El olor a pintura acrílica y adrenalina todavía nos perseguía cuando la puerta del ascensor se abrió con un ding casi imperceptible. No habíamos hablado en todo el trayecto desde el callejón. Lucas mantenía esa sonrisa de medio lado, frotándose distraídamente una mancha gris en el dorso de la mano, mientras yo intentaba calmar el martilleo de mi pulso.
Nunca había llevado a nadie allí. Era mi refugio. Mi blindaje contra el mundo cuando la presión de ser "la Gala perfecta" se volvía insoportable
- ¿Un ático?- preguntó Lucas, arqueando una ceja cuando salimos al pasillo alfombrado.
Saqué la llave del bolsillo, sin contestar, la giré en la cerradura y empujé la puerta. El apartamento estaba en penumbra, olía a madera y a limpio, un contraste brutal con el olor a spray de hacía diez minutos. No nos detuvimos en el alón, fuimos directos a las puertas acristaladas que daban a la terraza.
Al abrirlas, el sonido sordo de Madrid nos envolvió. Pero no era el Madrid de aquella mañana de atascos y pitidos; el Madrid de las luces. La Gran Vía se extendía bajo nosotros como un río de neón y oro, las luces de los coches dibujaban estelas rojas y blancas y el edificio de Telefónica lo vigilaba todo como un centinela.
- Bua...- Lucas se quedó congelado en el umbral. Por primera vez, desde que lo conocía, su templanza habitual había quedado sustituida por puro asombro-. Esto es... increíble. Gala, en serio.
- Pensé que a un artista como tu le gustaría esta belleza. Es mi sitio- confesé, avanzando hasta la barandilla de cristal. La brisa fresca y nocturna de Madrid me golpeó la cara-. Aquí arriba el mundo parece más pequeño. Menos complicado.
Se acercó a mí, lo suficiente como para que sintiese el calor de su cuerpo. Había tal altura que el neón de la ciudad se mezclaba con las estrellas más brillantes. Lucas siempre causaba una corriente eléctrica en mí. Un impulso tan incontrolado como desconocido.
- Me alegra haber sido tu primer cómplice de vandalismo y , ahora, tu invitado aquí-. dijo con voz suave, mirando hacía la ciudad y luego a mí. Sus ojos reflejaban los destellos de Madrid.
Sentí una punzada en el estómago. Una punzada peligrosa de complicidad. Estaba surcando un terreno desconocido por el que no me sabía mover.
- No te acostumbres- fue todo lo que alcancé a decir.
Él soltó una carcajada limpia, relajando la tensión que comenzaba a acumularse.
- Vaya, así que también puedes ser graciosa- dijo, apoyando los codos en la barandilla sin dejar de mirarme-. Me gusta este sitio, Gala. Gracias.
Él me miraba y yo, una vez más, había olvidado respirar. Sentí una presión súbita en el pecho, un nudo invisible que se apretó justo cuando sus ojos volvieron a clavarse en los míos. Así que hice lo único que podía hacer... huir.
Crucé el salón, todavía en penumbras, y fui hacia la cocina. El silencio del interior no consiguió relajarme en absoluto. Agarré un par de refrescos de la nevera y, justo al lado de la puerta acristalada que daba a la terraza, vi el panel domótico que controlaba el exterior. Toqué la pantalla táctil y pulsé el botón de "Apertura de Cubierta". Quería que Lucas apreciase el reflejo del cielo estrellado sobre el agua de la piscina.
Mientras tanto, fuera, Lucas había empezado a curiosear por aquella terraza tan imponente. Sus ojos, se habían ido directos a la enorme estructura rectangular que ocupaba un lateral de la terraza. Con la lona tensa, oscura y completamente rígida, a él le pareció la plataforma perfecta , una especie de escenario elevado donde tumbarse a ver las estrellas. Le pareció una buena idea hacerlo, por lo que , sin pensarlo dos veces, se subió de un salto, plantándose justo en el centro con las manos en los bolsillos, admirando las vistas como si fuera el rey del mundo.
Justo en ese segundo, empujé la puerta de cristal con el hombro, sosteniendo las dos latas de refresco en las manos.
—Ya estoy aquí...
No pudo terminar la frase. Un engranaje oculto empezó a emitir un leve sonido mecánico.
Lucas no se dio cuenta de lo que pasaba hasta que la superficie bajo sus pies se movió. La lona comenzó a retraerse automáticamente, como el telón de un escenario. Lucas abrió los ojos de par en par, perdiendo el equilibrio al instante. Intentó dar un paso hacia atrás para volver al suelo firme de la terraza, pero la cubierta ya se había desplazado demasiado rápido.
El vacío apareció bajo sus zapatillas. Lo siguiente fue un chapuzón monumental, sonoro y absoluto. El agua de la piscina saltó como una ola gigante que lo inundó todo.
- ¡¡JODER!!- emergió Lucas un segundo después, resoplando, con el pelo empapado pegado en la cara y los brazos abiertos para flotar-. ¡¿Pero qué coño?!
Solté las dos latas, asustada, y corrí hacia el borde. con las manos en la boca.
- ¡Lucas! ¡Dios mio, lo siento!¡No sabía que estabas ahí subido!- exclamé, con los ojos como platos.
Él se frotó la cara para quitarse el agua, escupió un chorro y me miró con cara de indignación. Le miré fijamente y quise sentir arrepentimiento , de verdad que quise, pero solo pude doblarme por la mitad, agarrándome el estómago, y solté una carcajada tan grande qué su cara de indignación se convirtió en asombro. Me reía tanto, que me faltaba el aire.
- ¡Lo siento..., perdóname! ¡Es..que..tendrías que haber visto tu cara!-conseguí decir entre lágrimas-. ¡Te ha tragado una piscina!
Lucas seguía observándome, serio, intentando mantener el orgullo , pero mi risa debía de ser contagiosa porque terminó soltando una carcajada. S e echó el pelo hacia atrás, resignado, mientras flotaba.
-Vale, acepto mi destino. Me lo merezco por meterme donde no me laman - admitió, riéndose con ganas-. Pero no te quedes ahí disfrutando de mi desgracia, anda. Ayúdame a salir, que empiezo a tener frío.
Secándome las lagrimas de los ojos, me arrodillé en el borde de la piscina. Le tendí las dos manos, inclinándome hacia el agua.
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Editado: 11.06.2026