"Hay noches que no cambian tu vida de golpe. Solo hacen que, al día siguiente, ya no quieras volver a la vida que tenías antes."
[*]
Lourdes ~
No entendía por qué estaba tan nerviosa.
No era una entrevista, no iba a grabar ningún video; ni siquiera era un evento importante.
Era una salida con mis compañeros de trabajo.
Nada más.
Y sin embargo llevaba veinte minutos cambiándome de ropa.
—No puede ser tan difícil vestirse para ir a comer una pizza —murmuré frente al espejo.
Me puse una campera, me la saqué, probé otra y tampoco.Termine soltando un suspiro, muy dramatico y me dispuse a pedir ayuda.
Agarré el celular.
LOURDES: Vale, necesito ayuda.
La respuesta llegó enseguida.
VALE: ¿Qué pasó ahora?
LOURDES: No sé qué ponerme.
Tres puntitos.
Después...
VALE: ¿Es una salida del trabajo... o va Lucas?
Fruncí el ceño.
LOURDES: Las dos cosas.
Cinco segundos.
VALE: Ajá.
LOURDES: No hagas ese "ajá".
VALE: ¿Cuál?
LOURDES: Ese.
VALE: El de "te gusta un chico y todavía no te diste cuenta".
Abrí mucho los ojos.
LOURDES: Callate.
VALE: Nunca.
Solté una risa justo cuando mi mamá apareció apoyada en el marco de la puerta.
—¿Todavía no saliste?
—Estoy... decidiendo.
Miró toda la ropa desparramada sobre la cama; después me miró a mí.
—Se nota.
Entró despacio hasta el placard y empezó a revisar los percheros como si supiera exactamente lo que estaba buscando hasta que sacó un buzo color crema y me lo alcanzó.
—Este.
Lo miré con desconfianza.
—¿No es muy simple?
Mi mamá soltó una risa.
—Lourdes, vas a comer pizza. No a recibir un premio.
Reí.
—Tenés un punto.
Mientras me cambiaba, sentí su mirada.
—¿Va ese chico?
Me hice la distraída.
—¿Qué chico?
—El que hace que tardes media hora en elegir un buzo.
Sentí que las mejillas me empezaban a arder.
—Es un compañero.
—Claro.
No dijo nada más pero esa sonrisa; esa sonrisa suya decía demasiado.
Lucas ~
Ya tenía las zapatillas y campera puesta, las llaves en el bolsillo y ya estaba listo; lo unico que me faltaba era salir por la puerta, pero por algún motivo seguía sentado en el borde de la cama.
No era que no quisiera ir, queria, solo que salir siempre me costaba un poco. Prefería los lugares, horarios y rutinas conocidas.
El celular vibró.
Tomás: Estoy abajo.
Solté el aire lentamente; cinco segundos después sonó el timbre y junte toda mi fuerza de voluntad para ir y abrir la puerta.
Tomás me miró de arriba abajo.
—¿Hace mucho que estás listo?
Lo pensé un segundo.
—Diez minutos.
Levantó una ceja.
—Mentiroso.
Bajé la vista.
—Quince.
Se rió.
—Si no venía a buscarte, inventabas alguna excusa.
Negué con la cabeza.
—No - dije intentando parecer honesto, no resulto - Bueno, capaz sí.
Me dio un golpecito en el hombro.
—Dale, hay gente esperándonos y una persona en particular que se va a poner triste si no aparecés.
Solte un suspiro y decidi que lo mejor era no responder, asi que saque las llaves y salimos; mientras bajábamos por el ascensor, sentí el celular vibrar otra vez.
Lourdes: ¿Ya saliste?
Sonreí apenas.
Escribí:
Lucas: En camino.
La respuesta llegó antes de que guardara el teléfono.
Lourdes: Bien. No me dejes sola con Sofía y Nico porque me hacen bullying.
Leí el mensaje dos veces; después escribí:
Lucas: No exageres.
Tres puntitos.
Lourdes: Sí exagero, pero igual vení.
Guardé el celular en el bolsillo y no respondí; no hacía falta total, quisiera o no, ya estaba yendo.
[*]
Llegamos al bar unos minutos antes que el resto. Era un lugar chico, con mesas de madera, luces cálidas y ese olor a pizza recién hecha que hacía imposible no tener hambre.
Tomás eligió una mesa larga, cerca de una ventana.
—Acá.
Nos sentamos y despues de unos minutos fueron llegando Sofía, Nico y los demás.
El ruido empezó a llenar el lugar de a poco, hasta que la puerta volvió a abrirse; levanté la vista casi por costumbre y era Lourdes. Entró acomodándose una manga del buzo mientras buscaba a todos con la mirada, cuando finalmente nos encontró, sonrió y por alguna razón sentí que recién ahí empezaba realmente la noche.
—¡Perdón! —dijo mientras llegaba hasta la mesa—. El colectivo decidió hacer turismo.
—Cinco minutos tarde —dijo Tomás mirando el reloj.
—Eso es puntualidad para Lourdes.
Todos se rieron, incluso yo pero al parecer eso fue un acto de traicion, ya que no pudo evitar mirarme fijamente.
—¿Vos también?
Me encogí apenas de hombros.
—Tiene razón.
Abrió la boca, indignada.
—No esperaba esto de vos.
—Yo sí. - y verla hacer esa mueca exageradamente ofendida hizo que se me escapara otra sonrisa.
Tomás me miró de reojo y no dijo nada pero alcancé a ver esa expresión que ya empezaba a conocer, como si estuviera guardándose algún comentario para más adelante.y tuve la sensación de que no me iba a gustar cuando decidiera hacerlo.
Lourdes ~
La pizza llegó antes de que pudiera seguir pensando por suerte porque necesitaba desesperadamente que mi cerebro se ocupara de otra cosa.
—Bueno, basta de hablar —dijo Sofía mientras agarraba la primera porción—. El que tarda pierde.