Brooke
Me dolía todo el cuerpo, había estado prácticamente toda la noche sin dormir, creo que a penas dormí una hora. Me había quedado toda la noche al lado de Nick, pues la fiebre le subía y la herida no mejoraba. La luz, se colaba por las rendijas de la taberna y apenas alcanzaba a iluminar la cara de Nick. Seguía inmóvil en la cama, con la respiración entrecortada. La palidez de su piel era espantosa, y esa imagen me dejaba claro que la situación seguía siendo crítica, a pesar de todo lo que había intentado.
No podía dejar de mirarlo, pero cada vez que lo hacía, sentía que una corriente de desesperación se apoderaba de mí. Sabía que el veneno de esa flecha rara, casi desconocida, seguía haciendo su trabajo dentro de su cuerpo. Aunque había hecho todo lo posible por eliminarlo, no estaba segura de haberlo logrado. Y eso me consumía. No podía descansar. No podía fallarle ahora.
De repente, la voz de Jake me sacó de mis pensamientos, tenía el semblante tenso, agotado, pero con esa mirada preocupada.
—¿Cómo está? —me preguntó.
Levante la mirada hacia él, sin responder. Estaba demasiado cansada para hablar. Simplemente asentí, él se acercó y se sentó a mi lado en el suelo.
—¿Hay algo que podamos hacer? —preguntó, mirando tanto a Nick como a mí, como si esperara que algo pudiera cambiar con sólo sus palabras.
Me sequé las manos con un trapo sucio y lo miré, sintiendo el peso de la incertidumbre. Sabía que no quedaba mucho por hacer ahora, salvo esperar.
—No hay mucho más que podamos hacer ahora —respondí, con la voz más apagada de lo que hubiera querido—. La fiebre es lo peor. Si no conseguimos bajársela, ira a peor. Pero... —me detuve un momento, como si un pensamiento me hubiera cruzado por la mente— si me puedes traer un poco de agua por favor.
Jake asintió, dispuesto a hacer todo lo que pudiera. Y tras unos minutos trajo un bote de cristal con agua. Mojé un paño y lo coloqué en la frente de Nick con cuidado como si fuera de porcelana.
Me sentía tan agotada que ni siquiera podía pensar con claridad. El dolor en mi cuerpo era constante, pero nada comparado con el sufrimiento que veía reflejado en el rostro de Nick. Su respiración era débil, casi imperceptible, y su temperatura aún no bajaba. Lo miraba y sentía que el tiempo se me escapaba las manos, como si estuviera a punto de perderlo para siempre. ¿Y si no podía salvarlo? Esa idea, esa terrible posibilidad, me golpeó con fuerza y me hizo sentir que el peso del mundo caía sobre mis hombros.
Estaba tan concentrada en mis pensamientos que no me di cuenta de las lágrimas que comenzaban a deslizarse por mis mejillas hasta que sentí la humedad en mi cuello. ¿Cómo había llegado a este punto? Me preguntaba, llorando en silencio. ¿Cómo había dejado que esto pasara? Si tan solo hubiera sido más rápida, más precisa... Si hubiera sabido más, si hubiera hecho algo diferente. Tal vez Nick no estaría aquí, tendido en la cama, luchando por su vida.
Me eché hacia adelante, apoyando la cabeza en mis manos, incapaz de controlar las lágrimas. Es mi culpa. Esa idea empezó a dar vueltas en mi mente con cada vez más fuerza. Si hubiera sido más fuerte, si hubiera sabido qué hacer... La culpa me estaba destrozando por dentro.
—Brooke…—la voz de Jake, suave pero firme, me llegó como un ancla en medio de la tormenta.
Me giré lentamente, sin atreverme a mirarlo directamente, pero su rostro estaba tan cerca que no pude evitar sentir cómo su mirada se fijaba en la mía.
— No es tu culpa —dijo, casi en un susurro, mientras se agachaba a mi lado. Su mano se posó suavemente sobre mi brazo.
— Sí lo es... —mi voz salió entrecortada, rota por las lágrimas que ya no podía contener. No podía mirarlo, pero podía sentir su mirada en mí, esperándome, paciente, como si estuviera dispuesto a cargar conmigo. Pero yo no podía seguir soportándolo sola. No podía más.
—Brooke... —me tomó la cara con ambas manos, levantándola suavemente para que lo mirara. Sus ojos se posaron en los míos. Vi en ellos un destello de algo más que simple consuelo: vi preocupación, vi un deseo sincero de ayudarme.
—Joder, Brooke eres la mejor persona que he conocido jamás. Te preocupas por todos, aunque no sea tu jodido problema. Lo vamos a lograr. ¿vale? —dijo con firmeza, su voz cálida como una promesa. "Lo vamos a lograr". Fue como si esas palabras, aunque pequeñas, tuvieran el poder de aliviar un poco el peso que sentía en mi pecho. Mi respiración se calmó por un momento, pero las lágrimas seguían cayendo
De repente, no pude evitarlo. Las rodillas me fallaron y no aguanté más. Él me abrazó con fuerza. Estaba tan cansada, tan rota por dentro, que no podía pensar en otra cosa más que en cómo me sentía en ese instante: frágil, vulnerable, y completamente perdida.
Me aferré a él, llorando sin control, buscando consuelo, buscando algo que me diera la fuerza para seguir adelante.
Fue él quien rompió el silencio, su voz baja y suave, casi como un susurro, diciéndome lo que yo no me atrevía a decir:
— estamos juntos en esto, Brooke. No estás sola.
Antes de que pudiera pensarlo más, él me besó. Fue un beso suave, lleno de esa promesa silenciosa de apoyo y comprensión. No era un beso lleno de pasión, sino uno que hablaba de consuelo.
Mi corazón latió rápido, y por un instante, me dejé llevar. Cerré los ojos, devolviéndole el beso con ganas.
Jake rompió el beso, aunque no se apartó, su rostro seguía cerca del mío. Sentí su respiración sobre mi piel, cálida y tranquila. Podía escuchar el latido de mi corazón acelerado, pero ahora ya no me sentía tan sola. La cercanía de él era un ancla que me mantenía aquí, en este momento.
Sus manos, firmes pero suaves, continuaban en mi cintura, simplemente su contacto me ponía nerviosa. Intenté hablar, pero mi voz se quebró nuevamente, y las palabras se me enredaron en la garganta.