Nick
Desperté en el sofá, la luz del sol se colaba por las ventanas de la cabaña. Mi cuerpo se sentía pesado y abrumado por el dolor, pero, a pesar del dolor de cabeza, estaba consciente.
Me incorporé lentamente, recordando lo que había sucedido. La flecha, la herida, esos sueños... Era como si mi mente intentara luchar contra un recuerdo que ni siquiera estaba completo. Sabía que debía ser fuerte, no solo por mí, sino por ellos. Necesitaban que volviera, que no me diera por vencido.
Mientras intentaba ponerme de pie, una ráfaga de dolor recorrió mi hombro y caí de nuevo en el sofá, terriblemente frustrado por mi debilidad. Sin embargo, el sonido de risas se coló en la habitación. Desearía poder estar con ellos, pero me dolía hasta el alma.
—Venga tío— me susurré para mí mismo—Es hora de levantarse.
Poco a poco, me levanté del sofá. Con cada movimiento, el dolor disminuía. Avancé hacia la cocina, donde encontré a todos reunidos. Las miradas serias se tornaron en sorpresa al verme.
—¡Nick! —exclamó Brooke, con un brillo de alegría en sus ojos.
—¿Qué ha pasado? —pregunté
—Parece que tenemos mucho que discutir —intervino Ruby, cruzándose de brazos, con su mirada fija en mí.
Me senté en una silla desgastada —¿Por qué siento que hay un elefante en la habitación? — no sé de qué teníamos que hablar las cosas ya se habían solucionado la semana pasada. Y ya estábamos todos todo lo bien que podíamos estar.
—La verdad es que hay muchas cosas que no te hemos contado —dijo Jake.
—Empecemos por lo obvio entonces —dije, intentando romper la tensión que se había apoderado de la habitación—. ¿Qué hicisteis? ¿Por qué estoy aquí y no en el sofá del internado? — Intenté hacer una broma, pero no tuvo el efecto que esperaba. Todos estaban muy serios.
Ruby reunió el coraje para responderme, con el tono más grave en su voz—. Estabas gravemente herido, Nick. Tuvimos que hacer lo que pudimos para que no murieras. Pero creo que ya eres consciente de eso así que deja el humor para luego—
El silencio se adueñó del lugar. Sentí el peso de sus palabras. Recordé el dolor, el instante en que perdí el control y caí al suelo. Frustración y miedo me recorrieron de nuevo, pero decidí no dejar que eso me dominara.
—Haber en el mapa que cogimos de la taberna hay señalado un pueblo, queremos intentar llegar a ver si con un poco de suerte hay alguien que nos pueda ayudar— dijo Brooke con bastante entusiasmo.
—O con un poco de suerte está lleno de asesinos— dijo Jake un tanto indignado.
—O directamente no hay nadie—dije intentando calmar un poquito el ambiente.
El silencio que siguió a mi comentario era tenso, pero no por mucho tiempo. Brooke, a pesar de su entusiasmo, entendía perfectamente los riesgos que corríamos al aventurarnos hacia lo desconocido. Jake, por otro lado, seguía con el ceño fruncido, incapaz de apartarse de sus miedos. Y Ruby, aunque no lo dijera, también cargaba con una gran duda. Todos sabíamos que el viaje no sería fácil, pero no teníamos otra opción. Quedarnos aquí no era una de ellas. No en el estado en el que estábamos.
Finalmente, fue Brooke quien rompió el silencio:
— Sabemos que no es lo ideal, pero no podemos quedarnos aquí. Si hay alguien en ese pueblo, tal vez pueda ayudarnos con lo que necesitamos. Necesitamos suministros, respuestas… no podemos seguir ocultos todo el tiempo.
Ruby asintió, aunque su rostro seguía tenso. Aunque quería creer en lo que Brooke decía, sabía que el peligro de una trampa acechaba en cada esquina.
— Tienes razón. Pero debemos estar preparados para lo peor. Si nos vamos, tenemos que asegurarnos de que podemos defendernos. No sabemos quiénes estarán allá, ni si hay alguien. Y no podemos dar por sentada la seguridad de que todos los habitantes de ese pueblo sean amigos.
Jake resopló, cruzando los brazos con una expresión de desconfianza.
— Yo aún no me convence del todo la idea. Pero si vamos, lo haremos bien. No quiero que nos pillen con la guardia baja.
Me apoyé en el respaldo de la silla, sintiendo el dolor en mi hombro. El viaje no iba a ser fácil, pero teníamos que arriesgarnos.
— De acuerdo —dije con voz firme—. Vamos, pero de forma cuidadosa. Cada uno de nosotros tiene que estar alerta. Nadie se separa del grupo. Y si alguien no se siente bien, nos damos la vuelta inmediatamente.
Todos asintieron, aunque la duda seguía en sus ojos. Nos levantamos de la mesa, y con la mente en lo que estaba por venir, nos pusimos a prepararnos.
Ruby comenzó a revisar los suministros que quedaban, asegurándose de que teníamos lo necesario para el viaje. Unas cuantas botellas de agua, algo de comida enlatada, un par de mantas y algunos vendajes para mí. A pesar de la herida en mi hombro, decidí no quedarme atrás. No podía permitirme ser una carga. Tomé una de las mochilas y la llené con lo que pudimos encontrar.
Jake se encargó de las armas. Había tomado algunos cuchillos de la taberna, que con suerte podrían servirnos para defendernos si nos encontrábamos con problemas en el camino. No podíamos llevar demasiados suministros; no sabíamos cuánto duraríamos, pero debíamos ser eficientes. El mapa de la taberna era lo único que teníamos para orientarnos, y aunque no era perfecto, indicaba que el pueblo no quedaba demasiado lejos. Al menos, eso esperábamos.
Brooke salió para revisar el terreno. A pesar de la tensión, su cara mostraba una determinación que nos impulsaba a seguir adelante. Ella siempre había sido la más optimista del grupo, y aunque no todos compartíamos ese optimismo, era un alivio tener su energía positiva.
Cuando todo estuvo listo, nos reunimos fuera de la cabaña, preparados para lo que estaba por venir. Miré a cada uno de ellos, y aunque no podía evitar sentir una creciente ansiedad, también sentí una chispa de esperanza. Habíamos enfrentado muchas dificultades juntos, y esta era solo otra más.