¿quién en el cielo?

PROLOGO

El frío de la noche empezaba a calar por mis huesos, sentía como si miles de hormigas recorrieran todo mi cuerpo y lo peor era que empezaba a tiritar por las escasas prendas de vestir que había elegido para salir; pese a ello tampoco pensaba pedirle la chaqueta prestada a aquel energúmeno que caminaba unos pasos delante de mi. Lo conocía poco, pero en ese tiempo me había dado cuenta que la palabra caballero no era una de sus cualidades.

__ Oye...__ llamo mas el no responde. En vez de eso se dedica a caminar mas rápido como si fuese posible por lo que tengo que correr para alcanzarlo. En momentos como estos agradecía que mis piernas fueran largas y me arrepentía de no haber traído una pistola conmigo y asesinarlo.

Lo odiaba, me odiaba. Fin

__ Todo esto es tu culpa __ Dice sin detenerse. Sus ojos recorren todo el sitio buscando una solución a nuestro pequeño problema; yo vuelco los míos ante su comentario. A este paso quedaría bizca antes de los treinta.

__ Todo pasa por algo y si nos encontramos en esta situación, alguna razón ha de haber.__ Asì pensaba, aunque esta vez solo intentaba defenderme para evadir la culpa. Si había algo que teníamos nosotros los humanos era no aceptar cuando nos equivocamos, yo no escapaba de esta triste realidad.

__ ¡Y una mierda!__ Exclama, deteniendo su paso y girando su cuerpo para mirarme, detengo los míos, no vaya a ser que uno de sus puños den a parar en mi rostro; aunque no lo veía como uno de esos hombres que golpeaba a las mujeres era mejor prevenir antes que lamentar. Sus ojos del mismo color que los míos me ven sin expresión alguna pero no obstante sonrío por el simple hecho de que me gustaba verlo enfurecer y logro mi cometido al ver su mandíbula tensa __ ;Sácame ahora mismo de aquí.__ sentencia.

Nos encontrábamos en la calle más oscura y solitaria de la ciudad, creo, a altas horas de la madrugada, unos faroles con escasas luces apenas y llegaban a alumbrarnos; era como si las personas tuvieran miedo de transitar por estos lados pese a ser sábado; ni siquiera un auto había pasado en estos largos minutos en los que solo dábamos vueltas sin sentido alguno; esto era un laberinto. Antes me atrevía a decir que conocía perfectamente el lugar donde nací, ahora me estaba dando cuenta que en verdad no era así.

__ ¿Quién fue el que dijo: tomemos este camino? __ Remedo imitando su voz. Su entrecejo se frunce y empiezo a creer que tiene vida propia; si el se veía enojado su frente aún más, aunque luego se relaja.

__ Yo no lo dije de ese modo__ Afirma, mirándome sin una pizca de emoción; una mirada neutra, sin ningún tipo de sentimiento más que el de ver a través de ellos. Se dice que los ojos son las puertas del alma, si era así entonces la de él estaba vacía. No me había detenido a pensar en el porqué de aquello y sinceramente no me interesaba. En realidad lo que haya pasado en la vida del chico me daba lo mismo. Quizás era algo insensible para tratar de comprender o demasiado egoísta como para decir que su vida me daba igual.

__ Oh, claro que sí. Dijiste por ahí no, por aquí__ Su sonrisa pícara me advierte que le ha tomado doble sentido a lo que dije, en realidad su mente es tan retorcida que le encuentra el doble sentido a todo aun cuando no lo tenga.

Avanzamos en lo que debatimos por el mismo tema y por quién tenía la culpa de estar en una situación como esta; en la calle, solos y sin dinero para tomar un taxi. Aunque sinceramente si había un culpable, esa era yo.

__ Cállate__ Gruñe; me daba jaqueca sus cambios tan volubles. Empiezo a hablar fuerte porque no me gustaba que un casi conocido me mandara a callar. Ni siquiera sabía lo que decía, pero cualquier palabra que saliera de mi boca estaría bien en estos momentos. Era de las que hablaba antes de pensar qué decir y luego me arrepentía por haber podido decir algo mejor.

Siento como me toma por uno de mis brazos y me empuja al callejón más putrefacto que puede existir en el mundo, no solo gatos había de haber en el sino que ratas también. La oscuridad no me deja ver su rostro mas sigo hablando hasta que unos labios se posan en los míos.

¿Qué mier..?

¡El maldito me estaba besando! ,lo peor era que yo correspondía, su tacto es cálido y sus movimientos lentos, se sentía como una caricia; cualquier pensamiento creado por mi cabeza se había ido volando y fue a posar en uno de los tantos botes de basura del lugar. No es hasta que escucho las voces de varios hombres borrachos cerca de nosotros hablando de violencia que me doy por enterada de la razón por la cual me besó , para que esos tipos no nos vieran e hicieran daño, cosa que harían si seguía yo hablando. Las voces de aquellos hombres se escucha lejos, y sus labios son separados de los míos y como si nada hubiera pasado sale del callejón dando grandes zancadas por lo que también hago lo mismo.

¡Tan bello el camello!



#45968 en Novela romántica
#12369 en Joven Adulto

En el texto hay: tristeza, amor, impotencia

Editado: 27.05.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.