¿que se supone que somos?

Capitulo 8. La chica que hablaba con los silencios

"Algunas personas llegan haciendo ruido. Otras, en cambio, hacen ruido porque sin darse cuenta; llenan espacios vacíos que uno ya se había acostumbrado a habitar."

[*]

Lucas ~

Nunca entendí por qué la gente decía que los primeros días eran emocionantes.

Para mí, los primeros días eran agotadores. Había demasiadas caras nuevas, nombres, cosas para recordar y una cantidad preocupante de oportunidades para equivocarse.

Respiré hondo mientras terminaba de acomodarme el delantal, todavía me resultaba extraño verlo puesto.

Como si todavía estuviera esperando que alguien apareciera para decirme que se habían confundido de persona.

Miré el reloj, faltaban unos minutos para abrir.

Perfecto.

Siempre prefería llegar temprano, no porque me lo pidieran; sino porque necesitaba unos minutos de silencio antes de que empezara el movimiento.

Me gustaba escuchar la cafetería cuando todavía estaba vacía, el sonido de las tazas acomodándose; la cafetera calentándose, las sillas deslizándose sobre el piso y después, cuando abrían las puertas, todo eso desaparecía bajo las conversaciones de los clientes.

Mientras acomodaba unas tazas sobre un estante escuché la puerta abrirse.

Levanté la vista.

Era ella, la chica con la que había chocado unos días atrás.Por un segundo pensé que se había equivocado de lugar, después recordé.

Claro.

Hoy empezaban los nuevos

— Así que también lo consiguió - pensé para mis adentros.

Eso me sorprendió, y no porque creyera que le hubiera ido mal, sino porque después de verla tan nerviosa aquel día; imaginé que nunca volveríamos a cruzarnos.

Otra vez me había equivocado.

La vi mirar alrededor intentando descubrir dónde dejar sus cosas. Parecía completamente perdida, hasta que una compañera se acercó para indicarle el vestuario.

Ella le agradeció con una sonrisa tan grande que la otra terminó sonriendo también.

Curioso.

Todavía no llevaba ni cinco minutos ahí y ya había logrado que alguien sonriera.

[*]

La capacitación comenzó poco después.

Nos reunieron a los cuatro ingresantes frente al mostrador.

La encargada empezó a explicar cómo funcionaba todo.

Dónde iban las tazas, cómo organizar los pedidos, qué hacer cuando un cliente cambiaba de opinión, cuando un compañero necesitaba ayuda.

Escuchaba con atención e intentaba memorizar cada detalle, no quería tener que preguntar dos veces lo mismo.

Cada tanto miraba de reojo a Lourdes.

Tenía una libreta abierta sobre las piernas, escribía con tanta velocidad que me pregunté si después sería capaz de entender su propia letra.

Anotaba absolutamente todo.

La vi escribir incluso cuando la encargada dijo dónde se guardaban las cucharitas.

No pude evitar preguntarme qué estaría poniendo.

"Cucharitas: segundo cajón."

"Azúcar: estante de arriba."

"No entrar en pánico."

La idea me hizo sonreír apenas.

En un momento levantó la mano.

—Perdón - dijo lentamente - ¿Los pedidos para llevar salen por esta barra o por la otra?

La encargada volvió a explicarlo con paciencia.

Ella anotó otra vez.

Cinco minutos después volvió a levantar la mano.

—¿Y los vasos grandes están acá o...?

Otra explicación; otro agradecimiento.

No parecía tener miedo de admitir que no entendía algo y eso me parecía admirable. La mayoría asentía aunque estuviera perdida.

Ella prefería preguntar.

[*]

La capacitación terminó mucho más rápido de lo que esperaba.

—Buen, ahora empieza la parte divertida - dijo la encargada.

Lourdes murmuró muy bajito:

—Eso depende mucho de la definición de "divertida".

Escuché el comentario porque estaba apenas a un paso de ella y tuve que mirar hacia otro lado para que no notara que me había hecho gracia.

El primer pedido llegó enseguida, y el salón empezó a llenarse; cada uno intentaba recordar lo que acababa de aprender.

Yo revisaba dos veces cada ticket. Prefería tardar diez segundos más antes que llevar una bandeja equivocada.

Mientras preparaba un café escuché una voz detrás de mí.

—Perdón, ¿La mesa tres era aquella o esta?

Era Lourdes.

Sostenía una bandeja con tanta concentración como si transportara explosivos.

Señalé discretamente hacia la ventana.

—La de allá.

Respiró aliviada.

—Gracias.

Caminó tres paso y después volvió rápidamente.

—Perdón ¿Y las medialunas ya iban con este pedido?

No pude evitar sonreír.

—Sí.

Miró la bandeja y volvió a mirar el ticket.

—Bueno - dijo tomando aire - Deseame suerte.

Y salió otra vez.

Me quedé observándola unos segundos.

Era evidente que estaba nerviosa pero, aun así, no dejaba de intentarlo, y eso valía bastante más que hacer todo perfecto.

Un rato después la vi regresar con una sonrisa casi imperceptible.

No hacía falta preguntarle.

Su primer pedido había salido bien y sin darse cuenta; acababa de levantar apenas el puño, en un gesto diminuto de celebración.

Sonreí para mí.

Todos necesitábamos celebrar esas pequeñas victorias durante el primer día.

[*]

Con el paso de las horas empecé a entender que trabajar en una cafetería no consistía solamente en servir café.

Consistía en aprender a leer a las personas.

Había clientes que llegaban con apuro y apenas levantaban la vista del teléfono, otros necesitaban hablar con alguien, aunque fuera durante el tiempo que tardaba en prepararse un espresso.

Algunos sonreían, otros parecían traer el mal humor desde la casa y después estaba Lourdes que, de alguna manera, lograba adaptarse a todos.

La vi recibir a un señor mayor con un:

—Buenos días - dijo con una sonrisa - Qué lindo saco.

El hombre, que había entrado con una expresión bastante seria, terminó sonriendo.




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