Quemaduras de anhelo : ecos del verano

Cap 12 otra vez

El aeropuerto estaba lleno de ruido. Maletas rodando, voces mezcladas en distintos idiomas, anuncios por los altavoces que nadie parecía escuchar realmente.

Pero para mí todo se sentía extraño, como si el mundo estuviera ligeramente desenfocado.

Porque Vernon estaba ahí.

Lo vi acercarse entre la gente con ese paso tranquilo que siempre tenía, las manos en los bolsillos de su chaqueta y el cabello ligeramente despeinado por el viento de afuera. Cuando nuestros ojos se encontraron, sentí ese pequeño tirón en el pecho que llevaba sintiendo desde hacía días.

Ese que me decía que esto era real.

Ángela estaba a mi lado mientras acomodábamos las últimas cosas dentro de mi maleta de mano. Cerré el cierre despacio, como si alargar ese momento pudiera retrasar lo inevitable.

—Circe —dijo Ángela suavemente.

Levanté la mirada.

Había algo diferente en su expresión. No parecía molesta, ni incómoda. Era… tranquila. Comprensiva.

Casi maternal.

—Hay algo que quiero decirte antes de que te vayas.

Mi corazón dio un pequeño salto.

Ella apoyó una mano sobre mi hombro con suavidad.

—No te asustes. No es nada malo.

Respiré un poco más tranquila.

—Hace unos días… escuché algo. Sin querer.

Sentí cómo mi estómago se apretaba.

—Una conversación entre tú y Vernon.

El mundo pareció quedarse en silencio por un segundo.

No dijo nada más al principio. Solo me miró, como si quisiera asegurarse de que entendiera algo importante antes de seguir.

—No dije nada —continuó— porque no quería intervenir.

Sus ojos eran increíblemente suaves cuando habló.

—Circe… yo no los juzgo.

Sentí que la presión en mi pecho se aflojaba poco a poco.

—A ninguno de los dos.

Suspiró levemente.

—A veces las cosas simplemente pasan. Los sentimientos no siempre siguen las reglas que la gente espera.

La miré sin saber qué decir.

—Si algún día deciden hacerlo público… si de verdad se quieren… yo voy a estar de su lado.

Sus palabras no tenían drama. No tenían reproche.

Solo verdad.

Me sorprendí sintiendo un pequeño ardor en los ojos.

—Gracias… —murmuré.

Ángela sonrió un poco.

Luego dio un pequeño paso atrás.

—Creo que alguien quiere despedirse de ti.

Me giré.

Vernon estaba ahí.

Había estado esperando unos metros más atrás, probablemente para darnos espacio.

Por un momento ninguno de los dos habló.

Solo nos miramos.

Sentí mi corazón golpear contra mi pecho.

Di un paso hacia él.

—Te voy a extrañar —dije en voz baja.

Él soltó una pequeña risa suave, pero sus ojos no estaban riendo.

—Yo también.

Entonces me abrazó.

Fuerte.

Sus brazos rodearon mi espalda y, antes de que pudiera reaccionar, me levantó un poco del suelo.

Solté una pequeña risa sorprendida mientras me aferraba a sus hombros.

Sentí su calor, la presión de su abrazo, su respiración cerca de mi cuello.

Olía a su colonia de siempre, esa que ya había empezado a reconocer incluso antes de verlo entrar a una habitación.

Cerré los ojos.

Quería grabar ese momento en mi memoria.

Sus manos se movieron ligeramente por mi espalda, como si quisiera asegurarse de que yo seguía ahí.

Cuando me bajó de nuevo, ninguno de los dos se separó inmediatamente.

Mi frente casi tocaba su pecho.

Podía escuchar su corazón.

O tal vez era el mío.

No sabía cuál de los dos estaba latiendo más fuerte.

Un recuerdo apareció entonces en mi mente.

La noche anterior

Estábamos sentados en mi cama, con las luces apagadas excepto por la pequeña lámpara del escritorio.

El cuarto estaba en silencio.

Habíamos estado hablando de cosas sin importancia durante un rato… hasta que me atreví a decirlo.

—Vernon…

Él levantó la mirada.

Tragué saliva.

—¿Te molestaría… si algún día viniera a vivir aquí?

Hubo un pequeño silencio.

Mi corazón latía tan fuerte que me sentía un poco mareada.

—Contigo —añadí finalmente.

Vernon me miró como si estuviera procesando la pregunta.

Y luego sonrió.

No una sonrisa grande.

Una de esas pequeñas que aparecen cuando algo te hace feliz de verdad.

Se acercó y me abrazó.

—No me molestaría para nada —murmuró cerca de mi oído.

Sus brazos me apretaron un poco más.

—Estaría muy contento.

Apoyé la cabeza en su hombro, sintiendo una calma extraña que no había sentido en mucho tiempo.

El recuerdo desapareció cuando escuché el anuncio de mi vuelo por los altavoces.

Era hora.

Miré a Vernon otra vez.

No sabíamos qué iba a pasar después.

No sabíamos cuándo volveríamos a vernos así.

Ni si algún día realmente viviríamos bajo el mismo techo.

Pero sabíamos algo.

Que esos días habían significado algo para los dos.

Di un pequeño paso hacia atrás.

Mis manos aún sostenían las suyas.

—Cuídate —dije.

—Tú también.

Soltamos nuestras manos lentamente.

Empecé a caminar hacia la zona de embarque.

Después de unos pasos, no pude evitar mirar hacia atrás.

Vernon seguía ahí.

Mirándome.

Las manos en los bolsillos otra vez.

Esperando hasta el último momento.

Sonreí un poco.

Y seguí caminando.

El futuro era incierto.

No sabía cuándo volveríamos a estar juntos así.

Pero mientras avanzaba hacia la puerta de embarque, con el corazón lleno de recuerdos, supe algo con certeza:

Lo que habíamos vivido era real.

Y nadie podría quitarnos eso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.