Quetzalcóatl y los huesos del Mictlán

Capítulo 5

Quetzalcóatl descansó unos minutos más antes de volver a ponerse de pie. El brazo todavía le dolía y la herida había dejado de sangrar tanto, pero el movimiento de las montañas seguía retumbando detrás de ellos. El xoloitzcuintle ya estaba esperando unos metros adelante, observándolo. Quetzalcóatl soltó una pequeña exhalación cansada antes de seguir caminando junto a él.

El camino volvió a descender entre paredes de piedra negra. Durante un largo rato no encontraron nada más que oscuridad, ceniza y silencio. El aire seguía siendo pesado, aunque ahora el frío parecía menos agresivo. Después de un tiempo, algo comenzó a cambiar. El dios lo notó primero en el olor: ya no era solamente tierra húmeda. Había algo más, un aroma suave y familiar. El xoloitzcuintle también levantó ligeramente la cabeza mientras avanzaban.

El túnel terminó y Quetzalcóatl salió lentamente hacia una región distinta a todas las anteriores.

El suelo estaba cubierto por flores de cempasúchil. Miles de ellas. El color anaranjado se extendía sobre la oscuridad del Mictlán como pequeñas llamas encendidas entre la piedra negra. Una neblina tenue recorría el lugar mientras diminutas luces flotaban entre las flores, iluminando apenas el sendero. No era un sitio alegre, pero tampoco se sentía hostil. Era más tranquilo.

Quetzalcóatl observó el lugar sin moverse. El xoloitzcuintle, por su parte, dejó de verse tenso por primera vez desde que comenzaron a descender. La criatura caminó lentamente entre las flores mientras olfateaba el suelo. El dios avanzó unos pasos detrás de él y las flores se movieron suavemente alrededor de sus piernas.

Escuchó voces. No eran como las del río, no gritaban ni suplicaban. Eran murmullos suaves: despedidas, oraciones y promesas.

El dios avanzó lentamente entre los senderos anaranjados mientras el xoloitzcuintle caminaba unos pasos delante de él, moviendo apenas las orejas cada vez que escuchaba los murmullos que recorrían la región. Quetzalcóatl se agachó y tomó una de las flores entre sus dedos. Todavía conservaba calor.

—Incluso aquí siguen creciendo…

El perro lo observó en silencio.

—Cuando las antiguas generaciones descendían al Mictlán, algunos llevaban un pétalo de cempasúchil con ellos —dijo el dios, pasando lentamente los dedos sobre los pétalos anaranjados—. Decían que su aroma ayudaba a las almas a recordar el camino.

El viento movió suavemente las flores alrededor de ellos.

—Tal vez por eso sobreviven incluso aquí abajo.

Quetzalcóatl levantó lentamente la mirada hacia los senderos cubiertos de flores. Miles de caminos distintos atravesaban la oscuridad. Algunos terminaban abruptamente, otros seguían perdiéndose entre la neblina.

—Aun después de desaparecer… siguen intentando volver.

El xoloitzcuintle soltó un sonido bajo mientras continuaba avanzando. Quetzalcóatl observó nuevamente las flores antes de seguir caminando junto a él.

—Quizá algún día quienes nazcan después también aprendan a usarlas.

El sendero de flores continuó durante mucho tiempo. Mientras más avanzaban, más pequeños se volvían los caminos de cempasúchil hasta terminar dispersos entre la piedra negra y la neblina. Las luces flotantes comenzaron a desaparecer poco a poco y el aire volvió a sentirse frío. Pero algo había cambiado. El xoloitzcuintle ya no caminaba tan tenso como antes. Su cola se movía lentamente mientras avanzaba entre las últimas flores del sendero.

Quetzalcóatl lo observó unos segundos.

—Creo que ya entendiste por qué son tan importantes los huesos.

El perro levantó apenas la cabeza hacia él. El dios miró nuevamente las flores.

—No se trata solo de crear vida otra vez. —Su voz sonó más baja esta vez. —Se trata de que todo esto no desaparezca.

—Las antiguas generaciones murieron… pero todavía intentan volver. Todavía intentan recordar. Eso significa que una parte de ellos sigue aquí.

El xoloitzcuintle soltó un pequeño resoplido mientras seguía caminando. Quetzalcóatl dejó escapar una leve sonrisa cansada.

—Sí. Lo sé. Estoy hablando demasiado.

El perro movió la cola una vez más antes de abandonar finalmente el sendero de flores. Y apenas dieron unos cuantos pasos fuera del camino de cempasúchil, el ambiente cambió de inmediato. El silencio regresó, no poco a poco, sino de golpe. Las flores desaparecieron detrás de ellos como si nunca hubieran existido. El suelo volvió a cubrirse de piedra negra y ceniza.

Quetzalcóatl levantó lentamente la mirada. La región frente a ellos era distinta a las anteriores. No había ruinas, no había almas, no había montañas. Solo un terreno inmenso cubierto por una neblina oscura que impedía ver demasiado lejos. Y en medio de todo aquello había figuras: personas, cientos de ellas, quietas e inmóviles.

Los cuerpos permanecían dispersos por toda la región, de pie entre la niebla, sin moverse ni hablar. Parecían estar esperando algo. El xoloitzcuintle dejó de mover la cola de inmediato y soltó un gruñido bajo.

Quetzalcóatl avanzó lentamente. Las figuras continuaban inmóviles, pero algo en ellas era extraño. No eran almas deformadas como las anteriores. Parecían normales. Un hombre vestido como un guerrero permanecía quieto mirando al suelo. Más adelante había una mujer abrazando algo contra el pecho. También había niños. Todos inmóviles.

—¿Qué lugar es este…?

Nadie respondió. El dios observó alrededor mientras avanzaban lentamente entre las figuras. Una de ellas levantó la cabeza. Quetzalcóatl se detuvo de inmediato. Era un anciano. Sus ojos estaban completamente vacíos.

—No sigas bajando.

Más adelante, otra figura levantó lentamente la cabeza. Después otra. Y otra. Poco a poco, cientos de rostros comenzaron a mirar directamente hacia Quetzalcóatl. El xoloitzcuintle mostró los dientes.

Quetzalcóatl sintió una incomodidad distinta recorriéndole el cuerpo. Aquellas almas no parecían agresivas. Eso era lo peor. Parecían resignadas. La mujer que sostenía algo contra el pecho dio un paso adelante lentamente y el dios vio que cargaba restos humanos pequeños entre los brazos.



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En el texto hay: mitologia, aventura epica, fantasia oscura

Editado: 13.05.2026

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