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¿quién es el Asesino?

Cero

Pesadillas
 


 


 


 

Mis pies golpeaban con fuerza el piso húmedo cargado de lodo, mis pasos eran cada vez más largos y sin mirar atrás ni pensar en un lugar exacto corrí. 
 


 

Gruesas gotas de agua caían pesadamente sobre mi cuerpo como si fuera granizo y el viento fuerte que azotaba no ayudaba mucho. Los jeans azul cielo que llevaba puesto estaban manchados en sangre seca, pero por la lluvia se regaba por todo el traje y se volvía un rosa pálido, me había golpeado la rodilla hace unos días y la herida se abrió nuevamente.
 


 

En un momento me desequilibro provocando que cayera al suelo, estreché mis manos delante para que estos apaciguaran mi caída al piso, solo que sentí como la parte baja de mi mandíbula se rasguñaba tras frotarse con el suelo rocoso. Mis ojos fueron cegados por la neblina que llenaba el enorme bosque, asiendo así que perdiera visión de todo lo que quedaba frente a mí.
 


 

La respiración que salía de mi nariz ahora era expulsada por mis labios con vigor y cansancio.
 


 

En el área solo se escuchaba tres cosas: las gotas del diluvio, las plantas moverse autoritariamente y... Unos pasos, los mismos que he estado invadiendo... 
 


 

No tardo en ponerme de pie y retomar la huida, solo que ahora con más velocidad. Las lágrimas comenzaron a mezclarse con el agua que descendía de las nubes, la preocupación se sumó en todo mi cuerpo, los sentimientos negativos, el terror de que me atrapase, el miedo de morir; todo se ligó en una sola copa. 
 


 

En mis pensamientos no dejaba de repetirse que definitivamente hoy era mi día, ese que nunca esperé fuera tan precoz, apenas era una chica joven que quería experimentar, sentir... Vivir, aunque nunca lo demostré. 
 


 

Ni siquiera estaba segura si respiraba o no, pero eso era lo de menos porque perdería el aire cuando acabaran conmigo.
 


 

Dejo el bosque atrás, veo la gran escuela como mi único escondite, voy rápido hasta entras por el área cargada de malezas.
 


 

Grave error
 


 

Pero no lo supe hasta que, estando dentro por los pasillos una sensación palpitante en las rodillas hace que caiga al piso, fue como si se me hubiera desprendido esa parte, y por si fuera poco mi hombro golpea la cabina vidriosa donde se guardaban los trofeos. Los pequeños vidrios se incrustan en mis manos causando un dolor casi insoportable.
 


 

Cierro los ojos como si eso fuera a hacerme sentir mejor.
 


 

El mundo nos ha enseñado a amar a los buenos, a los que son susceptibles y se acogen fácilmente a todo, pero a los malos y vanidosos, a los que se esconden bajo una máscara de bondad para no herir su perfil... esos que no tienen escrúpulos y solo envenenan, pero que simulan ser buenos con sus máscaras sonrientes, los crucifican, sin importar las razones.
 


 

En el mundo no existen dos tipos de buenos, pero si muchos tipos de malo y la persona que me perseguía era de los peores.
 


 

Siento debilidad, siento cansancio, me siento muerta.
 


 

Los minutos en silencio pasan y mi cuerpo se entumece.
 


 

Voy abriendo mis ojos poco a poco deplorando una extraña corriente en todo mi cuerpo, intento mantener mi respiración tranquilizada inhalando y exhalando con lentitud mientras mis manos temblaban, tirada en el piso del largo pasillo a punto de sentir la muerte acogerme. Froto mi antebrazo contra mis ojos con la intención de recuperar la lucidez de la vista, veo el piso blanco de la escuela y noto que un charco de sangre se deslizaba hasta donde yo estaba, no levanto la mirada al instante, sino que lo hago con cierta cautela para ver de dónde salía. 
 


 

Era tanto el vacío y oscuridad del lugar que no podía siquiera intentar ver nada que no estuviera lo suficientemente cerca de mí.
 


 

Mi cabello se pegaba a mi rostro y un hilo de sangre desciende por mis fosas nasales, no supe cuando me lastimé esa área.
 


 

Escuché unos pasos desde la lejanía, eran sonoros como ecos.
 


 

-Dime, ¿Quién eres? ¿Qué quieres? ¿Por qué me persigues? -las preguntas salen de mis labios casi en un balbuceo tembloroso, miro hacia todos lados.
 


 

Entre toda la oscuridad que sumía la escuela solo estaba la luz tenue de la luna llena que penetraba por las ventanas y el tejado de cristal, el único sonido era el de mi respiración agitada. De pronto mis manos comienzan a temblar y el sudor a mojar todo mi cuerpo haciendo una mezcla repugnante con la sangre.
 


 

-Puedes irte ahora, no te detendré" -escuché canturrear una voz lejana y casi indescifrable.
 


 

Inhalo sin soltar la respiración por un largo momento.
 


 

»-Tienes que irte ahora, luego ya no tendrás salida, luego ya no tendrás opción" -vuelve a cantar y caigo en cuenta de que su voz provenía de los altavoces de la escuela.
 


 

Eso quería decir que estaba lejos y no podría dañarme.
 




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