acomodando la cámara - Vivís acá.
Se rió conmigo antes de desaparecer otra vez.
Esperé unos segundos, respiré hondo y miré la cámara.
—Bueno...
Intento número siete y curiosamente, esa fue la toma que salió mejor porque ya estaba demasiado cansada como para intentar parecer perfecta.
[*]
Tres horas después tenía el video terminado o al menos, lo suficientemente terminado como para que mi perfeccionismo dejara de encontrar cosas nuevas para corregir.
Lo miré una vez más, después otra y en la tercera ya empecé a buscar defectos donde probablemente no los había.
—Bueno... - dije finalmente - Si sigo así, lo voy a publicar en dos años.
Abrí el editor, elegí la música y probé una. No, otra; tampoco. La tercera parecía encajar mejor.
Agregué subtítulos, cambié el tamaño; los volví a cambiar y después descubrí que el primero estaba bien desde el principio.
Muy representativo de mi personalidad.
Cuando finalmente toqué el botón de publicar, me quedé mirando la pantalla. Siempre había unos segundos extraños después de subir un vídeo, como si una parte de mí quedara flotando en internet esperando que alguien la encontrara.