Mis huesos se retuercen al sentir palpitar mi carne, cuando la grasa poco refuerza mi cuidado, una musculatura expuesta. Me condeno como animal en abandono, simultáneamente que doy confrontación a mi imaginación. Ante mi veo la clara desgracia que puedo comprender, un cielo verde, un suelo azul. Los árboles no descargan de sí mismos como camiones el oxígeno que alimenta mi eternidad, es simple la tristeza con la cual me retuercen. Me amarraron como el crecer de un árbol, una flor, un paraíso. Todo lo que comienza a florecer exige disciplina, es la perfección un hecho cautivador con el cual he trabajado sin fines de tiempo. Entonces, ¿qué es este desfavorecido cielo? Esta incomprendida grama. A pesar de poder ver el horizonte me envuelvo en la misma cuestión, si acaso esto es un paradigma de mi vida, algún incentivo de mi mortalidad.
A mi costado, una mano me sujeta con suavidad de los miles de pétalos. Es el rostro tostado del hombre con el que prometí mi vida, no daría pausas en sus encantos, me arrollo de los mismos como el choque del tiempo. El planeta ha de frenar ahora mismo, su silencio descarga en mi este incomprendido espacio, la fantasía. Me hipnotiza como el fulminante destello en los cielos. No encuentro calor, su tacto helado me deja en soledad, casi en presencia de un cadáver. Su voz aulla en mi oído tales contradicciones que encantan mi cuerpo herido.
—Voy a conseguir un futuro para ambos, te haré la mujer más feliz.
Incluso así, mis labios han tatuado con cuidado minucioso la sonrisa que esperaba ver en mi. No veo su rostro, está al borde del colapso. ¿Por qué entierro mi descontento en este espejismo? A pesar de ello, me esfuerzo por entenderlo. Cierto es, Alejandro no puede pagar más que sus cosas principales, ¿cuantos trabajos necesitará para poder conseguir ese futuro? Lo consolida al enterrar su mano en mi mejilla, accedo al cariño con el maltrato de un animal en estudio, un animal abusado por construcción científica. Su tacto es liso, la piel carece del último llamado al que recurriré si ha de ausentarse, sus huellas que debían impregnar en mi rostro como la pintura son olvidadas como las gotas de la lluvia. Se acerca a mí, su cuerpo es incluso más fantasmal que mi presencia. Al abrirme a su desconocimiento caigo en la red de tragedias. Su mano busca como filo de pesca la mía, la encaja como herramienta. Es entonces que su suavidad me desconsuela, me emerge del fracaso. Lo he traicionado, puesto que simplemente no puedo hacerlo. Me aparto con descaro. ¿Qué exactamente no puedo hacer? Ceder a su caricia, su consuelo tras este paisaje paranoico. ¿Por qué me acobardo? ¿Es porque si accedo no seré lo suficientemente pura?
Es entonces que un humo gaseoso invade mi pulmones. ¿Eso era? La razón para no despertar era dar en ignorancia las importancias del paisaje, ignorar una existencia, algo allí. Era este paisaje tan falso como mi declaración. Alejandro ha hecho tanto en mi, me ha declarado su mujer, ¿por qué daría en impotencia sus gestos? Porque lo estoy encubriendo, me hago participe en ello. ¿De quién me protejo? Un palpitar es el cataclismo del entorno, un terremoto de emociones que sacuden mi conciencia. ¿De quién lo quiero proteger? El temblor se entabla en mi cuerpo, mi carne al rojo vivo. Es inevitable mi grito el cuál dependo para salir, para pedir ayuda. Lamentablemente, nadie llegó a consolar mi auxilio cuando me sumerjo en un vacío infinito. Pataleo, araño, grito una vez más. Nadie viene, nadie me ve, nadie entiende qué busco, o qué intento. Es entonces que me ahogo en mi desprecio, la impotencia en lujuria plena por mi. Cuando la primera lágrima bajó, su helada presencia me saca del agujero en el que me escondo.
No era un agujero, es una habitación de la cuál la luz es tan prisionera como mi integridad. No veo nada más que una línea delgada de luz en el horizonte. ¿Qué es eso? ¿Dónde yazco prisionera? En alguna caja, una caja encadenada para ser arrojada al océano. No, claramente eso es imposible. La distancia entre mis pasos se alarga, es casi eterna. El suelo es víctima del clima, helado y húmedo. Avanzo, es mi único recurso. Mis manos aún palpitan del dolor, hablan entre mi carne exigiendo una pausa, un simple descanso pues ese sueño no fue suficiente a la tragedia. No puedo, simplemente no puedo. Fue ese el último pensamiento antes de ahogarme con mi propia fuerza. Detengo cada gesto, algo ha rechillado en seco. Incluso si tengo la vista defectuosa, en una total desventaja para dónde estoy aislada, puedo ser capaz de depender del flojo sonido que no puede esconderse de mí. Acaricio el suelo, un tocar gentil que me atrae como la gravedad algo más rústico que el mismo suelo. ¿Era esto una cadena? Entre más la incercepto, más escalo a su punta. Está apegada a la pared, casi en un matrimonio de años con la misma. Su contraparte va en una dirección no tan lejana. Al subir la robusta pista, llego hasta mi propio cuerpo. Toco con ligero cuidado mi cuello, es entonces que doy por conciente que algo amarra mi garganta, sujeta con tanta firmeza que la asumí parte de mi propia piel. Es imposible quitarlo de mi cuello, su insistencia a por mi hace que las escasas uñas sean incapaces de actuar como palanca. Suelto un robusto quejido ante los intentos de asfixia que enfoco en mi inconsciente.
¿Qué es este lugar? Podría protestar, pero la vista es inservible. El tacto es imposible ahora, las limitaciones no son prioridad del entorno, en cambio de la misma cadena que me priva del movimiento, la vista, incluso el olfato. Todo huele a nada, no hay aroma que explique o expanda la imaginación para deducir el caos que se avecina para mi. Me encierro en mi propio espacio, me aislo del contexto o de la suposición. No podría desquitar mis incertidumbres con la lastima, mis ojos queman tanto como mi cuerpo, es casi imposible comprender que las lágrimas han incentivado este desastre en mi rostro. No me quedan más lágrimas. Al tocar mi cráneo es suerte saber que sigo vendada, cuidada, más no recompuesta del dolor. Si aún sigo con aquellas cosas es en respuesta a mi grave herida. ¿Cuando sanaré? ¿Cuándo tendré la oportunidad de pensar un escape para mi? Estoy fatal, mis recursos son obsoletos. ¿Qué debería hacer Dios? Dime, ¿qué debo hacer?
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Editado: 15.05.2026