CAPITULO VII
A decir verdad, estaba nerviosa. No de forma exagerada o visible, pero sí de esa manera silenciosa que se queda pegada en el pecho y no se va aunque uno quiera ignorarla.
No veía a mis hermanitas desde hacía demasiado tiempo. Flora y Fauna dejaron de ser niñas en mi memoria hace años, pero al verlas ahí… entendí que el tiempo no solo las había hecho crecer, también las había alejado de mí de formas que no sabía cómo medir.
Las encontré entre la gente, cerca de la entrada del salón principal.
Y me detuve.
No lo pensé. Solo pasó.
Flora fue la primera en notarme. No cambió su expresión de inmediato, pero sí su postura, apenas un ajuste sutil, como si su cuerpo necesitara confirmar lo que sus ojos ya habían visto.
Fauna tardó un poco más. Cuando me vio, no habló. Solo se quedó quieta, observando, con esa calma suya que siempre parecía esconder algo más profundo.
Di un paso hacia ellas.
Luego otro.
Y cuando estuve frente a las dos, el mundo alrededor bajó de volumen sin que nadie lo apagara.
—Hola… —dije al fin, casi en un suspiro.
Flora parpadeó, como si todavía estuviera acomodando la idea de que era yo.
—Hola —respondió después, más suave de lo que esperaba.
Fauna no habló de inmediato. Me miró unos segundos más, con atención silenciosa, como si estuviera comparando lo que recordaba con lo que tenía enfrente.
—Llegaste —dijo finalmente, sin emoción exagerada, pero con algo en la voz que no era indiferencia.
Asentí.
—Sí.
El silencio no fue incómodo, pero sí delicado. Como si cualquier palabra mal puesta pudiera romperlo.
Flora bajó un poco la mirada y luego volvió a subirla.
—No pensé que vendrías —murmuró.
—Yo tampoco estaba segura hasta hace poco —respondí.
Eso hizo que su expresión cambiara apenas, como si esa respuesta le resultara más familiar de lo que quería admitir.
Fauna cruzó los brazos sin apretarlos demasiado.
—Se siente raro verte aquí —dijo.
No sonaba a reproche. Sonaba a verdad.
—Lo sé —admití.
Flora soltó una pequeña exhalación, casi una risa sin sonido.
—Sigues teniendo esa forma de hablar… como si pensaras demasiado antes de decir algo —comentó.
La miré un segundo.
—¿Eso es malo?
Ella negó despacio.
—No. Solo… distinto.
Fauna me observó con más detenimiento.
—Antes era más fácil descifrarte—dijo de repente.
No entendí del todo.
—¿Descifrarme?
Fauna dudó un segundo antes de responder.
—Sí… como eras. Lo que sentías. Ahora no tanto.
Eso quedó suspendido entre nosotras.
No supe qué decir de inmediato.
Flora, como si quisiera suavizarlo, intervino.
—No lo dijo de mala forma.
—Lo sé, el tiempo cambia a las personas —respondí, aunque no estaba del todo segura de qué sentir al respecto.
El aire alrededor se volvió más lento, más humano, como si poco a poco estuviéramos recordando cómo existir en el mismo espacio sin romperlo.
Fauna bajó la mirada un instante.
—Pensé que no vendrías —repitió, esta vez más bajo.
—Y yo pensé que no iba a poder hacerlo —contesté.
Flora ladeó un poco la cabeza.
—Pero estás aquí.
—Estoy aquí —confirmé.
Hubo un pequeño silencio, esta vez más cálido.
Flora dio un paso hacia mí sin pensarlo demasiado. No fue invasivo, solo cercano.
—Se siente raro… —dijo, y su voz se suavizó un poco más— pero me alegra verte.
Esa frase no venía con defensa, ni con dudas escondidas. Solo era honesta.
Fauna la miró de reojo, y luego a mí.
—Sí —añadió después de un segundo—. Se siente irreal después de tanto tiempo.
Sentí algo apretarse en mi pecho, pero no lo dejé salir del todo.
Asentí despacio.
—Yo tampoco sabía cómo iba a ser esto.
Flora soltó una pequeña sonrisa.
—Nunca es como uno lo imagina.
Fauna bajó la mirada otra vez, como si esa frase le hubiera tocado algo interno.
Y entonces, sin que nadie lo planeara del todo, Flora dio otro paso más y me abrazó.
Fue un abrazo rápido al principio, como si no estuviera segura de si debía hacerlo… pero luego se sostuvo un poco más, con más verdad.
No dije nada. Solo correspondí al abrazo.
Sentí su respiración cerca, un poco contenida pero se relajó al instante.
Cuando se separó, Fauna tardó un segundo más en moverse.
Me miró. No con duda, sino con algo más silencioso.
Y entonces también me abrazó.
No fue igual al de Flora.
Fue más largo, más como un "No te vayas nunca más"… Cosa que jamás iba a volver a suceder, no las volvería a dejar solas.
—No te pierdas otra vez —murmuró Fauna al separarse.
No sonó como una orden. Sonó como una preocupación que se le escapó sin permiso.
Asentí.
—No lo haré.—les sonreí
Flora suspiró suavemente.
—Tenemos que ir con los invitados —dijo, mirando hacia el salón, donde el ruido de la fiesta seguía creciendo.
Fauna asintió, ya más firme, como volviendo a su papel dentro de ese mundo.
Antes de irse, Flora volvió a mirarme.
—Después hablamos… ¿sí?
—Sí —respondí.
Fauna ya estaba girándose, pero antes de alejarse del todo, también me miró una última vez.
No dijo nada.
Pero no hacía falta.
Se fueron juntas, caminando entre la gente, recibiendo miradas, saludos, sonrisas de otros invitados.
Y yo me quedé ahí un momento más.
Con la sensación de que algo, por primera vez en mucho tiempo, no estaba completamente roto.