¿que se supone que somos?

Capitulo 10. Las personas favoritas empiezan asi

"Un día descubrís que alguien ya forma parte de tu rutina y lo raro es que nunca recordás exactamente cuándo empezó."

[*]

Lucas ~

Había algo extraño con las costumbres.

Uno creía que aparecían de golpe pero no, en realidad se construían de a poquito; pasito a pasito sin hacer ruido.

Como cuando empezás a dejar siempre las llaves en el mismo lugar, cuando elegís inconscientemente el mismo asiento en el colectivo.

O cuando, sin darte cuenta, empezás a buscar a una persona apenas llegás al trabajo.

Eso último prefería no analizarlo demasiado.

[*]

Entré a la cafetería unos minutos antes, como siempre.

Saludé al encargado, me puse el delantal, preparé la caja y mientras acomodaba unas tazas miré; casi por costumbre, hacia la puerta.

Todavía no había llegado.

Seguí trabajando.

Y un minuto después la campanita de la entrada sonó.

—¡Buen día!

Levanté la vista.

Y ahí estaba.

Con el pelo apenas despeinado por el viento, una mochila que parecía pesar más que ella y un café comprado en algún lugar del camino.

—¿Llegué tarde?

Miré el reloj.

—Faltan tres minutos para tu horario.

Suspiró exageradamente.

—Entonces solo llegué tarde emocionalmente.

La observé unos segundos.

—No sé qué significa eso.

—Yo tampoco - respondió mientras intentaba acomodarse el pelo usando el reflejo de una cafetera - Pero sonó importante, ¿no?

Negué con la cabeza sonriendo.

.

Definitivamente Lourdes tenía un talento especial para decir cosas que no tenían ningún sentido y lograr que parecieran completamente razonables.

[*]

La mañana empezó tranquila.

Había pocos clientes.

Aprovechábamos esos momentos para limpiar mesas, acomodar vasos y reponer servilletas.

En uno de esos ratos Lourdes apareció frente a mí con una expresión sospechosamente entusiasmada.

Eso nunca era buena señal.

—Tengo una pregunta.

—Eso ya me preocupa.

—Si solo pudieras comer una comida durante el resto de tu vida ¿Cuál elegirías?

La miré.

—¿Esto define algún aspecto importante de la personalidad?

—Obviamente.

—No.

—Bueno pero igual respondé.

Pensé unos segundos.

—Milanesas.

Asintió con absoluta seriedad.

—Respuesta sólida.

—¿Y vos?

—Papas fritas.

—Eso no es una comida.

Frunció el ceño.

—¿Quién decidió eso?

—La nutrición.

—La nutrición es muy dramática.

No pude evitar reírme y ella sonrió satisfecha como si hubiera ganado una discusión.

—Ahora otra ¿Películas o libros?

—Libros.

—Bien. Perros o gatos.

—Perros.

—También bien. Montaña o playa.

—Montaña.

Me señaló con un dedo.

—Esa no me la esperaba.

—¿Por?

—Tenés cara de playa.

La miré desconcertado.

—¿Existe una cara de playa?

—Claro así como también existe una cara de montaña.

—¿Y cuál tengo yo?

Me observó unos segundos como si realmente estuviera analizándolo.

—No sé pero definitivamente no sos de ciudad.

Me quedé pensando.

—Viví toda mi vida en una ciudad.

—Sí, pero tu energía no - dijo finalmente.

No entendí exactamente qué quiso decir y por alguna razón, me quedé dándole vueltas a esa frase bastante más tiempo del que debería.

[*]

Las preguntas siguieron apareciendo una detrás de otra.

Color favorito.

El peor regalo recibido.

La primera película que recordábamos haber visto en el cine.

El cumpleaños más lindo.

El lugar al que volveríamos una y otra vez.

Cada respuesta abría otra conversación, después otra y otra más hasta que, una clienta levantó la mano desde una mesa.

Los dos giramos al mismo tiempo, nos miramos y empezamos a reírnos.

—Después seguimos - dijo Lourdes mientras agarraba una bandeja - Quedó pendiente tu respuesta sobre los dinosaurios.

La miré confundido.

—¿Cuándo hablamos de dinosaurios?

—Dentro de cinco minutos, ya vas a ver.

Se fue caminando antes de que pudiera preguntarle de qué estaba hablando.

Negué con una sonrisa.

Nunca sabía cómo hacía, pero conseguía convertir cualquier conversación en otra completamente distinta; y nunca me molestaba seguirle el ritmo.

[*]

La tarde dejó de ser tranquila apenas apareció un cliente que parecía decidido a encontrar un problema en absolutamente todo.

Primero fue el café, después el azúcar, la temperatura del ambiente, el tiempo que había esperado y si hubiera podido probablemente; también se habría quejado del clima.

Lourdes fue quien lo atendió primero.

—Perdón por la demora, ya mismo se lo cambio.

Preparó otra bebida, se la llevó y dos minutos después el hombre volvió a llamarla.

Respiré despacio.

Vi cómo ella asentía una y otra vez, mientras intentaba mantener la sonrisa, pero la conocía lo suficiente para notar que empezaba a ponerse nerviosa.

Me acerqué.

—Buenas tardes - dije con tono tranquilo - ¿Qué ocurrió?

El hombre volvió a explicar todo desde el principio, lo escuché sin interrumpir y cuando terminó, preparé otro café, le devolví el dinero del primero y le ofrecí algo para acompañar la bebida.

Finalmente aceptó; cinco minutos después se fue.

Lourdes apoyó las dos manos sobre el mostrador.

—Quería llorar.

La miré.

—No parecía.

—Porque lloré internamente.

Asentí con total seriedad.

—Muy profesional de tu parte.

Me señaló con un dedo.

—No te burles de mi sufrimiento.

—No lo haría - hice una pausa - ¿Un poquito?

Sonrió resignada.

—Un poquito sí.

Los dos terminamos riéndonos y por un instante, toda la tensión desapareció.

[*]

Más tarde nos tocó limpiar una parte del salón.

La cafetería estaba casi vacía, solo quedaban dos mesas ocupadas y la música sonaba muy bajito.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.