Quemaduras de anhelo : ecos del verano

Cap 3 inesperado

La mañana siguiente desperté antes que todos. Durante unos segundos no recordé dónde estaba. El techo era distinto, las cortinas dejaban entrar una luz más intensa que la de mi habitación en casa, y el silencio tenía otro ritmo.

Tardé un poco en sentarme en la cama. Respiré hondo. Estaba aquí.

Bajé a la cocina y encontré a Elvira preparando café. El olor era fuerte, familiar. Me sonrió con esa calma que siempre tenía, como si nada en el mundo pudiera desordenarla.

—Dormiste bien —dijo más que preguntó.

Asentí. No era mentira, pero tampoco era del todo cierto. Había soñado cosas inconexas. Aeropuertos. Risas. Una puerta que se abría y nunca mostraba quién estaba detrás.

Ángela bajó poco después, despeinada, con esa energía suya que llenaba los espacios sin esfuerzo. Habló durante el desayuno de cualquier cosa: una serie que estaba viendo, un profesor insoportable, el clima. Yo escuchaba, participaba, reía cuando debía.

Elvira mencionó casualmente:

—Vernon dijo que pasaría hoy por la tarde.

Fue una frase simple. Pero sentí cómo algo pequeño se tensaba dentro de mí.

No respondí nada. Solo tomé un sorbo de jugo.

La tarde llegó más rápido de lo que esperaba. Me cambié dos veces antes de decidirme por algo sencillo. Nada especial. No quería que pareciera que lo había pensado demasiado.

Estaba en la sala cuando escuché la puerta abrirse.

Risas.

Una voz femenina que no reconocí.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente. Me quedé quieta.

Vernon entró primero, hablando mientras sostenía algo en la mano —un cuaderno, creo— y detrás de él venía una chica de cabello suelto, sonriendo.

—Te lo devuelvo porque si no luego dices que me lo robo —decía ella, riendo.

Todo parecía… normal.

Demasiado normal.

No estaban tomados de la mano. No había nada evidente. Solo cercanía cómoda. Natural.

Por un segundo, muy pequeño, sentí algo incómodo en el pecho. No era rabia. No era celos exactamente. Era esa sensación extraña de no saber si uno está entrando en una escena que ya estaba empezada.

Ángela seguía mirando su teléfono. Elvira salió de la cocina saludando como si fuera lo más cotidiano del mundo.

Y entonces Vernon levantó la mirada.

Primero vio a Ángela.

Su expresión cambió levemente.

Luego me vio a mí.

Y el tiempo hizo algo extraño.

Se quedó completamente inmóvil. La sonrisa que tenía se desarmó, no por incomodidad, sino por sorpresa real. Como si su cerebro necesitara unos segundos para acomodar la imagen frente a él.

—¿Circe?

No fue fuerte. No fue teatral. Fue casi incrédulo.

La chica miró entre nosotros, confundida.

—Clara —dijo él, sin apartar la vista de mí— luego hablamos, ¿sí? Gracias por traerlo.

Fue rápido. Torpe, incluso. Ella asintió, se despidió de Elvira y salió sin que nadie hiciera mayor comentario.

La puerta se cerró.

Y el silencio que quedó fue distinto.

Vernon dio un paso hacia mí, como si todavía estuviera procesando.

—No sabía que ya estabas aquí.

—Llegamos ayer —respondí, intentando que mi voz sonara estable.

Nos quedamos mirándonos un segundo más de lo necesario. Luego se acercó y me abrazó.

Fue breve.

No frío.

No distante.

Pero contenido.

Sentí su respiración cerca de mi oído. Su mano en mi espalda. Y luego se separó, como si no supiera cuánto tiempo era el adecuado.

—Pensé que llegabas la próxima semana —murmuró.

—Cambió el plan.

Asintió, todavía mirándome como si estuviera confirmando que yo era real.

La conversación siguió. Normal. Comentarios simples. Preguntas básicas. Ángela intervino un par de veces con bromas ligeras. Elvira habló de la cena. Todo parecía encajar en la categoría de “día cualquiera”.

Pero no lo era.

Más tarde, ya en mi habitación, me senté en la cama y repasé el momento.

No me había dolido verlo con alguien más. No realmente.

Solo me hizo entender algo.

Él tenía una vida aquí.

Rutinas.

Personas.

Momentos en los que yo no existía.

Y yo acababa de entrar en medio de todo eso.

No sabía si lo que sentí fue celos.

Fue más bien la sensación de estar intentando encontrar mi lugar en una historia que ya estaba en marcha.

Y no estaba segura de cuál era mi papel.




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