Jake
Estaba tumbado en una de las cuatro camas que había en la habitación, no podía pegar ojo, había algo raro en todo esto. Me levante frustrado por no poder dormir y me acerque a una de las ventas.
De pronto note una mano en mi cintura.
—Hola—la voz suave de Brooke hizo que todo mi cuerpo se destensara por completo.
—No podía dormir, —dije, volviéndome hacia ella. La luz del fuego que ardía en la chimenea iluminaba su rostro con un brillo suave. Sus ojos brillaban con una mezcla de preocupación y curiosidad, y por un momento, el peso de la situación se desvaneció.
—Yo tampoco, —respondió Brooke, con una sonrisa tímida que me hizo sentir un poco más ligero. —¿Has visto cómo nos miran? Es como si estuviéramos locos o algo.
Me apoyé en el marco de la ventana, sintiendo la brisa fresca del bosque que entraba por el cristal. Era un contraste extraño con el calor del fuego en la habitación. —Sí, pero Zakar parece saber lo que hace. Al menos estamos a salvo aquí, por ahora.
Brooke se acercó un poco más, su mirada estaba fija en el fuego. —¿Crees que nos dirán la verdad mañana? Sobre lo que está pasando, en el mundo, digo.
Me encogí de hombros, sintiendo una mezcla de incertidumbre y desesperación. —No lo sé. Pero tengo la sensación de que hay mucho más en juego del que podemos imaginar.
Ella se quedó en silencio, como si estuviera procesando mis palabras. Luego, con un gesto suave, se acercó un poco más, y sentí un cosquilleo en el estómago.
—Jake —dijo con un tono serio —¿crees que volveremos a casa?
La sinceridad en su voz me impactó. Miré hacia abajo, dándole un vistazo a la habitación. No había más que el sonido del fuego y el murmullo lejano de los otros aldeanos. —No puedo prometerte nada, pero haré todo lo posible para protegerte, todo saldrá bien —respondí, sin poder evitar que mi voz sonara un poco más grave de lo habitual.
Ella sonrió suavemente, y en ese momento, la tensión que nos rodeaba pareció desvanecerse un poco. —Lo sé. Siempre ha sido así. —Se acercó un paso más, y su mano encontró la mía, entrelazándose de manera natural.
El contacto de su piel con la mía encendió una chispa en mi interior. Miré sus ojos, buscando alguna respuesta, alguna señal de que ella también sentía lo que yo sentía.
—Brooke... —comencé, sintiendo que la habitación se llenaba de energía. —No sé qué nos pasara el futuro, pero...
—Pero... —me interrumpió, acercándose un poco más, su aliento cálido casi rozando mi rostro.
—Pero creo que, pase lo que pase, quiero que estés a mi lado, —dije, sintiendo que, al decir esas palabras, un gran peso se me quitaba de encima.
Ella sonrió, y en ese instante, todo el peso del mundo se desvaneció. No había más sombras, ni peligros acechando en la oscuridad; solo ella y yo, en un espacio donde el tiempo parecía detenerse.
—Yo…—
Sin pensarlo, me incliné hacia ella, y nuestros labios se encontraron. Fue un beso suave al principio, lleno de la dulzura de un momento que había estado esperando.
Sus manos se deslizaron por mi abdomen, y yo la atraje más hacia mí, buscando la calidez que solo ella podía ofrecerme. Era como si todo el bosque, toda la aldea, y el mundo entero hubiera desaparecido.
Cuando finalmente nos separamos, ambos respirábamos con dificultad:
—Hacía mucho que no me besabas— dije con una sonrisa para quitarle un poco de tensión al ambiente.
—Ya lo podrías haber hecho tu— dijo riéndose. No necesite más para cogerla descaradamente del culo y levantarla en el aire, ella me rodeo la cintura con las piernas y yo me heche hacia delante hasta que su espalda toco la pared.
La risa de Brooke resonó en la habitación. La sostuve en mis brazos, sintiendo su calidez contra mi cuerpo, y no pude evitar perderme en sus ojos verdes, que brillaban con una mezcla de sorpresa y alegría.
—Estás loco —dijo ella, entre risas, mientras sus dedos jugueteaban con mi pelo—no cambies.
La forma en que sus labios se curvaban en una sonrisa me hizo sentir tan bien. Volví a acercarla a mí, esta vez con más intensidad, y nuestros labios se encontraron de nuevo. Esta vez, fue un beso más profundo.
Mi corazón latía con fuerza en mi pecho. La habitación, iluminada por el fuego, parecía temblar a nuestro alrededor. Era como si el mundo exterior hubiera dejado de existir, y solo quedáramos nosotros dos.
Finalmente, cuando nos separamos, ambos respirábamos con dificultad: —No puedo creer que esto esté pasando —susurró, como si temiera romper el hechizo del momento.
—Yo tampoco —respondí, acariciando su mejilla con ternura—. Pero no quiero que se acabe.
Ella sonrió, y en sus ojos vi una chispa de complicidad. Sin pensarlo, la volví a atraer hacia mí, esta vez con más decisión. La dejé suavemente en la cama. Su cabello se desparramó sobre las sábanas blancas, y sus ojos brillaban con una mezcla de deseo y vulnerabilidad. Me coloque sobre ella, sintiendo la tensión en el aire.
Mi mirada se quedó fija en unos ojos verdes llenos de alegría que me miraban, yo me quede quieto a la espera de su permiso, ella asintió, y de repente, la habitación pareció llenarse de una energía palpable. Me incliné hacia ella, buscando sus labios de nuevo. Sus manos se movieron por mi espalda, tirando de mí hacia ella. Deslicé mis manos hacia su muslo, y ella se estremeció, enredando las piernas alrededor de mi cintura.
—Jake... —murmuró, y su voz estaba cargada de deseo.
—¿Sí? —le hice un gesto, sonriendo. Bajé mis labios por su cuello. Sus respiraciones se hicieron más rápidas, y su cuerpo se arqueó hacia mí, como si buscara más de mí.
Volví a besarla, esta vez con más entusiasmo. Deslicé mis manos por su cuerpo, y ella respondió a cada caricia.
—Brooke... —dije entre besos, sintiendo cómo su cuerpo respondía a mí—. Eres increíble.
Cállate ya que nos vas a fastidiar el polvo