¿qué sigue ahora?

Capítulo I - No hay problema

Nunca estuve listo para soltar y, sin embargo, como a muchos en esta vida me obligaron a ver aquella parte de mí ser destruida de golpe. No como un martilleo constante que abre una grieta tras otra hasta que inevitablemente algo se rompe. No, en mi caso fue un lanzamiento, uno cuya caída en picada terminó en un desastre de mil y un piezas. ¿Alguna vez has visto un vidrio templado quebrarse? No se desquebraja en partes irregulares, este se dispersa como si fuese una lluvia y, por más que intentes recoger todas las partes una a una, es inevitable que algo terminará faltando, que aquello ya no puede ser reconstruido, tratar de arreglarlo solo prolonga el sangrado.

ABRIL, 2025

- No sé cómo dejar de sentir que me arrancaron el alma. - Le comenté a la Dra. Paola, no sé en qué cita estaremos, pero a veces siento que ya debe estar harta de escuchar lo mismo cada semana- cada parte de mí pareciera gritar de dolor, como si todo antes de ella nunca hubiese existido, como si no supiera que es ser yo mismo.
- ¿Estás seguro que entonces eso fue amor? - La doctora Paola mantenía sus ojos fijos en mí, su voz extrañamente siempre me traía algo de alivio y, así mismo, mucho sueño.- Mira cómo estás, tienes los ojos hinchados de llorar por varios días, tus manos siguen temblando desde que entraste y, cada vez que hablas de algo relacionado a cómo han seguido las cosas no puedes evitar quebrar en llanto. ¿Qué clase de amor te deja en un estado tan deprimente?

Pensé por varios segundos la respuesta, caminando en mi mente a través de cada memoria, analizándola y tratando de encontrar un fragmento.

- No lo sé. - y en verdad no lo sabía pues las últimas noches había estado en vela tratando de encontrar la solución al enigma de "¿por qué?"- ¿y si en realidad nunca merecí ser amado de vuelta y esto es simplemente lo que merecía?
- Todos merecemos ser amados. No es cuestión de ser una buena o mala persona pues ese concepto de lo que es correcto y lo que no siempre se verá afectado según la perspectiva de todos, no puedo decirte que ella es una mala persona pues no la conozco y solo tengo tu relato para tratar de hacerme una idea de quién es. Pero en lo que te he conocido a ti, puedo decir con seguridad que por supuesto que mereces ser amado.

Quizás tenía razón, pero esa sensación amenazaba con instalarse en mi pecho y recordarme de alguna manera que jamás iba a ser suficiente.

- Tu mente está enfrascada en una realidad que tú mismo estás inventando, un presente que solo vive en aquello que estás sintiendo y que has permitido tome el control. Eras Alán antes de ella, eres Alán ahora y lo seguirás siendo. Eres alguien que se ha esforzado por intentar entrar a una carrera que muchos anhelan mientras estudias otra que también es el sueño de quién sabe cuántos. Estás rodeado de aquellos que te aman y se han quedado no por lástima, sino por el amor, cariño y porque generas paz en ellos como ellos en ti. - La doctora se inclinó un poco y sentí cómo ya mis mejillas estaban húmedas de las lágrimas que seguían deslizándose- eres suficiente Alán, siempre lo has sido y estás rodeado de amor, solo tienes que construir el tuyo.

Amor propio... dos palabras. Un único significado. Lo comprendo y aconsejo pero sigo sin lograr llegar a él. Esa parte de "construir el tuyo" suena tan maravillosa, ¿entonces por qué sigo aquí atascado? ¿qué mierda he hecho mal? seguir los pasos uno tras otro no te asegura un resultado y, a este paso, me siento más cerca de una soga que de siquiera tener un cimiento para lograrlo. Si lo hubiera construido, ¿se habría quedado? ¿Dejaría de sentirme así? ¿Merecería que volteara a mirarme y decidiera que si valgo la pena?

Vista borrosa, hiperventilación, temblores en las manos. Bien. Perfecto, lo que me faltaba. Mientras la doctora está hablándome trato de perderme en lo que veo "café, lila, calle, esa mesa tiene una hendidura como si la hubieran golpeado, ¿habrá entrado alguien violento alguna vez? Ese libro se ve complicado, agenda, tiene un nombre, no sé qué dice ahí, estoy roto, me merezco todo lo que estoy sintiendo, no sé qué hacer con mi vida, no soy suficiente, respira, respira, respira..."

- Alán, respira.

Trato de seguir su voz con tal de calmarme. Respira, hasta ahora caigo en cuenta que ella sostiene mis manos, empiezo a concentrarme en la sensación "aspera, tibia", sosténlo, estoy en el consultorio, vine a terapia. Exhala. Repite.

No sé cuánto tiempo estuvimos en este ejercicio, pero una vez volví a la calma solo quería escapar, llegar a mi cama y caer como una piedra que nadie pudiese despertar (esperando que esta vez pudiese descansar sin pasar en vela más días de los que ya había estado.) Antes de marcharme la doctora preguntó algo, puede que haya sido importante, pero ya no estaba siendo yo. Era como si mi cuerpo estuviera bajo su propio mando buscando la forma de volver a casa, así que eso no incluía la quién sabe cuántas reflexiones de todo lo que había pasado solo en este mes.

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Manejar siempre había sido una forma de permitirme sentir a flor de piel todo, solo que sin dejar una gota de sentimiento adentro. A pesar de las advertencias de la dra. Paola cada vez que le comentaba el alivio con el que venía acompañado esta actividad, estuve una y otra vez lanzándome a 100 km/h en cada curva inclinando la moto de formas donde sería normal que, después de una caída, terminase hasta con el culo raspado. Nadie te cuenta que gritar tu canción favorita (o simplemente gritar estupideces al aire) mientras manejas es terapéutico, un desahogo que la mayoría de profesionales preferirá evitar por los riesgos gigantescos de convertirte en un pure depresivo como me gusta llamarle.

Pero incluso después de sacarlo todo, aún queda una parte aferrada a pensar.

¿Y si me estrello de una puta vez?



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En el texto hay: ruptura, anecdotas, terapia

Editado: 11.03.2026

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