¿que se supone que somos?

Capitulo 19. Sin pensarlo

"Hay palabras que tardan meses en salir. No porque den miedo, sino porque el corazón ya las había dicho mucho antes."

[*]

Lourdes ~

Había descubierto algo sobre Lucas.

No le gustaban las demostraciones exageradas. Ni llamar la atención. Ni ser el centro de absolutamente nada. Pero tenía un problema enorme, cuando dejaba de pensar demasiado; su verdadero yo aparecía y era ahí donde hacía las cosas más lindas.

Sin darse cuenta.

Como si para él fueran gestos completamente normales y creo que justamente por eso significaban tanto.

Llegué cinco minutos tarde. Cinco.

No era media hora. No era un desastre. Pero apenas crucé la puerta escuché una voz conocida.

—¡Llegó!

Levanté la cabeza, Tomás apoyó un repasador sobre su hombro con dramatismo.

—La dormilona decidió honrarnos con su presencia.

—No soy dormilona.

—Claro... Solo necesitás tres alarmas para despertarte.

—¡Dos!

—Ah, perdón - dijo en tono mas serio y aclarandose la gargante- Retiro lo dicho.Dos alarmas. Eso cambia todo.

Le hice una mueca.

—Sos insoportable.

—Lo sé.Y me hace muy feliz. - antes de que pudiera seguir peleándome con él, escuché otra voz.

—Lourdes.

Giré, Lucas venía desde la barra. Tenía mi delantal doblado sobre un brazo.

—Te olvidaste esto.

Lo agarré.

—Gracias.

Mientras me lo ponía levanté una ceja.

—¿Hace mucho que está ahí?

—Desde que llegué.

Tomás miró la escena con una sonrisa sospechosamente grande, después nos señaló alternativamente.

—Hace dos meses ni se hablaban. Ahora uno ya le trae las cosas al otro.

Me encogí de hombros.

—Es práctico.

—Claro. "Práctico."

Lucas bajó apenas la cabeza, yo ya conocía ese gesto. Era su forma de esconder una sonrisa.

Durante los primeros minutos casi no pudimos hablar. Entraron varios clientes juntos y cada uno salió disparado hacia un lado distinto.

—¡Mesa tres!

—¡Dos cafés dobles!

—¡Falta un tostado!

El ruido llenó toda la cafetería, aun así; había algo distinto.

Sin necesidad de decir demasiado, Lucas y yo parecíamos movernos al mismo ritmo. Él preparaba un café. Yo ya estaba buscando la bandeja. Él levantaba la vista apenas. Yo entendía qué necesitaba.

En un momento estuve a punto de entregar un café con leche.

—Lourdes.

Me giré, Lucas señaló apenas la taza.

—Esa no.

Miré el ticket. Era un té.

Solté el aire.

—Me acabás de salvar.

Él acomodó otra taza sobre la máquina.

—Lo sé.

Ni siquiera sonó arrogante. Solo tranquilo, como si fuera algo completamente normal.

Tomás pasó por atrás justo en ese momento, nos observó trabajar unos segundos; después negó con la cabeza.

—No sé qué miedo me da más. - dijo alterando la mirada entre los dos - Si ustedes dos o que ya ni se miren para entenderse.

Me reí.

—Exagerado.

—No exagero. Comparten cerebro.

Lucas siguió preparando cafés pero juraría que volvió a esconder una sonrisa.

Cuando finalmente bajó el movimiento, aproveché para acercarme a la barra.

—¿Dormiste? - pregunté mientras limpiaba una taza. Lucas tardó un segundo en responder.

—Más o menos.

Lo miré. Tenía unas ojeras suaves. No enormes, pero estaban. Además había algo raro, desde que había llegado ya lo había visto mirar la hora varias veces.

No era propio de él.

—¿Todo bien?

Asintió demasiado rápido.

—Sí. Dormí poco, nada más.

No insistí. Ya conocía esa expresión. La que usaba cuando no quería hablar de algo y porque también había aprendido que, con Lucas; empujar nunca funcionaba. Prefería esperar.

Durante el descanso saqué el celular. Había grabado algunas tomas esa mañana para un video y quería aprovechar esos veinte minutos para editarlas. Me puse los auriculares, abrí la aplicación y desaparecí del planeta.

No escuché cuando Tomás se fue. Ni cuando Sofía volvió al salón. Ni cuánto tiempo pasó. Solo levanté la vista cuando terminé de acomodar un corte; había una medialuna apoyada al lado del teléfono.

Fruncí el ceño.

Miré alrededor, Lucas estaba ordenando unas cajas cerca del depósito.

—Che...

Él levantó la vista y le señalé la medialuna.

—¿Eso apareció por generación espontánea?

Negó.

—La dejé hace un rato.

—¿Por qué no me avisaste?

Se encogió apenas de hombros.

—Estabas concentrada.

Me quedé unos segundos mirándolo.

—Me olvidé de comer.

—Ya sé.

Lo dijo con una naturalidad que me desarmó por completo. Como si llevara meses sabiendo que, cuando editaba videos, el resto del mundo dejaba de existir, y probablemente fuera verdad.

Sonreí bajito.

—Gracias.

Él solo asintió.

Como si dejarme una medialuna fuera la cosa más normal del universo pero no lo era. Al menos no para mí.

Porque esos gestos chiquitos, esos que nadie veía; eran justamente los que más me hacían sentir querida.

[*]

La tarde cayó mucho más tranquila.

Después del caos de la mañana, la cafetería volvió a ese ritmo pausado que tanto me gustaba. Había pocas mesas ocupadas. El aroma a café seguía llenando el salón y por primera vez en todo el día; podíamos respirar.

Estaba limpiando una mesa cuando empecé a buscar mi repasador.

Miré debajo del mostrador, después sobre la cafetera, dentro de un cajón.

Nada.

—¿Qué buscás?

Levanté la vista, Lucas estaba apoyando unas tazas limpias.

—Mi repasador.

Siguió mirándome unos segundos, después levantó una mano muy despacio. Señaló mi hombro; giré apenas la cabeza. El repasador estaba colgado ahí, desde hacía quién sabía cuánto.

Cerré los ojos.

—No digas nada.

Él hizo un esfuerzo enorme por mantener la cara seria.

—No iba a decir nada.

Lo miré.

—Mentiroso.

—Un poquito. - agarré el repasador y le pegué muy despacito en el brazo.




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