Brooke
El silencio que siguió a la batalla era ensordecedor. El eco de los gritos y el sonido de las armas se desvanecieron, y todo lo que quedaba era el peso de la pérdida. Nick yacía en mis brazos, y el mundo parecía haberse detenido en ese instante. No podía creer que lo había perdido, que nunca volvería a escuchar su risa o sentir su abrazo reconfortante.
Las lágrimas seguían cayendo mientras sostenía su cuerpo, incapaz de soltarlo. La realidad de lo que había sucedido me golpeó con una fuerza devastadora. Habíamos luchado con valentía, habíamos enfrentado al guerrero oscuro y sus criaturas, pero por un alto precio.
***
La muerte, un término difícil de describir, algunos expertos afirman que es: Desde un punto de vista físico, el momento en que el cuerpo deja de funcionar y no puede ser reanimado.
Para mí, es mucho más que eso. Es el momento en el que dejarás de ver a una persona todos los días, de reírte con ella, de besarla o de abrazarla si lo necesita.
Mientras sostenía a Nick, recordé todas las promesas que habíamos hecho, los sueños que habíamos compartido y los planes que habíamos trazado. Ahora, todos esos momentos se desvanecían en el aire, como si nunca hubieran existido. El futuro que habíamos imaginado juntos se desmoronaba a mi alrededor, dejándome en un abismo de desolación.
A medida que el sol comenzaba a salir en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y morados, sentí que una parte de mí se apagaba. Sabía que, aunque la batalla había terminado y habíamos ganado, la guerra contra el dolor apenas comenzaba. La vida seguiría su curso, pero yo me sentiría atrapada en un ciclo de recuerdos y nostalgia.
Al final, comprendí que la verdadera lucha no era solo contra las fuerzas oscuras que nos habían amenazado, sino contra el vacío que la muerte de Nick había dejado en mi corazón.
Y después de esta perdida. Juré que no me volvería a enamorar de nadie más. Nunca en la vida. Y que no me olvidaría jamás de Nick.
La vida nos enseña que, en medio de la oscuridad y el dolor, siempre hay un rayo de luz que nos recuerda la belleza de los momentos compartidos, y que el amor, aunque fugaz, deja una huella imborrable en nuestros corazones.
***
1 mes después:
El aire en la habitación de Anna era pesado, con el aroma inconfundible de hierbas medicinales impregnando cada rincón. Los sonidos eran suaves, casi imperceptibles: el crepitar de una vela consumiéndose lentamente, el roce de la brisa contra las cortinas raídas.
Mi corazón seguía destrozado por la pérdida de Nick, no había una noche en la que no hubiera llorado hasta quedarme sin energías. Y más de una vez había pensado en el suicidio. Pero le prometí a Nick que no dejaría de luchar. Y aquí estoy.
Anna había caído gravemente enferma después de la batalla. Nadie sabía el motivo pues no tenía ninguna herida externa.
Había estado cuidando ella todos los días, no podía permitirme perder a nadie más. Primero mis padres, luego mis abuelos y ahora El. Ya estaba harta de que todas las personas a mi alrededor se fueran.
El sonido de la puerta me saco de mis pensamientos y vi que Ruby y Jake entraban y se sentaban junto a mí.
—Hola Brooke—la voz de Ruby se sentía triste y todos me trataban con pena desde la muerte de Nick.
—Hola
—¿Qué tal estas?
—Igual de mal que ayer y que antes de ayer y que todos los días del puto mes Ruby— mi respuesta había sonado muy borde, pero, lo que había vivido me había arrebatado toda la cortesía.
—Brooke…—vi que Ruby me miraba sorprendida. Hasta que me di cuenta de que no me miraba a mí. So no a un punto fijo detrás.
Anna se estaba incorporando después de haber estado dormida casi un mes entero. Sus ojos, aunque cansados, buscaban el mundo que la rodeaba con una mezcla de confusión y esperanza. Mi corazón dio un vuelco al ver que, a pesar de su estado, estaba despertando.
—¿Anna? —pregunté, acercándome con cautela, como si temiera que un movimiento brusco pudiera asustarla. Ruby y Jake también se levantaron, sus rostros iluminándose con una mezcla de alegría y sorpresa.
—¿Dónde estoy? —susurró Anna, su voz débil pero clara.
—Estás en casa, —le respondió Ruby, su tono suave y reconfortante.
Anna parpadeó lentamente, tratando de enfocar su vista. Finalmente, se posó en mí, y sentí que una chispa de vida regresaba a su mirada.
—Brooke… —dijo con voz temblorosa. —¿Qué ha pasado?
Respiré hondo, sintiendo cómo la tristeza me invadía nuevamente al recordar todo lo que habíamos perdido, pero también la necesidad de ser fuerte para ella.
—Hemos pasado por mucho… pero estamos juntos. Estás con nosotros ahora, eso es lo importante.
Ella sonrió débilmente, pero en su expresión vi la lucha interna. Era como si las sombras de la batalla aún la persiguieran.
—¿Y Nick? —preguntó, y mi corazón se detuvo por un instante.
La mención de su nombre era como un cuchillo en mi pecho. No podía ocultar la verdad, no podía mentirle.
—Nick… —empecé, sintiendo que las lágrimas amenazaban con brotar de mis ojos. —Nick no está… no volvió de la batalla.
La reacción de Anna fue inmediata. Se sentó de golpe, su rostro pálido se tornó más pálido aún, y su mirada se llenó de horror.
—¿Qué? No, no puede ser… —su voz se quebró y sentí cómo el dolor se expandía en la habitación.
—Lo siento, Anna. No sé cómo explicarlo… —me detuve, sintiendo que las palabras se atragantaban en mi garganta. La verdad era un peso que no quería cargar más, pero sabía que debía hacerlo. —Fue todo muy rápido y justo después tú te pusiste muy enferma sin motivo aparente y…no se —las lágrimas ya corrían por los ojos de los cuatro que estábamos en la habitación.
—Brooke…sí que hay un motivo.
—¿Cuál?
—Fue cuando Nick murió.
—¿Y eso que tiene que ver? — preguntó Ruby entre curiosa y asustada.