Querido Santa... ¿me traes una mamá?

Cena de Navidad y Deseos Cumplidos

Owen Johnson tiene los ojos más hermosos que he visto. Es alto, atlético, tiene treinta y dos años, es un médico brillante, es empático, cariñoso, fan de la navidad,  como lo es su mejor amigo Patrick, pero también es el amor de mi vida. Porque sí, me declaro locamente enamorada de él y de su hija, la pequeña coletas.

 

Charlotte Johnson es la niña más linda, tierna, cariñosa y maravillosa que he conocido. No podría explicar jamás lo que sentí al conocerla y lo que los días junto a ella provocaron en mi corazón. Estos días han sido más que perfectos.

 

He tenido citas con Owen, donde me ha hecho sentir una princesa, pero a pesar de que lo disfruto y me ilusiono, incluso hasta me enamoro, el miedo sigue allí. Temo que todo sea producto de estos días de cercanía y al acabar este mes, todo se vaya con él.

 

He visto ilusión en los ojos de esa pequeña cuando nos mira juntos, o cuando vamos los tres agarrados de la mano, de paseo con nuestros perros, y… Dios. Es tan igual a lo que siempre soñé que no lo quiero perder.

 

—¿Estás bien? —alzo mi vista para ver a mi muy embarazada jefa, detenerse delante de mi escritorio.

 

—Sí, perfectamente. —me miró con suspicacia y tomó asiento frente a mí.

 

—Una vez, hace dos años, me dijiste que viviera el amor que tocaba a mi puerta, porque había tenido la bendición de recibirlo dos veces, mientras que a otros jamás les llegaba. —tragué grueso sintiendo un nudo en mi garganta, al recordar que se trataba de mí. Yo era ese alguien, a quien jamás el amor le había llegado.

 

—¿Por qué recordarme eso justo ahora? —sonrió, compartiendo conmigo un trozo de chocolate.

 

—Porque un elfo de navidad me contó, que hay cierto médico, que está enamorado de ti. —negué.

 

—Owen, solo me pidió salir, cuido a Charlotte, quizás esté confundido. —dije mordiendo mi labio, viendo el bolígrafo de Santa que Patrick me había regalado.

 

—No te cierres Bri. En tu corazón sabes que no es así. Te conozco, me has dejado entrar en tu vida, eres una chica fuerte, luchadora, con un temple que pocos tienen. Acepta lo que estás viviendo, solo agradece esta mágica oportunidad. —bajé mi cara ocultando mis lágrimas.

 

—Me enamoré de él y de su hija. No sé cómo viviría de ahora en más si no los tengo. No quiero regresar a mi soledad. Los quiero a ellos. —tomó mi mano y me sonrió. 

 

—Entonces vas a aceptar todo lo que pase, sin pensarlo tanto. Vas a vivir como lo hice yo, al aceptar a Patrick. Por hoy terminamos en este bufete, así que nos iremos ya mismo a comprar un hermoso vestido para la cena de navidad. —sonreí, pero no podría.

 

—Creo que usaré el mismo que me puse en la fiesta del trabajo. —fiesta a la cual fui con Owen y donde recibí mi primer beso, pero ella negó.

 

—Eso ni se discute. Tómalo como el regalo de navidad que siempre te doy. —recordé mi costoso abrigo y me puse de pie para abrazarla, y agradecerle lo que hacía por mí.

 

Pasaría nochebuena en casa de Alice, la madre de Owen, con Lucía y Patrick como invitados. La abuela de coletas había llegado hace poco y se encargaba de toda la celebración. Esta sería mi primera cena de navidad, luego de salir del convento.

 

☆☆☆

 

La gran noche llegó y estaba nerviosa, Owen no había dejado que llegase en taxi a su casa y menos en metro. Dijo que esta era una invitación y como tal, su deber era venir por mí, ya que yo era su cita.

 

Me había puesto un hermoso vestido que moldeaba perfectamente mi figura. Me coloqué un poco de ese costoso perfume que solo uso en ocasiones como esta y me maquillé sutilmente. Esta vez usaba lentes de contacto y puedo asegurar que me veía muy linda. Vaya cambios que han traído a mi vida Owen y coletas.

 

El timbre sonó y mi corazón como siempre que se trataba de él, se aceleró. Me vi una última vez en el espejo y pidiéndole a Clementina hacer silencio le abrí. Estaba increíblemente guapo, con su traje negro y una corbata violeta como mi vestido, lo cual me sorprendió.

 

—Sabía que estarías bellísima, pero jamás alcancé a imaginarme cuánto. —tomó mi cara entre sus manos y dejó un suave y delicado beso en mis labios.

 

—Gracias, también estás muy guapo. —dije sonrojándome, haciéndolo reír. Aún no me acostumbraba a estas cosas.

 

—¿Están listas? —asentí tomando a Clementina, a quien le había puesto un hermoso vestidito navideño, regalo de coletas. Brutus usaría un corbatín.

 

Eran una monada esos perritos, de verdad comenzaba a ver la navidad con más colores que el verde.




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