¿que se supone que somos?

Capitulo 14. Un lugar extraño

"Hay sentimientos que uno intenta explicar con lógica. El problema es que el corazón nunca fue muy bueno siguiendo reglas."

[*]

Lucas ~

Siempre pensé que uno terminaba conociendo a las personas por repetición.

No hacía falta preguntar demasiado, al cabo de un tiempo, uno aprendía. Sabía quién llegaba siempre cinco minutos antes, quién necesitaba un café antes de empezar a hablar, quién saludaba con un gesto de la cabeza y quién entraba como si estuviera inaugurando el día.

Con Lourdes ya me pasaba.

Podía imaginar exactamente cómo iba a entrar incluso antes de escuchar la puerta y por alguna razón siempre acertaba.

La campanita del local sonó.

—¡Buen día!

Levanté la vista.

Entró sosteniendo una bolsa de papel por encima de la cabeza como si acabara de ganar un premio.

—¡Traje desayuno!

Tomás apareció casi instantáneamente.

—¿Para todos?

—Obviamente.

—Entonces hoy sí te perdono llegar despeinada.

Ella se llevó una mano al pelo.

—¡No estoy despeinada!

Tomás la observó unos segundos.

—Claro - dijo alargando la palabra unos minutos - Entonces un tornado te peinó antes de salir de tu casa.

—Fue un tornado muy artístico.

—Fue muy violento.

Ella hizo una mueca exagerada.

—Qué poca sensibilidad.

Las risas aparecieron enseguida.

Lourdes empezó a repartir las medialunas una por una y cuando llegó hasta mí, me extendió una.

—Tomá.

La agarré.

—Gracias.

Ella negó con la cabeza.

—No me agradezcas, la próxima vez invitás vos.

La miré.

—Eso sonó mucho menos solidario de lo que parecía.

—Exactamente.

Sonrió satisfecha y siguió caminando.

La vi ofrecerle otra a Sofía, otra a Tomás y quedarse con la más chiquita para ella.

—¿Por qué te quedaste con esa? —preguntó Sofía.

—Porque repartir también implica sacrificios.

—Mentira —contestó Tomás—. Te la dejaron porque era la única quemada.

—No arruines mi discurso.

[*]

La mañana empezó tranquila.

Había pocas mesas ocupadas y el aroma a café recién molido llenaba todo el salón.

Era uno de esos días donde el trabajo encontraba un ritmo cómodo y mientras preparaba un pedido, Lourdes apareció a mi lado.

—Tengo una duda existencial.

—¿Otra?

—Sí.

Se apoyó sobre el mostrador.

—¿Por qué las tostadas siempre caen del lado de la manteca?

Pensé un segundo.

—Gravedad.

Me miró con absoluta decepción.

—Qué aburrido sos.

—¿Esperabas otra respuesta?

—No sé, algo más mágico.

—Entonces consultale a Tomás.

Ella giró enseguida.

—¡Tomás!

Él levantó la cabeza desde la caja.

—¿Qué pasó ahora?

—¿Por qué las tostadas caen del lado de la manteca?

Tomás no dudó ni un segundo.

—Porque la vida disfruta humillándonos.

Lourdes abrió los brazos.

—¡¿Ves?! - dijo emocionada - ¡Eso quería escuchar!

Me señaló con un dedo.

—Aprendé.

Negué con la cabeza mientras seguía preparando el café.

—No prometo nada.

Con el correr de las horas me di cuenta de algo curioso.

Ya conocía bastante bien sus costumbres, sabía que siempre acomodaba el delantal dos veces antes de empezar, que decía "permiso" aunque nadie estuviera estorbándola, que revisaba tres veces cada pedido antes de llevarlo y que, cuando estaba nerviosa, empezaba a hablar todavía más rápido de lo normal.

Era extraño.

No recordaba exactamente cuándo había empezado a notar esas cosas, solo sabía que ya las esperaba y que cuando alguna no ocurría, la extrañaba un poco.

[*]

Cerca del mediodía el local empezó a llenarse.

Los pedidos se acumulaban.

Las máquinas no paraban.

Los vasos desaparecían con una velocidad impresionante.

—Lucas.

Levanté la vista.

—¿Sí?

—¿Me alcanzás esos platos?

Los señalo con la cabeza.

—Los de arriba.

Ella intentó estirarse.

No llegaba.

Volvió a intentarlo.

Tampoco.

Me acerqué, agarré dos platos y se los alcancé.

—Gracias.

—De nada.

Los recibió con una sonrisa.

—Un día voy a crecer cinco centímetros.

—No contaría con eso.

—Qué poca fe me tenés.

—Experiencia.

Ella hizo una mueca.

—Qué mala influencia sos.

El movimiento recién empezó a disminuir una hora después.

Tomás estaba limpiando una mesa, Sofía revisaba unos pedidos y Lourdes tarareaba una canción mientras acomodaba cucharitas.

Me llamó la atención.

—¿Estás de buen humor?

Ella levantó la vista.

—Muchísimo.

—¿Por?

Pensó un momento.

—No sé - dijo encogiendose de hombros - Dormí bien, el video de ayer funcionó, traje medialunas y todavía no rompí ninguna taza.

—Todavía.

Me señaló.

—Siempre tan optimista.

—Realista.

—Pesimista.

—Preventivo.

Ella soltó una risa.

—Voy a escribir eso. "Lucas, treinta años, preventivo."

—No tengo treinta.

—Detalles.

[*]

En ese momento la puerta volvió a abrirse.

Sofía entró acompañada por un chico que ninguno conocía.

Era alto, de pelo oscuro y llevaba el delantal doblado bajo el brazo.

Esperó junto a ella mientras todos levantábamos la vista.

—Chicos —dijo Sofía—, él es Nico. Va a cubrir algunos turnos con nosotros esta semana mientras reemplaza a Agus.

El chico sonrió enseguida.

—Mucho gusto.

Fue saludando uno por uno.

Tomás.

Yo.

Después Lourdes.

Ella le sonrió con la misma naturalidad con la que saludaba a cualquiera.

—Bienvenido al caos.

Nico soltó una risa.

—Mientras sobreviva al primer día, me conformo.

—Nadie sobrevive al primero. Sobrevivís al segundo.

Él volvió a reírse.

—Eso me da muchísima tranquilidad.

Lourdes empezó a explicarle dónde estaban las cosas.




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