El universo, la vida, Dios o quien sea se empeña mucho en hacer mi vida miserable, bueno, miserable no, no como tal. Llevo exactamente dos semanas buscando al chico de la carta, para mi mala suerte parece que este fue tragado por la tierra y escupido en Japón, de mínimo a mí me hubiera tragado también… la tierra, obvio, no homo.
El día que me entregó la carta le dije a mi hermano lo que había pasado y lo primero que me dijo fue «pendejo», seguido de «por eso no tienes novia», empiezo a creer que realmente soy un idiota despistado, pero cómo eso es un golpe a mi ego me excuso con el hecho de que el chico ni siquiera me hablo.
Me recargo en la entrada de la preparatoria y me enfoco en cada persona que entra. Tal vez parezco un acosador, quizás estoy siendo muy intenso, pero la curiosidad de saber quien es el chico me carcome la mente por completo. Buscarlo ha sido todo un desafío y a mí me gustan las cosas difíciles, aunque siempre espero verlo nunca lo logro. Ya sé que pedí una desgracia en mi vida, pero no me refería a esto, no quiero decir que el chico sea una desgracia, lo que es una desgracia es que no lo haya visto y que a pesar de que llevo buscando sigo sin saber nada de él.
El timbre anunciando el inicio de clases me obliga a entrar a la preparatoria y dirigirme a mi edificio.
Aunque en mis audífonos suena Everybody Wants To Rule The Word mi ánimo no sube en lo más mínimo.
Para mi mala o buena suerte mi edificio es el primero, estos se dividen por carreras y como yo soy un dios en el arte culinario —en realidad me obligaron, yo no sabía ni prender una estufa— estoy estudiando gastronomía. Noto al profesor haciendo el chequeo de su entrada y subo las escaleras lo más rápido que puedo, corro hacia mí salón y una vez llego veo a Mía y Mark peleando como siempre. El pelirrojo se calla al instante en que Mía golpea su cabeza con su libreta, muerdo mi labio inferior aguantandome la carcajada y me acerco a mí asiento. Los tres nos sentamos al fondo del salón porque es más fácil copiar en los exámenes, bueno, Mark y yo copiamos, Mía es una ñoña que se empeña en sacar diez hasta en educación física. Ambos se giran para verme.
—¿No sabes saludar? —inquiere Mark, sobando su cabeza.
—Tal vez le tenemos que hablar en chino para que nos entienda —deduce Mía y mi amigo alza las comisuras de sus labios.
—Cierto —los ojos celestes de Mark van de Mía hacía mí—. Annyeonghaseyo.
Ambos sueltan una carcajada y yo me aguanto las ganas de rodar los ojos. El profesor no tarda en entrar al salón y todos nos acomodamos en nuestros asientos.
Durante la clase Mía anota todo en su libreta, Mark hace el intento por no dormir y yo me concentro en jugar minecraft en mi celular, repetimos esto durante las siguientes clases. Cuando por fin suena el timbre anunciando la hora del almuerzo los tres nos levantamos y antes de salir corriendo Mark nos detiene.
—Esperen, quiero orinar.
—¿Y por qué nos dices? —cuestiono, divertido, acercando mi rostro al suyo con la intención de molestarlo—. ¿Quieres que te ayude?
Mark me empuja y sale corriendo del salón, supongo que al baño.
—Oh no, ya no se la podrás sacudir —Mía mofa y yo suelto una carcajada—. Deberías dejarlo en paz.
—Cuando encuentre al chico de la carta.
—Pobre, lo compadezco —ella comienza a caminar hacia afuera del salón y yo le sigo el paso—. Ojalá no tenga mala suerte como para encontrarse contigo.
—¿Estás segura de que eres mi amiga?
—Solo cuido al prójimo.
—Okay, enemiga.
Mía me empuja con su hombro y suelto una risa divertida. Durante el camino a la cafetería hablamos de lo aburridas que son las clases y comenzamos a ponernos de acuerdo para traer los insumos que nos tocan para nuestra práctica de cocina. En la fila ella compra su almuerzo y yo compro el de Mark y el mío, ambos nos vamos a una de las últimas mesas del comedor y nos dejamos caer en la silla.
—¿En serio no has encontrado al chico de la carta? —Mía regresa al tema del chico misterioso.
Parpadeo un par de veces y alejo mi sandwich de mi boca, aun no le he dado ni un solo mordisco. Suelto un suspiro y niego con la cabeza.
—Aún no lo he visto, en las mañanas lo espero en la entrada, pero sigo sin dar con él.
—¿Y en las tardes?
—Tengo entrenamiento con mi equipo.
—¿Y ponemos letreros de «se busca» por toda la preparatoria?
—No quiero verme como un intenso.
Sus labios forman una línea, aprovecho su silencio para darle una mordida a mi sandwich y me deleito por el sabor de la BBQ y el pollo asado. Visualizo a Mark a lo lejos y alzo mi brazo para que nos vea, él se da cuenta y comienza a caminar hacia nosotros dando zancadas largas.
—¿Cómo es que reconoces tan rápido a Mark?
—Por su cabello.
—De acuerdo, juguemos a adivina quién —la propuesta de Mía me hace enarcar las cejas—. Mark y yo buscaremos al chico de la carta.
Mark, quien acaba de llegar a nuestra mesa nos mira confundido a la vez que toma asiento en medio de los dos.