"Hay personas que llegan a un lugar para trabajar. Otras llegan sin saberlo, solo para cambiar la rutina de alguien más."
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Lourdes ~
¿Cómo que también era nuevo?
No, no, no y no.
No tenía sentido.
Me había pasado toda la tarde anterior convencida de que ese chico llevaba meses trabajando ahí.
Era demasiado tranquilo, organizado y adulto; y ahora resultaba que ese también era su primer día.
Bueno, eso solo podían significar dos cosas.
La primera, que mi radar para juzgar personas necesitaba una actualización urgente y la segunda, que ninguno de los dos tenía idea de lo que estaba haciendo.
Curiosamente, eso me tranquilizó un poco.
—Chicos, si quieren venir por acá...
La voz de una de las encargadas nos hizo seguirla hasta el fondo del local.
Éramos cuatro ingresantes.
Una chica llamada Sofia.
Un chico que, si no había escuchado mal, se llamaba Tomas.
Lucas.
Y yo.
Nos entregaron un pequeño cuaderno con algunas indicaciones básicas.
—No se preocupen si hoy sienten que no entienden nada. Es completamente normal.
Me gustó escuchar esa frase, porque yo ya llevaba aproximadamente quince minutos sintiendo exactamente eso.
La encargada empezó a señalar distintos sectores.
—Acá van las tazas, este es el depósito. La vajilla limpia siempre queda de este lado, los pedidos para llevar salen por esta barra.
Mientras hablaba, mi mano escribía casi sola.
"Tazas."
"Depósito."
"Pedidos."
"Respirar."
Seguí anotando.
"NO ROMPER NADA"
Ese punto me parecía especialmente importante.
Cada tanto levantaba la vista.
Sofía asentía, Tomas también y Lucas simplemente escuchaba.
No escribía absolutamente nada.
Fruncí el ceño.
¿Cómo hacía?
Yo necesitaba anotar hasta el color de las cucharitas para recordar algo, el parecía guardar toda la información directamente en la cabeza.
Injusto.
Muy injusto.
—¿Alguna pregunta?
Silencio.
Todos negamos con la cabeza, yo tenía aproximadamente doscientas preguntas pero no sabía formular ninguna.
La encargada sonrió.
—Perfecto - dijo juntando las manos - Entonces vamos a empezar despacio. Nadie espera que hoy hagan todo perfecto.
Escuchar la palabra perfecto hizo que mi cerebro decidiera entrar en pánico porque justamente ese era el problema, yo sí esperaba hacerlo perfecto y cuando algo no salía perfecto, sentía que estaba saliendo horrible.
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Los primeros minutos consistieron en observar.
Cómo tomaban los pedidos, acomodaban las bandejas; preparaban las mesas antes de que llegaran nuevos clientes.
Parecía sencillo, hasta que descubrías la velocidad con la que sucedía todo.
Una taza, después otra. Una bandeja. Una cuenta. Alguien pedía azúcar; otro necesitaba hielo.
Una compañera saludaba a tres clientes distintos mientras servía un café.
¿Cómo hacían para pensar tantas cosas al mismo tiempo?
Yo apenas podía recordar dónde estaba el azúcar.
En un momento la encargada pasó junto a nosotros.
—Bueno - dijo con una sonrisa - ¿Quién quiere empezar?
Silencio.
Nadie respondió.
Ella sonrió divertida.
—Tranquilos, no los estoy mandando a pilotear un avión. Solo un pedido sencillo.
Miró alrededor.
Después señaló una mesa.
—Lourdes - dijo señalándome - ¿Te animás?
Sentí que el corazón daba un pequeño salto.
—Sí.
Mentira.
No me animaba pero ya había hablado y no había vuelta atrás.
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La clienta sonrió amablemente.
—Un café con leche, dos medialunas y un jugo de naranja.
Asentí.
Fácil.
O eso pensé.
Cinco minutos después tenía una bandeja con un café, un té, un jugo, tres medialunas y una enorme duda existencial.
Miré el papel, después la bandeja y otra vez el papel.
No.
Había algo que claramente no coincidía.
Respiré hondo y volví a leer el pedido.
Había agarrado la bandeja equivocada.
—Excelente. - susurré - Muy buen comienzo.
Volví sobre mis pasos intentando que nadie notara mi desastre. Por supuesto todo el mundo parecía notarlo menos yo.
Una compañera sonrió.
—¿Mesa tres?
Asentí avergonzada.
—La dejaste preparada recién. Está acá.
—Gracias. - respondí casi escondiéndome detrás de la bandeja.
La encargada pasó junto a mí, no parecía molesta todo lo contrario.
—¿Ves? Por eso los primeros días siempre preguntamos - dijo con tono amable - Es más rápido preguntar que tener que pedir perdón después.
Eso hizo que aflojara un poco los hombros.
Capaz; capaz equivocarse no era el fin del mundo.
Con la bandeja correcta respiré profundo una vez más.
—Bueno, ahora sí. Mesa tres, café con leche, dos medialunas y un jugo de naranja.
Repetí el pedido mentalmente durante todo el camino, como si estuviera estudiando para un examen. Llegué a la mesa, apoyé primero el café, después el jugo, las medialunas y todo quedó exactamente donde debía.
La clienta me sonrió.
—Muchas gracias - parpadeé.
Eso era todo.
No había explotado ninguna taza.
Nadie me había despedido.
Ningún cliente había salido corriendo.
Había entregado mi primer pedido y por más pequeño que pareciera, sentí una satisfacción completamente desproporcionada.
Cuando me di vuelta para volver al mostrador, vi que Lucas acomodaba unas tazas, levantó la vista apenas un segundo y casi imperceptiblemente, me dedicó un pequeño gesto con la cabeza.
Como diciendo:
"Viste que podías."
Y curiosamente eso me dio todavía un poquito más de confianza.
[*]
Después de ese primer pedido, todo empezó a sentirse un poquito menos aterrador.