¿que se supone que somos?

Capitulo 13. Lo que no se dice en voz alta

"Hay personas que esconden el dolor detrás del silencio. El problema es que, cuando uno aprende a escuchar de verdad, el silencio también empieza a hablar."

[*]

Lucas ~

Siempre pensé que el cansancio era algo físico, algo que se acumulaba en el cuerpo. En los pies, brazos o incluso en la espalda, pero hay otro tipo de cansancio; uno que no se ve.

No duele de forma puntual, no tiene un lugar exacto; solo esta, como un ruido constante que nunca termina de apagarse.

Esa mañana me desperté antes de que sonara el despertador.

Otra vez.

No por costumbre y no por disciplina, solo porque no estaba durmiendo bien desde hacía días. Me quedé unos segundos mirando el techo, sin moverme; solo escuchando el silencio del departamento.

El tipo de silencio que no tranquiliza, sino el que te recuerda que estás solo con tus pensamientos.

Me levanté sin apuro.

Ducha.

Ropa.

Café.

Las mismas cosas de siempre, funcionando en automático.

Cuando salí a la calle, el aire estaba más frío que los días anteriores, el invierno empezaba a sentirse en serio. Metí las manos en los bolsillos mientras caminaba y pensé en no ir por el camino habitual, no sé muy bien por qué, solo lo pensé y lo hice.

El café todavía no había abierto cuando llegué.

Eso me gustaba.

El lugar vacío tenía otra energía, más tranquila, más controlable.

Empecé a acomodar las tazas, a limpiar el mostrador; a preparar lo de siempre sin pensar demasiado; unos minutos después, la puerta se abrió detrás mío.

No tuve que girarme para saber quién era.

—Buen día.

Lourdes.

—Llegué temprano.

—Llegaste… puntual.

—Eso suena menos emocionante.

Me giré.

Estaba con el pelo un poco húmedo,una bufanda mal puesta y café en mano.

—¿Dormiste? - la pregunta salió antes de pensarla.

Ella dudó medio segundo.

—Sí.

Mentira.

Se notaba pero no insistí.

—Hoy tengo idea nueva de contenido —dijo de repente mientras dejaba su bolso—.

—Eso no suena descansado.

—No necesito descansar para tener ideas.

—Deberías.

Me miró como si la hubiera insultado.

—Eso fue muy adulto de tu parte.

—Lo sé.

[*]

El turno empezó como siempre.

Pedidos.

Café.

Gente entrando y saliendo.

Ruidos de máquinas.

Pero había algo distinto o quizá era yo, porque cada tanto me descubría mirándola sin razón, como si comprobar que estaba ahí fuera necesario.

En un momento, mientras limpiábamos una mesa, Tomás se acercó.

—Che, Lucas.

—¿Qué?

—Hoy estás más callado de lo normal.

Me encogí de hombros.

—Estoy igual.

Tomás me miró como si no me creyera.

—Ajá.

No insistió, pero no se fue enseguida; se quedó un segundo mirando el salón y después a Lourdes, que estaba discutiendo con la cafetera como si fuera una persona.

—Es intensa, ¿no?

Miré hacia donde él miraba.

—Sí.

No era la palabra correcta para definir a una persona como Lourdes, pero tampoco encontré otra mejor.

—Pero está bueno —agregó Tomás después de un segundo—. Cambia el ambiente.

Lo miré.

—¿Eso es bueno o malo?

Se encogió de hombros.

—Depende de cuánto te guste el silencio.

No respondí porque no sabía la respuesta a esa pregunta.

Lourdes apareció detrás nuestro en ese momento.

—¿De qué hablan?

—De vos —dijo Tomás sin dudar.

Ella abrió los ojos.

—Eso es peligroso.

—No, tranquilo —dijo él—. Solo que sos… ruidosa.

—¡Eso no suena como un cumplido!

—No lo era.

Se rieron los dos y yo tambien sin querer.

Más tarde, cuando el local se vació un poco, Lourdes se apoyó en el mostrador.

—Te hago una pregunta seria.

—Eso también es peligroso.

—Si tuvieras que describirme en una palabra…

—No.

—¿Cómo que no?

—No voy a responder eso.

—¿Por qué?

—Porque después lo usás en un video.

—Obvio.

La miré.

—Exacto.

Se hizo un silencio corto, de esos que con ella no incomodaban, pero que conmigo antes sí.

—Igual —dijo de repente—, yo ya sé cómo te describiría.

La miré de costado.

—No.

—Sí.

—No quiero saber.

—Demasiado tarde - dijo sonriendo - Silencioso y atento.

Me quedé quieto, no dije nada.

—Y medio insoportable cuando te preguntan cosas personales —agregó - Eso suena más preciso.

No supe qué responder, otra vez, así que seguí trabajando y cuando llegó el descanso, Tomás nos alcanzó dos cafés.

—Te ves cansado —me dijo.

—Estoy bien.

Supe que no me creyó apenas se lo dije, pero nuevamente decidió no insistir, y solo se sentó; Lourdes apareció segundos después.

—Tengo una teoría nueva —dijo antes de sentarse.

Tomás suspiró.

—Otra.

—Sí.

—Decila rápido antes de arrepentirte —dije.

Ella me ignoró.

—Las personas no cambian.

La miré, Tomás también.

—¿Cómo?

—No cambian —repitió—. Solo se encuentran con cosas que les hacen ser un poco más ellos mismos.

Me quedé en silencio.

Esa frase me golpeó más de lo que esperaba.

Tomás rompió el silencio.

—Eso fue profundo.

—Gracias —dijo ella orgullosa.

—También un poco confuso —agregó él.

—Eso es lo que lo hace profundo.

No dije nada, pero me quedé pensando en eso el resto del día y en algo más; en que Lourdes hablaba como si no tuviera miedo de lo que decía, como si las palabras no pesaran.

Y yo; yo en cambio hacía todo lo contrario.

[*]

La tarde empezó más tranquila.

Después del horario del almuerzo, el café siempre tenía ese pequeño respiro donde los clientes disminuían y todos aprovechábamos para ordenar un poco el salón.

Tomás estaba acomodando unas cajas cerca del depósito, Sofía revisaba unas planillas y yo limpiaba la máquina de café mientras Lourdes secaba unas tazas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.