A veces, los días más comunes esconden secretos invisibles: el germen de un nuevo comienzo. Son instantes tan breves que apenas rozan la conciencia, tan inocentes que parecen no merecer atención. Y sin embargo, basta el aleteo de una mariposa para trastocar el curso entero de una vida.
Nicolás habitaba su propio universo, ajeno al giro que lo aguardaba. Durante una tarde cualquiera, mientras sus ojos seguían el entrenamiento del equipo de volaibol, un muchacho de cabello castaño se acercó con pasos temblorosos. No pronunció palabra: dejó una carta y se desvaneció en el silencio.
Ese papel, ligero como un suspiro, abrió un abismo de preguntas. Nicolás, convencido de no sentir atracción hacia otros chicos, descubrió en cambio una curiosidad persistente, un llamado inexplicable. Un mes después, aún buscaba en cada rostro la sombra de aquel remitente, sin saber que esa búsqueda lo conduciría a enfrentar sus propias emociones y a descubrir que los comienzos más profundos suelen disfrazarse de casualidad.
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La versión pasada sigue en mi perfil, y aunque prometí no cambiar demasiado, la verdad es que sí lo haré. Hay modificaciones que son completamente necesarias para la trama; incluso existen huecos que debo llenar.
Me alegra mucho regresar a escribir sobre Dorian y Nico, y espero que quien lea este libro —y esta nueva versión— los ame tanto como yo.
¡Nos vemos cada domingo!