Cuando acaban mis clases me mentalizo para ir al club de artes, más que prepararme para dibujar, me preparo para no morir ahogado en el salón.
Subo las escaleras lo más lento que puedo, pero me detengo a mitad de camino, ¿es realmente necesario ir al club? Soy malo dibujando y ponerme en un ambiente que me estresa no me parece buena opción para hacerme amigo de alguien.
Pego un brinco cuando siento la mano de alguien en mi hombro, me giro para ver al culpable y noto el cabello rosa de Becca, ella me mira divertida.
—¿Qué haces aquí? —pregunta.
—Eh… me metí al club de arte.
—¿En serio? —Becca alza a su ceja en busca de una respuesta coherente—. ¿Tú no odias dibujar?
—Sí lo hago, pero —guardo silencio pensando en si decirle o no que su amigo es el chico de la carta, no es que desconfíe de ella, pero no quiero escuchar sus chistes malos sobre la situación—... quería intentar algo nuevo.
Mi respuesta parece convencerla porque asiente con la cabeza y luego me toma del brazo para continuar subiendo las escaleras, sigo sus pasos con torpeza. Becca comienza a contarme sobre un chico que conoció en el club nocturno de su tío, al señor Gallego le gusta mucho el rock y terminó abriendo ese lugar cuando Becca y yo íbamos en segundo de secundaria. Me limito a decir «Oh sí, el amor de tu vida» aunque ya sé que su gusto durará solo esta semana. Cuando llegamos al salón me cubro la nariz con el dorso de mí mano al sentir el aroma a oleo y pintura fresca, Becca nota mí acción y suelta una risa divertida.
La pelirosa toma un lienzo y estoy apunto de imitarla cuando ella niega con la cabeza.
—Tienes que traer tus propios lienzos —dice y luego sonríe inocente—. Te presto mi sketchbook.
Becca no me deja contestar, se va hasta atrás del salón.
Tal vez y solo tal vez sí debería usar más mi cerebro antes de hablar.
Suspiro y voy hacia donde está, me quedo quieto al notar la cabellera castaña de Dorian. Mi amiga se gira hacia mí y luego hacia Dorian, ella suelta una risa divertida y palmea el asiento que está a su lado, obedezco y me siento en el lugar sin decir nada.
—Dorian, ¿te acuerdas que te dije que tenía un amigo de gastronomía que era asombroso? —Becca le pregunta y Dorian asiente con la cabeza—. Pues él no es, él es mi amigo idiota de gastronomía.
Abro la boca ofendido.
—Yo no soy idiota —me defiendo.
—Al tonto no le gusta dibujar y aun así se incribio —Becca se burla y siento el calor subir por mi rostro. Por Dios que humillante—. Cómo sea. Dorian, él es Nicólas. Nico, él es Dorian.
—Ya nos presentamos ayer… —digo y los ojos celestes de mi amiga me inspeccionan el rostro—. Fue por casualidad.
—Nos estaba espiando —el comentario de Dorian hace que la mirada de Becca se intensifique—. Él estaba escondido en el salón donde guardamos el material.
—No, no. Yo no… —hablo alzando las manos en son de paz. No sé ni qué decir—. Solo vine a ver el salón de artes, pero me confundí de puerta.
—Nico, me das miedo —dice mi amiga después de un silencio, agacho la cabeza y ella suelta una risa.
Luego de esa humillación cada quién se puso a dibujar, claro, mientras Becca y Dorian dibujaban en el lienzo cosas a las cuales no les vi forma, yo me puse a dibujar —en realidad solo estaba haciendo líneas— en la libreta que me dio mi amiga.
Revise mi teléfono con la esperanza de que el tiempo pasará más rápido, pero mientras más veía parecía que más lento iba.
Dejo la libreta a un lado y busco mis audífonos entre las bolsas de mi mochila, Becca acomoda sus cosas y se levanta.
—Listo, me voy —dice, tomando su libreta que me prestó.
—¿Qué? ¿Ya te vas? —pregunto, alzando la mirada para verla mejor. Ella asiente.
—Tengo que ayudar a mi tío con algunas cosas del club. No molestes mucho a Dorian —revuelve el cabello de Dorian y luego me da palmaditas en la espalda, después solo se va.
Dorian y yo intercambiamos miradas sin decir nada, luego solo reímos.
Retomo el buscar mis audífonos en mi mochila, cuando los encuentro los desenredo con calma y miedo a romperlos.
—No sabía que eras su amigo.
Alzo mi vista hacia Dorian y me señalo para saber si me habla a mí, él sonríe y asiente con la cabeza.
—Yo tampoco sabía que eran amigos. ¿Van en el mismo salón?
Él asiente con la cabeza. De repente se me olvido como sacar una conversación. Coloco mis audífonos a mi celular y miro a Dorian.
—Oye, Dorian —mi boca habla antes de pensar.
Él se gira para verme, le ofresco uno de los auriculares, el castaño duda por unos segundos y luego se los coloca. Me siento en el lugar en donde antes estaba Becca, me coloco el otro auricular y le pongo play a mi playlist, la canción que comienza a sonar es All The Small Things de blink-182. Dorian no dice nada, continúa dando pinceladas al lienzo, el color azul es el que más resalta. Es aquí donde me doy cuenta que no sé cuales son los gustos musicales de Dorian.